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Poema Ollantay

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Según la leyenda, Ollantay se enamoró de la inalcanzable Cusi Coyllur, hija del gran Inca Pachacútec. Existen, supuestamente, dos razones por las cuales la obra debe ser anónima: la primera remonta a la prohibición total de representaciones artísticas que evocaran la vida del incanato previa a la conquista impuesta por la inquisición, argumento de poco peso si se tiene en cuenta que los cronistas, tanto laicos como sacerdotes no tuvieron ningun reparo en registrar cuanto pudieron sobre los indígenas.
La segunda se refiere a la prohibición bajo pena de muerte a la lectura pública o impresión de esta obra en especial, tras el levantamiento de Túpac Amaru II. Sin embargo, esta prohibición era efectiva solo para los indígenas, los españoles y en especial los intelectuales de la época no tenían ningún impedimento al respecto, como consta en las referencias dejadas por Javier de Luna Pizarro.
El tema principal es el conflicto entre clases sociales: es uno de los aspectos a tomar en cuenta para muchos matrimonios hoy en día y mucho más en épocas Incaicas. Ollantay cometió el error de pedir la mano de la hija preferida del Inca siendo él un simple hombre sin rango social alto, lo cual enfureció al Inca. Desde ese momento, Ollantay se gana la enemistad del Inca.
El estilo recurrente de esta obra son los diálogos. No se sabe cómo fue la obra original pero la que tenemos en nuestras manos, la reproducida, está escrita en verso. El estilo no es en el que realmente un poblador incaico hubiera podido haber escrito, hecho que llevo a la mayoría de estudiosos a pensar en una gran influencia española. De hehco, el estilo de la obra no sólo hace difícil decir que la obra es Incaico-española, sino que si no fuera por los nombres, acontecimientos y lugares en quechua, nada de Ollantay sería incaico. Llama la atención que en Ollantay, no hay referencias a la cosmovisión mágica que si se encuentra en otras historias genuinamente incaicas.

EL REVELADOR Y EL PLASMADOR DE LA LEYENDA DE OLLANTAY
CLÉRIGO DON ANTONIO VALDEZ

Los antiguos peruanos tenían un arte teatral, probablemente derivado de la religión Ollantay data de mediados del siglo XV y se transmitió por tradición entre los indios quechuas hasta que en 1770 D. Antonio Valdés lo recogió de labios de ellos y lo escribió. Es un drama integro que nos queda como reliquia preciosa y que es al mismo tiempo la pieza más completa, brillante y rica de la literatura quechua.
El resultado de la investigación biográfica ha sido plenamente confirmador de la paternidad de Valdez. No es ya sólo el testimonio de sus contemporáneos, sino su origen, sus actos, sus predilecciones, los que lo definen como el revelador de la leyenda ollantina. La familia de los Valdez y los Ugarte, de antigua prosapia cuzqueña, venida a menos en su fama, radicó en Urubamba, a pocas leguas de Ollantaytambo. El nació al parecer en San Juan de Huaylla-bamba. Su madre tenía casa en la plaza de Urubamba y tierras en Tiobamba, lugar de feria en la ruta de Ollantaytambo. Su infancia transcurrió pues en el Valle Sagrado del Vilcanota, donde circularía la leyenda ollantina de rebelión de los Antis, prófuga y clandestina, como censurada por la historia imperial de los Quipuca-mayocs y los Hayllicunis.
En el seminario de San Antonio descolló Valdez como lingüista y filósofo. Dedicado al sacerdocio fue cura ecónomo en Maras y asistente del cura de Ollantaytambo, Fernando Valverde y Ampuero, que rigió esa doctrina por 31 años y le dejo más tarde como su universal heredero. Durante toda su vida fue cura de indios en Acha, Coasa, Crucero, Tinta, Sicuani, desplegando su bondad y su desinterés en el auxilio de los naturales, levantando iglesias, tallando como escultor imágenes de los santos predilectos para sus amadas iglesias de Tinta y Cambopata y renunciando a cobrar los derechos parroquiales a los indios pobres.
Su ascendencia sobre los indios está probada por múltiples hechos: alguna vez salvó la vida a una de los Sahuarauras en Tinta y en 1782 intervino de parte del obispo Moscoso para la rendición de Diego Túpac Amaru en Sicuani. Era, pues, indigenista de cerebro y corazón. La ausencia de prebendas y canongías en hombre tan ilustrado y capaz fue el único cura cuzqueño suscritor del Mercurio Peruano revelan la desconfianza hacia él del poder virreinal.
En las revoluciones de Túpac Amaru y Pumacahua, no obstante su profesión sacerdotal, se le ve vacilar e inclinarse íntimamente al partido indio. En todo momento aparece como el apaciguador y defensor de los indios. Murió probablemente en 1816 en su casa humilde de la cuesta del Almirante en el Cuzco, con su dintel de piedra incaico, al lado del antiguo palacio de Viracocha transformado en Catedral.

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Citar este texto en formato APA: _______. (2010). WEBSCOLAR. Poema Ollantay. https://www.webscolar.com/poema-ollantay. Fecha de consulta: 1 de abril de 2020.

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