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La evolución de la historia de la lucha libre

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A.   En la Antigüedad

 

  1. Grecia

La lucha fue en Grecia, como después en Roma el menos brutal de los ejercicios de fuerza, puesto que no se permitía golpear al adversario con el puño ni con el pie, con fiando la victoria la presión de lo miembros y al en lanzamiento del cuerpo. Tampoco se permitía apretar la garganta del contrario y estas condiciones de la lucha eran la que la distinguía del pancracio, en el que se permitía el empleo de los pu­ños, resultando un ejercicio intermedio entre la palé y el pugilato.

En todas sus posiciones y actitu­des tenían los luchadores el deber de mostrarse airosos en harmonía con las ideas estéticas grie­gas. Dos variedades principales conoció la lucha clásica: la palé orthé ó lucha en pie, que era la más usada, y la alindesis ó culisis, llamada en Roma lucta volutatoris, en la que se se­guía el combate aún después de caído uno de los rivales, hasta que el caído reconocía su derro­ta. Esta última va­riedad era la usada en el pancracio; por el  contrario,  en  la lucha de pie se asían los contendientes y forcejeaban, contra­rrestando los ataques hasta decidirse el combate por tres caídas de cada cinco. Una variedad de este juego era aquel en que un luchador se mantenía en un círcu­lo reducido, contrarrestando los esfuerzos que para sacarle de allí hacía su adversario. Estas dos últimas variedades correspondían á la lucha clásica que se efectuaba en los grandes juegos, empleándose tam­bién en las palestras el cuerpo á cuerpo. Los térmi­nos técnicos empleados por los autores al hablar de la lucha son poco explícitos, y á esto se une el que, según las provincias, existían también variedades locales, y así se encuentra la llamada thettalon, modo de luchar propio de los tesalios, y la sicelinein, luchar como los agonistas sicilianos, etc. Los monumentos figurados tampoco sirven para determinar una maniobra concreta, pues á la de un combatiente si­gue, en todo momento, la opuesta del adversario, con numerosos y á veces rapidísimos movimientos sucesivos ó simultáneos, pero que estudiados debidamente, corresponden á los empleados hasta la actualidad.

Los griegos atribuían la invención mutua de la lucha á Apolo; Hermes (Mercurio), el dios de la pa­lestra, presidía de un modo especial la lucha, arte en el que su hijo ó protegido Antolicos había ins­truido a Heracles, misión que otros asignan a Harpalicos, hijo también de Hermes, como lo era Palaistra, la personificación de la lucha. Heracles (Hércules) llegó á ser maestro en tales ejercicios de fuerza, en los que venció a Anteo y a Eris, el gigante siciliano, y Atenea dio lecciones de palé á Teseo.

El primer vencedor de lucha en la Olimpíada 18* (708 a. de J. C.) fue Euribates, extendiéndose después el deporte hasta por los agones provincia­les, como la Heracleia de Lesbos y la Asclepieia de Tiatira.

La lucha entre niños se estableció en la Olimpíada 37a (632 a. de J. C), adoptada después en casi to­dos los grandes concursos,  como en las eleusinias, la teseia, etc., de tal modo, que la 8° olímpica de Píndaro fue dedicada a uno de estos luchadores, Alcimedón de Egina, y festejada su victoria como si se tratara de un agonista de edad viril. En el péntalo la lucha se celebraba después de las carreras, como intermediaria entre los ejercicios ligeros y los que exigían un cuerpo vigoroso y de peso. Para luchar en los grandes juegos era indispensable reunir cier­tas condiciones físicas, entre otras un cuerpo bien proporcionado, el cuello ni muy largo ni muy corto, los hombros altos y anchos,  los brazos fuertes, el pecho saliente,  la caja torácica amplia y bien dibu­jada, el vientre poco desarrollado, las caderas resistentes, los muslos robustos y las piernas derechas. Estas cualidades debían estar regidas por un gran golpe de vista para poderse prevenir contra las arre­metidas del contrario. El entrenamiento de los luchadores era continuo y escrupuloso, dirigido por un pedotriba, generalmente atleta, que ya no podía por su edad bajar al estadio, pero sí transmitir á sus discípulos el fruto da su experiencia. Aparte de estos ejercicios metódicos, los luchadores comenzaban por agarrar fardos pesados,  correr en competencia con caballos rápidos, torcer barras de hierro, etc., ejer­cicios que formaban hombres resistentes, por lo que Platón  recomendaba el ejercicio de la  lucha a los futuros guerreros, como “útil á todos” y como apro­piada para dar la salud y la fuerza.

 

  1. Roma

En Roma se introdujo la lucha griega en el último cuarto del siglo II a. de J. C, pero no llegó á alcan­zar! a gran popularidad que en Grecia. En los pue­blos teutónicos era la lucha uno de los medios de guerra, y durante la Edad Media adquirió tal im­portancia en todas las clases, que dio origen a una li­teratura especial y numerosa, después de la invención de la imprenta. Esta clase de lucha se ha mantenido en las asociaciones gimnásticas exceptuando de ella los saltos y las presas más abajo de las caderas.

 

  1. Suiza

En Suiza se practica una clase de lucha conocida con el nombre de schwingen ó balanceo, que ejecu­tan especialmente los pastores del Oberland, el Unterwald, el Uri y los de algunos valles del Tirol.

Los luchadores usan un calzón especial llamado schwinghosen, con fuerte cinturón, donde se hacen las presas. Los luchadores se entrenan durante mu­cho tiempo y ponen en la victoria un amor propio extraordinario, no atravesándose muchas veces otro premio que una corona de papel ni otro interés que el gusto de que triunfen los colores de sus respecti­vos cantones. La lucha suiza es, ante todo, un ejer­cicio de fuerza en el que cada luchador debe agarrar a su contrario con una mano por el cinturón y con otra por una de las piernas. Puestos en guardia do esta forma, intentan recíprocamente levantar al ad­versario para después arrojarlo al suelo, sin cuidarse de atenuar el golpe y empleando las presas ó enlazamientos de piernas que le es posible.

 

  1. Japón

En Japón, donde existe desde el año 23 a. de .T. C. fue el vencedor de la primera lucha Sukune, considera­do desde entonces como la divinidad protectora de los luchadores. En el siglo VIII el emperador Skomu hizo que figurara la lucha en la fiesta nacional “de los cinco granos”, ofreciendo como premio al vence­dor un abanico con una leyenda que decía: Al príncipe de la Luna.

El año 858 la lucha decidió la sucesión al trono entre los hijos del emperador Bumtoku, y el vencedor, Koresbito sucedió a su padre con el nombre de Sesiva. En 1175 cesó el patronato imperial de la lucha, aunque ésta continuó forman­do parte de la educación de los samurai ó casta mi­litar, y en 1600 se volvió á conceder dignidad a tal deporte, sobre todo en el servicio de los daimios ó casta nobiliaria.

Los luchadores japoneses, como los de la India, conceden gran importancia al peso para decidir la lucha, distinguiéndose por su extraordinaria agilidad. Forman una corporación, dividi­da en varias secciones, componiéndose la superior de los yoshiyori ó mayores, que tienen a su cargo la dirección de las escuelas y de las reglas del juego, y que en la época feudal figuraban después de los samurái.

  1. Gran Bretaña

En la Gran Bretaña se cultivó la lucha desde muy antiguo, y  a ella eran muy aficionados los celtas y sajones; en la literatura inglesa aparecen muchas re­ferencias acerca de este deporte. El día de San Jor­ge y el de San Bartolomé se celebraban con luchas en todo el país, y en Londres tenían lugar en St. Gili y Field hasta que se trasladaron a Clertenwell. Con frecuencia tales luchas terminaban con riñas y tumultos, lo que dio origen a su desprestigio. Los monarcas ingleses no se desdeñaban en patrocinar esta clase de deporte, en el que tomó parte Enri­que VIII, distinguiéndose como hábil luchador.

 

  1. Escocia

En Escocia está considerada como juego nacional una combinación del estilo de Cumberland y del de Cornvall, comenzando por el primero y continuando con el segundo, ó sea la lucha en el suelo hasta hacer que en él toque la espalda del caído.

 

  1. Irlanda

En Irlanda domina el método que en América re­cibe el nombre de backwrestling, en el que las presas se hacen con ambas manos, y pierde el luchador que toca en el suelo con cualquier parte del cuerpo, ex­cepto los pies.

 

  1. Rusia

En Rusia se practica la lucha en los gimnasios, y las personas de las más elevadas clases sociales no se desdeñan en aprender y ejercitarse en este deporte, y en Italia y Austria estuvo, á través de los tiempos, más ó menos en boga, pero se ejerció siempre.

 

  1. Francia

En Francia llegó casi a desaparecer, y en el si­glo XIX casi no se veía más que en las barracas de feria, hasta que en 1860 reapareció precisamente en esta nación la lucha que después llegó a estar más  en boga en Europa y América.

 

 

 B.   Época Moderna

 

En los tiempos modernos, la lucha grecorromana fue la primera en quedar codificada, y no fue hasta después de la primera guerra mundial que se elaboran las reglas que permitieron hacer que se enfrentaran los campeones la misma concepción de la lucha. Las reglas adoptadas derivan de las de la lucha estilo libre, cuyos anales empiezan en Estados Unidos en 1889, inscrita en el programa de los Juegos Olímpicos de Saint Louis (1904) y luego en los de Londres (1908), la lucha libre fue descartada de los de 1912, porque Suiza, que es la que los organizaba, no la reconocía.

 

Además, los elementos oficiales de los distintos países no estaban todavía de acuerdo en cuanto a la manera en que podía aplicarse una “tijera”, por ejemplo, uno de los golpes más eficaces peculiares de la lucha libre.  Consiste en apretar una parte del cuerpo del adversario con auxilio de las dos piernas. El reglamento prevé hoy que el adversario solo puede ser “aherrojado” (entrecruzando los pies) en los brazos y piernas pero no, en cambio, en la garganta y el tronco. Una vez este punto litigioso reglamentado, la lucha libre volvió a reaparecer en los programas de los juegos, siendo actualmente unos de los deportes olímpicos que gozan de mayor favor.

 

 

 C.   Lucha Libre

 

En esta modalidad puede utilizarse todo el cuerpo en la competición, incluidos los agarres bajo la cintura y el uso de las piernas, lo cual permite que cuente con más variedad de presas que la grecorromana. Se trata de la modalidad más extendida y que mayor número de participantes atrae a los torneos internacionales. En esta especialidad los atletas están más agachados para de esa forma cuidar sus piernas de las acciones del rival.

Los orígenes de la lucha libre son sumamente lejanos y sus formas locales y folklóricas son innumerables. Trataremos más delante de dar un esbozo de ellas, pero resulta imposible relatar la evolución de un deporte que puede aspirar a descender de la tradición antigua, puesto que estaba en honor tanto en Grecia como el antiguo Egipto, según lo atestiguan innumerable piezas.

No es posible hacerse luchador sin una prepa­ración física muy intensa y un plan de trabajo muy estudiado. La técnica de las llaves, las paradas y las réplicas reviste, en efecto, una muy grande importancia. Siendo el propósito el de poner al adversario sobre los hombros, se tiene el derecho de emplear para ello todas las llaves que no sean dolorosas. No se puede morder, arañar, estrangular o torcer. Se admiten, en cambio, las zancadillas, subdivididas en “ganchos”, “zancadilla propia” y “cazados”.Se lucha indistintamente de pie y en tierra, siguiendo el ejemplo de los griegos de la Antigüedad, los cuales, sin embargo, distinguían la lucha de pie (o “perpendicular”) de la de tierra (u “horizontal”). La duración de un asalto es de 12 minutos. Si al expirar este plazo no ha habido “tumbado”, los jueces de­ciden entre los adversarios por medio de los puntos atribuidos en el curso del asalto: una llave totalmente efectuada da 2 puntos, y 3 si durante 5 segundos aproximadamente ha pues­to al adversario en peligro de ser tumbado. Una llave incompleta no da más que 1 punto. Fi­nalmente, cuando uno de los luchadores se escabulle en lugar de luchar, recibe una amonestación que vale 1 punto para su adversario.

Se habrá comprendido que se trate de las acciones ejercidas con los brazos y las piernas sobre el cuerpo del adversario para desequilibrarlo. Toda vez que el lucha se encuentre normalmente “estable” hay que aprovecharlo, para provocar el desequilibrio el momento muy breve, en que un desplazamiento lo pone en “equilibrio inestable”. Si se ejerce en otras circunstancias, sobre un individuo bien asentado, la acción se verá desvirtuada por una parada.

Por otra parte, si está él mismo en equilibrio inestable, el atacante se expone a una réplica que será tanto más peligrosa cuanto mejor esté afirmado el atacado en sus piernas. Así pues, la lucha es más bien un deporte de equilibrio que un deporte de fuerza. Requiere un trabajo técnico prolongado y el desarrollo de un gran número de automatismo.  Este aprendizaje prolongado contribuye a dotar al atleta de gran resistencia, indispensable por lo demás, porque es cosa corriente librar varios combates en un mismo día. Toda vez que pone en juego todos los músculos y requiere mucha clarividencia y sangre fría, la lucha es uno de los deportes más completos que existan. Forma campeones armoniosos y equilibrados. De ahí que desde siempre haya sido preconizada por los más eminentes entre los aducadores.

Sin embargo, también en ésta se trata de un ejercicio tradicional practicado desde tiempos inmemoriales y que gozan por parte del gobierno de un trato de favor. Añadamos a esto el que la juventud no dispone de una gama tan amplia de deportes a los que pueda dedicar sus ocios, lleva una vida más sobria, no está expuesta a tantas tentaciones como la nuestra y encuentra entrenadores numerosos. Pero sobre todo, y esto nos reconduce al folklore, en Turquía se lucha en todas partes. A los dieciséis años, que es la edad a la que entre nosotros un muchacho empieza el aprendizaje de la lucha, el turco cuenta ya con una docena de años de experiencia, y sólo hace falta enseñarle las reglas de competición y las sutilezas del combate, porque es el caso que desde su infancia no ha cesado de ver a sus padres y abuelos enfrentarse en luchas amistosas.

 

 

 D.   Lucha Grecorromana

 

Originaria del sur de Europa, como indica su nombre, es muy popular en todo el mundo. Su peculiaridad radica en que sólo se pueden emplear técnicas y presas realizadas por encima de la cadera, ya que está prohibido utilizar las piernas para puntuar. Por lo tanto, la posición o guardia que emplean lo luchadores es semi erguido.

 

 

 E.   Otros Estilos

 

1. Lucha Libre de Aceite

De origen griego, la lucha al aceite se desarrolla en una tierra de mullida de las dimensiones de una plaza pública. Vestidos con un pantalón de cuero flexible, que va de la cintura hasta arriba de las rodillas, se unta a los luchadores, de pies a la cabeza, incluido el pantalón, con aceite. El vencedor es que la que da tres pasos con su adversario en brazos o que le pone “el vientre al sol”. Un torneo varias veces secular tiene lugar cada año en Kikpinar, cerca de Edirn, de una manera muy pintoresca, precediendo a los combates una prolongada danza de creación de ambiente. No hay categorías de peso; sin embarco, una clasificación por valores, que distribuye a los luchadores en cuatro grupos, acaba, con todo, por tener en cuenta, en la práctica, la corpulencia. Los concursantes, muy numerosos, luchan todos, dos a dos simultáneamente sobre el vasto llano, y el que acaba de deshacerse de un adversario ataca inmediatamente al vencedor, libre igualmente, de otro competidor. Y así sucesivamente, no sin algunas suspensiones de armas, hasta que no quedan más, frente a frente, que los dos finalistas. El tronco puede durar varios días, y los premios consisten en cabezas de ganado.

 

2.    El Sambo

Por sugestión de Anatoli Kharlampief, quien, tomando elementos tanto de todas las luchas folklóricas como de la grecorromana y la lucha libre, ha combinado el “sambo” (cuyo primer campeonato de la URSS tuvo lugar en 1939).

En el sambo, los combates duran 10 minutos y se ganan por espaldas o abandono. Encima  de la ropa clásica de los luchadores, los combatientes llevan una chaqueta que se parece al kimono de los judokas.

 

3.    Lucha del Calzón

Lucha glima ve a los dos antagonistas asirse mutuamente  por el calzón, hecho de tiras de cuero, y tratar de desequilibrarse uno a otro multiplicando a toda velocidad las zancadillas de toda clase.

Los asaltos no duran más que 2 minutos, y todo aquel que toca suelo con algo que no sean los pies, hasta la rodilla, el antebrazo o mano, resulta vencido.

En la famosa “lucha del calzón”, que ha contribuido mucho a procurar a los suizos la alta reputación de que gozan en el mundo de la lucha libre, los adversarios se apresan tam­bién por el calzón, especialmente reforzado al efecto en el borde inferior y en la cintura. Toda llave ha de aplicarse con una de las ma­nos en uno de estos dos puntos. El asalto dura 5 minutos y se desarrolla casi siempre de pie, con o sin ayuda de zancadillas. El resultado a conseguir es el “toque” (los dos hombros en el suelo).

 

4.    El Sumo

Las luchas, en Japón, son tradicionales y el extranjero no ve sin diversión que un arte tan antiguo como el sumo alimenta un descubrimiento tan reciente, en ocasiones ininterrumpidamente, como la televisión.

Conocemos por fotografía aquellas montañas humanas, en ocasiones de 150 y hasta 200 kg. de peso, que son los adeptos de la lucha japonesa. No sólo son profesionales, sino que forman desde hace mucho desde hace veinte siglos, según se dice una corporación celosa­mente cerrada y constituyen en cierto modo una raza aparte, de una complexión muy distinta a la del nipón corriente. Su eminencia en la jerarquía y sus honorarios en las giras son indicados por su manera de arreglarse el pelo.

Las reglas son sencillas: basta hacer salir al adversario de un círculo, de las dimensiones aproximadamente de un ring, o de hacerle to­car el suelo, siquiera con un dedo. Por lo re­gular, el combate es muy corto; sin embargo, la diversidad de las llaves es extensa. En cuan­to a los preliminares, éstos son interminables; en efecto, antes de enfrentarse, los luchadores exhiben sus músculos por espacio de varios minutos, se enjuagan la boca, se saludan e in­vocan a los dioses, ora solos, ora juntos o con el concurso del árbitro, el cual, con su vesti­menta parece salir de alguna estampa. Cuando finalmente los antagonistas se en­cuentran frente a frente, en guardia, con los puños en el suelo, se presentan mutuamente unas caras terribles… pero basta que uno de ellos, no dispuesto o contrariado por la mueca de su adversario, diga “matta”, para que cada uno se vuelva a su ángulo y todo el preámbulo vuelva a empezar.

 

 

5.    Luchas Bretonas

La lucha bretona, que tuvo los ho­nores de la historia, ya que fue ella la que constituyó la ocasión del primer éxito de Bertrand Duguesclin, a los diecisiete años, y que fue con un “golpe de Bretaña”, según dicen, que Francisco I derribó en el Campo del Drap d’Or, de modo poco diplomático, a su huésped Enrique VIII.

En nuestros días, el “golpe de Bretaña” y otros “klickets” zancadillas efectuadas de pie derribando al adversario hacia atrás si­guen practicándose en algunas regiones de la propia Bretaña y en París. Los luchadores van vestidos con una camisa de tela fuerte, sujeta­da por un calzón corto. Van descalzos y pue­den hacerse zancadillas, pero no, en cambio, agarrar con la mano la pierna del adversario.

Los encuentros oficiales son en dos mangas de 10 minutos, con un combate de desempate si hay lugar, y una prolongación eventual de 5 minutos, al término de la cual el árbitro pronuncia combate nulo si ninguno de los dos antagonistas ha tocado el suelo con los hom­bros. Hay cuatro categorías de pesos, y los tor­neos  empiezan  con   una  prestación  de  jura­mento que dice:

 

Juro luchar con toda lealtad,

Sin traición ni brutalidad,

Por mi honor y el de mi país.

En testimonio de mi sinceridad

Y por seguir la costumbre de mis antepasados,

Tiendo a mi antagonista mi mejilla y mi mano.

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Citar este texto en formato APA: _______. (2012). WEBSCOLAR. La evolución de la historia de la lucha libre. https://www.webscolar.com/la-evolucion-de-la-historia-de-la-lucha-libre. Fecha de consulta: 24 de septiembre de 2020.

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