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Exclusión, Rechazo, selectividad social y la realidad educativa

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Uno de los documentos más importantes de estos últimos años, por lo que se refiere al análisis del hecho educativo y más específicamente todavía a sus expectativas de futuro, es el llamado «Informe Delors». Realizado para la UNESCO por la Comisión Internacional sobre Educación para el Siglo XXI, este informe plantea los retos y las prioridades a tener en cuenta en el nuevo siglo. Utilizando un afortunado símil arquitectónico, se afirma en él que los cuatro pilares sobre los cuales debe fundamentarse la educación del siglo próximo son: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos y aprender a ser.

Los importantes cambios tecnológicos y sociales vividos en las últimas décadas han ocasionado profundas transformaciones en las sociedades de nuestro entorno. Uno de estos cambios sociales ha sido la multiplicación de la diversidad cultural de sus componentes, diversidad que, en ocasiones, es usada como legitimación de la exclusión social que padecen determinados colectivos minorizados, entre ellos, muchos de los inmigrados que proceden de países empobrecidos de otros continentes.

El crecimiento del número de los miembros de estos colectivos, que va a continuar según la opinión de casi todos los expertos, ha planteado nuevos problemas (al mismo tiempo que ha desenterrado otros, no tan nuevos, referidos a la exclusión social del colectivo gitano), respecto a las relaciones entre educación, exclusión social y diversidad cultural.

EXCLUSIÓN SOCIAL DEL ALUMNADO

Los programas educativos descuidan la educación social, esa educación que debe proporcionar a la persona una conciencia de su lugar en la sociedad, en su contexto socio-comunitario, es decir, en su barrio. Como nos decía Faure (1978: 126)“…más allá de su papel de productor y de consumidor, hacerle comprender que puede y debe participar…”. Pero como hablar de participación cuando desde la misma institución educativa se esta siendo objeto de exclusión.

Los elementos que se relacionan son ejemplificadores de la falta de aplicación “real”,  de lo que debe ser una Educación Permanente. Entre estos elementos se pueden mencionar:

  • Falta de recursos educativos en los centros: bibliotecas, aulas de informática, material elaborado por las editoriales, espacios deportivos y recreativos, laboratorios.
  • Falta de recursos personales: equipos de apoyo, administrativos.
  • Falta de implicación de las instituciones en el aspecto de la inserción laboral.
  • Falta de respuesta institucional ante la demanda educativa: la población juvenil, fracasada en la educación reglada, queda excluida en cuanto a atención educativa se refiere.
  • Falta de conexión entre el concepto actual de «analfabeto» con el que se tiene desde la Consejería.
  • Falta de atención a las características personales del alumnado adulto, a la hora de matricularse.
  • Falta de conexión de los centros con el mundo laboral.
  • Falta de recursos para buscar actividades remuneradas, ya que este alumnado carece de aptitudes necesarias para la actual bolsa de trabajo.
  • Falta de acceso a la información en general (salud, derechos y deberes, prestaciones, relación con las administraciones, oposición a abusos, medios de comunicación, tecnologías…entre otras.)

EXCLUSIÓN SOCIAL VERSUS EXCLUSIÓN EDUCATIVA

Entendemos que la Exclusión Social lleva implícita una Exclusión Educativa. El abordaje conjunto de ambas exclusiones será la mejor forma, por no decir la única, de intentar mejorar la situación de aquellas personas que de una u otra forma se sientan y sean excluidas. Todo ello, relacionado con una adecuada política de formación para y por el empleo, mecanismo de adaptación e integración.

Con las siguientes premisas pretendemos dar forma a la imposibilidad de romper la cadena de exclusión que se produce en barrios como el nuestro:

  • La Exclusión Social genera Exclusión Educativa, y ésta, a su vez, genera Exclusión Social.
  • En los barrios o zonas marginales y marginadas existen pocas posibilidades de integración, tanto dentro de la zona entre los diferentes subgrupos socio-culturales, como entre ellos y el resto de la población urbana: Exclusión Social que, por su propio significado, produce marginación.
  • La Exclusión Educativa crea una población fracasada escolarmente que carece de recursos y aptitudes para incorporarse al mundo socio-laboral, en continua transformación. A medio plazo, este grupo estará Excluido Socialmente.
  • La pobreza de estas zonas (en una de las cuales está situado nuestro centro educativo), es otro factor primordial de Exclusión Social que, lógicamente, deriva en pobreza, no sólo económica, sino cultural.
  • En la marginalidad se desarrolla siempre delincuencia, factor indiscutible de Exclusión Social. La población marginal y delincuente está excluida totalmente del Sistema Educativo.

Las políticas educativas oficiales constituyen la acción del Estado en relación con la educación sistematizada. En consecuencia, toda acción emprendida debe tener como horizonte el objetivo principal que la escuela tiene como institución, y esto es ni más ni menos que la educación, la escuela no es ni debe ser un contenedor social, los docentes no pueden convertirse y adaptarse a realizar tareas para las que no fueron formados. Claro está que el ámbito escolar y la educación contribuyen de manera muy importante a la inclusión social, pero por sí sola es ineficaz en esta tarea, es imprescindible que esté acompañada de políticas sociales inclusivas, no meras medidas paliativas, sino políticas integrales orientadas a solucionar la problemática social desde la estructura.

Son muchos los motivos que acreditan la necesidad de afrontar la exclusión desde la escuela. Uno de los principales motivos por los que se elije a la escuela como lugar destinado a paliar los problemas sociales consisten en que los jóvenes adolescentes son quizá la cara más visible de la crisis social. Son ellos quienes a través de sus conductas exteriorizan sus malestares, sus carencias, sus penurias, y la forma de manifestarlas en muchos casos es la violencia, la intolerancia, la delincuencia. Los jóvenes que conviven durante toda su vida con la injusticia, con carencias afectivas y éticas, accionan y reaccionan en función a sus vivencias. No es otra la causa de estas conductas que alteran y conmocionan a gran parte de la sociedad (sobre todo a aquellos que ven en peligro sus logros patrimoniales). Estas situaciones son aprovechadas por sectores políticos reaccionarios que buscan espacios de poder, y a través de los monopolios mediáticos, imponen temas controversiales e intolerantes que atentan contra los derechos básicos de las personas.

Pero no es la violencia la única situación que surge como producto de la exclusión social. La explotación infantil, las altas tasas de mortalidad, la reproducción social, son aspectos tan o más  importantes que la violencia, y sin embargo de esto no se trata, los medios de comunicación ignoran estos hechos como si no fueran importantes o como si simplemente no existieran.

Por supuesto que el lugar para los niños y jóvenes debería ser la escuela, el ámbito pensado para su desarrollo personal y donde adquirirían los saberes necesarios para poder integrarse al sistema productivo. Ahora bien ¿En qué condiciones asisten los alumnos de familias carenciadas? ¿Qué importancia ocupa el saber en un chico que apenas come o vive en una situación de pobreza extrema? Sin duda alguna existe una desigualdad de condiciones insoslayable. Entre los distintos jóvenes que conviven en un mismo país se viven realidades totalmente opuestas. Ante esta situación, ¿es válida la premisa de una educación para todos?  Pretender incluir a toda la población dentro de un mismo sistema no hace más que poner de manifiesto la brecha que separa los diversos sectores sociales.

Pareciera que la solución que encuentran algunos funcionarios es similar a la de los sectores más reaccionarios: el encierro. Analicemos y observemos las semejanzas. Hay quienes encuentran como solución al supuesto “peligro” de los chicos y jóvenes pobres que asolan y delinquen la ciudad, la cárcel. Paralelamente a esto, hay funcionarios del ámbito educativo que plantean políticas ampliando la obligatoriedad de los alumnos en las escuelas. Estar en la escuela, es mucho mejor que estar en una cárcel, pero ambas proponen el encierro, porque el mantener a un joven dentro del sistema escolar sin ninguna oportunidad real de progreso social, es simplemente mantenerlo alejado de la calle, y ese no debe ser el objetivo de la escuela.

El papel fundamental que debe llevar a cabo la educación, ahora sí desde la transformación, es romper con la reproducción social, concientizar a los alumnos de su situación social, y  a partir de allí promover el desarrollo. Sólo aquellas personas que perciben la real magnitud de su condición pueden prepararse y accionar para cambiarla. Recordemos que una de las principales características de la exclusión social es lo frecuente con que las familias viven y sufren, y lo naturalizan, lo que Bourdieu llama hábitus. La situación de privación y miseria se transforma en algo normal que se traslada de generación en generación, sin horizontes ni proyectos que realizar. Aquí sí la educación puede tomar una real importancia, pero para ello es necesario que se contemple la posibilidad de una formación integral del currículum y que la labor docente sea desarrollada en plenitud, sin tareas adicionales que incumben a otros ámbitos. En este sentido se debe dirigir el desarrollo de una verdadera política educativa inclusiva, a partir de una educación que brinde oportunidades para todos los sectores sociales, atendiendo a aquellos más vulnerables y permitiendo que tomen conciencia de su situación, y así comiencen a transformarla. Es imprescindible.

El problema de la exclusión social es un mal que atañe a todos los sectores estatales. Cuestiones como la pobreza estructural, la desocupación, el analfabetismo y la mortalidad infantil, entre otras situaciones, que llevan a amplios sectores de la sociedad a vivir en situaciones infrahumanas. Las soluciones para esta problemática no son simples ni de corto plazo, es menester que se emprenda una  acción sistémica, apoyada en una colaboración mancomunada de parte de las instituciones estatales y las organizaciones sociales. En cuanto a la educación, claro está que por sí sola es imposible encontrar una solución real. Sin embargo, su aporte es fundamental, siempre y cuando sea dentro del marco de una educación transformadora y no una simple transmisión de conocimientos, funcionando de hecho como un mero contenedor social.

De manera que, desde nuestro punto de vista, no deberíamos tratar estos temas como si el problema educativo fuera conseguir la aceptación de la diversidad cultural en sí misma, como parece deducirse de la mayor parte de los materiales, propuestas didácticas y recomendaciones pedagógicas sobre educación intercultural, cada día más abundantes. El problema educativo central, y que en muy pocas ocasiones se aborda directamente, es, ciertamente, cómo identificar y desactivar los prejuicios sobre los grupos minorizados, pero, sobre todo, como educar las actitudes sociales necesarias para que se evite la utilización de esta diversidad cultural como pretexto y legitimación de la exclusión social que sufren. Dicho en otras palabras: el punto de partida y eje vertebrador de la educación intercultural que necesitamos no debe ser el respeto a la diversidad o el culto a la virtud de la tolerancia; siempre y en todo caso el núcleo central y recurrente del discurso debe ser, simplemente, el hecho de ser iguales en dignidad y derechos, la convicción incuestionable de que somos mucho más iguales que distintos.

Probablemente de puro sabido, de tanto repetirlo, olvidamos que todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos; quizás las lentejuelas de la diversidad cultural nos lo ocultan con su brillo y resplandor. Confundimos la palabra diversidad (que no es el término que significa lo contrario de igualdad) con desigualdad. Y ahí reside, precisamente, uno de los peligros mayores de la educación intercultural, ya que la insistencia en la aceptación de la diversidad (cultural) lleva implícita tácitamente, casi siempre, una invitación a la aceptación de la desigualdad (social), como una manifestación más, como otra consecuencia natural de la diversidad cultural.

La igualdad de los seres humanos es una convicción, un axioma moral indemostrable, un punto de partida innegociable de nuestra civilización; y educar en este convencimiento y en los valores que a él van asociados, es una tarea mucho más difícil que la valoración de la diversidad o de la tolerancia.

Debido a la complejidad de implementación de estos principios en la educación se han llevado a cabo estrategias y metodologías de aprendizaje involucrando los ejes transversales en el contenido escolar. Pero, además, para que pueda realizarse esta labor más educativa que instructiva en las aulas, debe empezar ya antes, en cierto modo, fuera de ellas. Es cierto que la resolución de los problemas de convivencia social es una responsabilidad de los centros educativos, pero no sólo de ellos.

Es muy importante, en este terreno de la educación cívica y para la convivencia, movilizar todos los recursos y estrategias disponibles de la pedagogía social. En estas campañas de pedagogía social debe tenerse en cuenta que no será suficiente una educación tendente sólo a la sensibilización y al compromiso por el indispensable reconocimiento legal de esta igualdad. Es indispensable sensibilizar también para conseguir un reconocimiento real de esta con ciudadanía en la vida cotidiana. Por eso, el objetivo no es simplemente aumentar la información de los alumnos o de los ciudadanos. Ni siquiera incidir en su formación. Debemos ser realistas respecto a nuestras posibilidades, pero utópicos en nuestros objetivos, y lo que debemos pretender como educadores es una transformación en nuestros alumnos y en los conciudadanos, que suponga su implicación personal en estos temas sociales.

La integración hay que ganarla día a día con el ejercicio, por parte de todos, de la solidaridad y la voluntad de negociación, con la lucha contra toda forma de exclusión y para una verdadera igualdad de oportunidades y de derechos cívicos y políticos. Se precisa una voluntad, activa e inequívoca por las dos partes, de resolver los inevitables conflictos que provocarán la diversidad de valores y costumbres, pero sobre todo la desigualdad social y política. En el proceso de integración se trata de crear conjuntamente un nuevo espacio social, que estará regido probablemente por unas nuevas normas, nacidas de la negociación y de la creatividad conjunta de los miembros del grupo mayoritario y de los pertenecientes a los minorizados.

LA INCLUSIÓN EN NUESTRO PAÍS

Dada la enorme importancia que para nuestro país tiene la atención integral de la población con discapacidad se han suscrito acuerdos internacionales y se han desarrollado acciones nacionales que vale la pena destacar, como son la Ley N°3 sobre el Código de la Familia del 17 de mayo de 1994, la Ley N°1 del 28 de enero de 1992 sobre la protección de Personas con Necesidades Auditivas, la Ley N°18 que aprueba el convenio N°159 de O.I.T. sobre la Readaptación Profesional y el Empleo de Personas Inválidas, el Decreto N° 60 del 19 de abril de 1993, por el cual se reglamenta el Incentivo Fiscal a los Empleadores que nombren a Personas con Discapacidad.

También se promulgó la Ley 34 de Educación aprobada el 6 de julio de 1995, que ofrece relevantes aportes a favor de los estudiantes con discapacidad. Como responsables ante el Estado panameño, nuestra Institución garantizará siempre la mejor disposición para trabajar unidos y sumar esfuerzos de todos los grupos y sectores que luchan por un mejor devenir histórico para las personas con discapacidad.

La creación de una escuela Inclusivista como la forma más eficaz de lograr una educación para todos debe ser reconocida y planificada desde una política gubemamental clave que habrá de situar en un lugar de importancia el desarrollo o la implementación de una Modernización de la Educación Panameña.

La respuesta educativa a la inclusión puede concretarse dentro de la planificación del sistema educativo con apoyo en formas diversas:

  • Personal Humano: Se refiere a aquel tipo de apoyo que requiere la participación de otros profesionales distintos al docente regular.
  • Materiales/Tecnológicos: Se refiere a aquel tipo de apoyo que se basa en el concurso de diversos medios materiales y/o tecnológicos para facilitar el acceso del alumnado a las experiencias propias del curriculum escolar.
  • Organizativos: Se incluyen en este apartado aquel tipo de apoyos basados en un agrupamiento del alumnado y una organización del tiempo y de los espacios distintos al habitual destinados en nuestras escuelas regulares.
  • Curriculares: Se refieren fundamentalmente a cualquier tipo de adaptación y/ o modificación de los elementos prescriptivos del curriculum con objeto de ajustar la propuesta curricular a las necesidades del alumnado.

Estos apoyos demandan financiamiento; pero si dedicamos más recursos a la educación inclusivista, los recursos disponibles permitirían mejores niveles de calidad, acceso a la educación, cambios en el rol del docente y se generarán nuevas e innovadoras experiencias de aprendizaje.

BIBLIOGRAFÍA

CABALLERO, M. La exclusión socioeducativa del alumnado del Programa de Educación de Personas Adulta

http://www.uhu.es/agora/version01/digital/numeros/07/07-articulos/monografico/html_7/epa.htm

CARBONELL, F. Desigualdad Social, Diversidad Cultural y Educación.

http://www.aulaintercultural.org/article.php3?id_article=659

MACIAS, A. Exclusión, rechazo y selectividad social: La realidad educativa que el estado ha construido. 2009. http://www.odiseo.com.mx/bitacora-educativa/exclusion-rechazo-selectividad-social-realidad-educativa-que-estado-ha-construido

MIÑO, L. Educación y Exclusión Social. 2011. http://gacetabicentenario.com.ar/?p=3

PICÓN, C. Inclusión un reto a la modernización educativa en Panamá. Imprenta Universitaria, Universidad de Panamá. Panamá. 1997

THALASSINOS, P. Futuro de la Educación Panameña. Educación: Factor Prioritario para el Desarrollo. Abril 1995

Citar este texto en formato APA: _______. (2013). WEBSCOLAR. Exclusión, Rechazo, selectividad social y la realidad educativa. https://www.webscolar.com/exclusion-rechazo-selectividad-social-y-la-realidad-educativa. Fecha de consulta: 27 de noviembre de 2021.

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