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Evolución de la Literatura Española, Literatura Panameña y Fundamentos de Lectura – escritura

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LITERATURA

SIGLO DE ORO DE LA LITERATURA ESPAÑOLA

Comprende la época clásica o de apogeo de la cultura española, esencialmente el Renacimiento del siglo XVI y el Barroco del siglo XVII, se dio su origen desde la publicación de la Gramática castellana de Antonio de Nebrija (1492) hasta la muerte de Calderón (1681). El punto más alto de este apogeo se encuentra en la obra de Miguel de Cervantes y Lope de Vega, aunque los signos de decadencia empiezan a mostrarse en 1580; todo el siglo XVII es ya un periodo de declive económico, social y cultural.

Este fue un periodo de gran desarrollan en especial la literatura, las artes plásticas y la música.

  • Renacimiento

En esta época es en cuando surgen autores ascéticos y místicos; por ello se habla de un Renacimiento español más original y variado que en el resto de Europa. Es ecléctica (una mezcla entre lo conservador y lo “moderno”) entonces por su tradicionalismo y su universalidad: cultiva todos los temas y géneros produciendo en todas obras maestras. Como síntesis del Renacimiento y preludio del Barroco, la literatura contará con la figura capital de Miguel de Cervantes (XVI-XVII).

Las relaciones políticas, guerreras, religiosas y literarias entre Italia y España desde la mitad del siglo XV, hicieron que existiera un notable intercambio cultural entre estos dos países. El papado de dos ilustres catalanes: Calixto III (Alfonso de Borja) y Alejandro VI (Rodrigo de Borja y Oms) estrecharon las relaciones culturales entre Castilla, el Reino de Aragón, Cataluña y Roma. Las obras literarias españolas de mayor relieve se editaban o traducían en Italia. Así lo fueron el Amadís de Gaula, La Celestina, Cárcel de Amor, composiciones poéticas de Jorge Manrique, de Íñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana y producciones populares como romances, villancicos, etc. Otro tanto sucedía en España con obras italianas. Entre ellas, la Jerusalén Libertada, de Torcuato Tasso. Estas relaciones hispano-italianas fueron muy importantes, ya que trajeron a la Península las inquietudes y gustos que propiciaron el Renacimiento Español.

El Renacimiento se inicia con la unificación de España por los Reyes Católicos y abarca los reinados de Carlos I y Felipe II. Se pueden distinguir, pues dos etapas:

  • Reinado de Carlos I: Se reciben nuevas ideas y se imita el Renacimiento italiano.
  • Reinado de Felipe II. El Renacimiento español se cierra en sí mismo y se acentúan los aspectos religiosos.

La mentalidad renacentista se caracteriza por:

  1. La valoración del mundo grecolatino, en el que se busca una nueva escala de valores para el individuo.
  2. El hombre es el centro del universo (antropocentrismo), capaz de dominar el mundo y crear su propio destino.
  3. Se antepone la razón al sentimiento y prevalece el equilibrio, la mesura y la armonía.
  4. El nuevo ideal del hombre es el cortesano, hábil como poeta y guerrero.
  5. Un nuevo ideal de belleza que describe el mundo no como es, sino como debería ser: la naturaleza, la mujer, el amor.

La poesía de este período se dividió en dos escuelas

Características de las escuelas de la poesía en el Renacimiento Español
La Escuela Salmantina por Fray Luis de LeónLa Escuela Sevillana por Fernando de Herrera
Concisión en el lenguaje;Grandilocuente;
Llaneza en la expresión;Pule en extremo la forma;
Realismo en el pensamiento;Su obra es más de meditación que de sentimiento, más de documentación que de observación de la naturaleza y de la vida;
Preferencia por la estrofa corta;Prefiere la estrofa larga y la composición extensa y
La naturalidad y la sencillez.Usa abundamente los adjetivos y el ornato retórico.

No obstante, esta escuela sirvió de base inmediata y de puente necesario para enlazar con los movimientos poéticos que en el siglo XVII se englobaron bajo la denominación general de Barroco.

  • Novela Picaresca

La novela picaresca surgió como parodia de las demasiado idealizadoras narraciones del Renacimiento: epopeyas, libros de caballerías, novela sentimental, novela pastoril… El fuerte contraste con la realidad social generó como respuesta irónica antinovelas de carácter antiheroico protagonizadas por anticaballeros que amaban a antidamas en países que, como España, mostraban lo bruto y lo sórdido de la realidad social de los hidalgos empobrecidos, los miserables desheredados y los conversos marginados frente a los caballeros ricos que vivían en otra realidad mirada por encima de sus cuellos engolados.

En España el género sacaba la sustancia moral, social y religiosa del contraste cotidiano entre dos estamentos, el de los nobles y el de los siervos. Durante el siglo XVII comienza a vulgarizarse y degradarse la hidalguía y Don Quijote o el hidalgo pobre que se hace servir por el Lazarillo son ilustraciones de este fenómeno en la literatura española, que tienen también correlato en el mundo farsesco reflejado por el género teatral del entremés. El humilde guitón, bigardo o pícaro de cocina como tal es un anticaballero errante en una “epopeya del hambre” a través de un mundo crapuloso, donde sólo se sobrevive gracias a la estafa y el engaño y donde toda espectativa de ascenso social es una ilusión; los vagabundeos de un Pablos o de un Guzmán constituyen el contrapunto irónico a los de los valientes caballeros. El Lazarillo de Tormes (1554) es el comienzo de una crítica de los valores dominantes de la honra y de la hipocresía que hallará su culminación y configuración canónica con la Vida del pícaro Guzmán de Alfarache (1599) de Mateo Alemán.

El elemento picaresco ha sido una constante en la literatura universal. Aparece en el Satyricon de Petronio Árbitro, en El asno de oro de Lucio Apuleyo y en numerosas otras obras clásicas, pero también en la Edad Media a través de la literatura goliardesca uno de cuyos representantes hispánicos es Juan Ruiz, arcipreste de Hita, y su Libro de Buen Amor; en las maqamat árabes configuradas como género a fines del siglo X por el persa Al Hamadani; en los fabliaux franceses; en la novela en verso L’espill (El espejo, 1460), del catalán Jaume Roig; en las aventuras folclóricas del astuto campesino medieval Till Eulenspiegel recopiladas por primera vez en 1515 en una antología alemana, probablemente basada en un original más antiguo de la Baja Sajonia; en Giovanni Boccaccio y en el Arcipreste de Talavera Alfonso Martínez de Toledo, en La Celestina de Fernando de Rojas y sobre todo sus continuaciones, entre las que destaca la de Feliciano de Silva; en las autobiografías y biografías de criminales estudiadas por Parker, en La lozana andaluza de Francisco Delicado etcétera. Pero la trayectoria canónica del género en España es la siguiente:

  • Anónimo, Vida del Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades, 1554.
  • Mateo Alemán, Vida del pícaro Guzmán de Alfarache, atalaya de la vida humana, 1599 y 1604.
  • Juan Martí, Segunda parte del Guzmán de Alfarache (1603), apócrifo, firmado con el nombre falso Mateo Luján de Sayavedra.
  • Francisco de Quevedo, Vida del Buscón llamado don Pablos (¿1603?), impreso sin permiso del autor en 1626.
  • Gregorio González, El guitón Honofre (1604)
  • Francisco López de Úbeda, Libro de entretenimiento de la pícara Justina (1605)
  • Alonso Jerónimo de Salas Barbadillo, La hija de la Celestina (1612), La ingeniosa Elena (1614), refundición y ampliación de la anterior, y El sagaz Estacio.
  • Juan Cortés de Tolosa, Lazarillo de Manzanares (1620)
  • Vicente Espinel, Vida del escudero Marcos de Obregón 1618.
  • Carlos García, La desordenada codicia de los bienes ajenos, (1619).
  • Juan de Luna, Segunda parte del Lazarillo de Tormes (1620).
  • Jerónimo de Alcalá, Alonso, mozo de muchos años o El donado hablador, (1624).
  • Antonio Enríquez Gómez, Vida de don Gregorio Guadaña, (1644).
  • Gabriel de la Vega, La vida y hechos de Estebanillo González, hombre de buen humor, compuesto por él mesmo 1646

Obras asimilables al género, pero que no comparten todas sus características, son Rinconete y Cortadillo de Miguel de Cervantes, El diablo Cojuelo de Luis Vélez de Guevara, La varia fortuna del soldado Píndaro (1626) de Gonzalo de Céspedes y Meneses, las novelas cortesanas con matices picarescos Las harpías de Madrid y coche de las estafas (1631), La niña de los embustes, Teresa de Manzanares, Aventuras del bachiller Trapaza y su continuación La garduña de Sevilla y anzuelo de las bolsas (1642) de Alonso de Castillo Solórzano, Los antojos de mejor vista de Rodrigo Fernández de Ribera, El castigo de la miseria de María de Zayas y Sotomayor; muy próximos al costumbrismo están Antonio Liñán y Verdugo con sus Avisos y guía de forasteros que vienen a la corte (1620) y El día de fiesta por la tarde de Juan de Zabaleta, que describen una serie de tipos sospechosos de la sociedad madrileña de la época; de sesgo más autobiográfico que picaresco es la Vida de Diego de Torres y Villarroel. Una derivación hispanoamericana de la picaresca española es El Periquillo Sarniento (1816), de José Joaquín Fernández de Lizardi, y El lazarillo de ciegos caminantes desde Buenos Aires hasta Lima (Gijón, 1773), narración de elementos picarescos compuesta por Concolorcorvo, pseudónimo de Alonso Carrió de la Vandera (1715-1783).

  • El arte Barroco Español

El Barroco se produce en España en medio de los llamados Siglos de Oro de nuestra literatura.España estuvo gobernada en ese lapso por los Felipes: II, Felipe III y Felipe IV, gobernando este último hasta 1665. Felipe II, hijo y sucesor del Emperador Carlos V de Alemania y I de España, por abdicación de éste, tomó posesión del trono español en 1556.

Durante la centuria anterior a ésta, España había alcanzado su mayor unidad y extensión territorial. Por herencias, conquistas, convenios diplomáticos o matrimonios reales, llegaron a estar sometidas al cetro de Carlos V, Nápoles y Sicilia; Flandes, Alemania, Hungría y Portugal, aparte de las nuevas y ricas tierras de América. Pues bien, a los Felipes les tocó perder una a una todas las tierras europeas. Esto ocasionó graves problemas, religiosos, políticos, internos e internacionales.

  • Modernismo

En la historia de la literatura en lengua española, se conoce como modernismo a un amplio movimiento literario que se desarrolló entre los años 1880-1910, fundamentalmente en el ámbito de la poesía, caracterizado por su ambigua rebeldía creativa, su refinamiento narcisista y aristocrático, una profunda renovación estética del lenguaje y la métrica, y el culturalismo cosmopolita.

Tradicionalmente se ha venido asociando el inicio del movimiento modernista, a la publicación, en 1888, de Azul…, de Rubén Darío, a causa de la innegable repercusión del libro en las literaturas hispánicas. Autores que participaron de una estética semejante y que publicaron en la primera mitad de la década, como los poetas cubanos José Martí y Julián del Casal, los mexicanos Manuel Gutiérrez Nájera y Salvador Díaz Mirón, el peruano Manuel González Prada, el colombiano José Asunción Silva o el español Salvador Rueda, fueron considerados únicamente “precursores” del modernismo. La crítica actual, sin embargo, los considera autores plenamente modernistas.

  • El Realismo Español

Con las tendencias del movimiento romántico mermadas, a mediados del siglo XIX se impuso en Europa una nueva orientación literaria: el Realismo. Es una corriente procedente de Francia que, hacia 1850, desarrolló gérmenes ya existentes en el Romanticismo, sobre todo el costumbrismo. Las ideas románticas se irían disolviendo poco a poco y se empezaba a reaccionar contra “el arte por el arte”; la mirada estaba cansada de lo imaginativo y pintoresco, y contempló objetivamente a las personas, sociedad y acciones contemporáneas. El principal precursor fue Honoré de Balzac (1799-1850) que, con obras como La Comedia Humana, impuso en la novela un fin moral y social. Esta finalidad, haciéndose casi exclusiva, muy pronto condujo al Naturalismo.

El término “realista” se empleó por primera vez en 1850, referido a la pintura, pero se amplió con posterioridad al resto de las artes. En literatura se plasmó mayormente en la novela. Quizá uno de los motivos del éxito popular de las novelas se encuentra en su publicación en los periódicos de la época. Los editores utilizaban la novela por entregas para conseguir que el público se viera obligado a comprar diariamente el periódico. La actitud del escritor realista es analítica y crítica, y se suele mantener al margen de lo que relata. Las principales novelas del siglo XIX eran de carácter social, y a los escritores se les consideraba como “historiadores del presente”.

Juan Valera: Juan Valera y Alcalá-Galiano (Cabra (Córdoba), 18 de octubre de 1824 – Madrid, 18 de abril de 1905) perteneció a una familia aristócrata. Desempeñó misiones diplomáticas en varios países y ocupó importantes cargos políticos. Comenzó su carrera como novelista alrededor de los cincuenta años de edad. En sus últimos años fue víctima de una ceguera progresiva. Desde sus comienzos, Valera fue reacio tanto al Romanticismo, por sus extremismos, como al Realismo, porque le impedía desarrollar plenamente su fantasía. Solo adoptó una postura realista cuando eligió ambientes reales (como su Andalucía natal) y personajes verosímiles, aunque rechazó los aspectos menos atrayentes de la realidad, tan al gusto de los naturalistas y algunos realistas.

Su importancia se le debe a las novelas; la primera de ellas es Pepita Jiménez (1874), escrita en su mayor parte en forma de carta. En esta obra, se narra la historia de una viuda que se pone de acuerdo con el padre de un seminarista para alejarlo de su falsa vocación. Otras obras importantes son Doña Luz (abordando cuestiones de vocación religiosa) y Juanita la Larga. Esta segunda novela cuenta el idilio de don Paco, un cincuentón, y de la protagonista, que desea redimirse de él por un honrado matrimonio. Juan Valera fue liberal político y escéptico en cuanto a la religión. Empleó un lenguaje literario sencillo, aunque no vulgar. Al morir, los escritores de la Generación del 98 le guardaron un profundo respeto. Hoy se le considera por gran parte de la crítica como el mejor prosista del siglo XIX, pese a reconocer la superioridad creadora de Galdós.

José María de Pereda: José María de Pereda nació en Polanco (provincia de Santander, actual Cantabria) en 1833. Perteneciente a una familia hidalga, viajó mucho por el extranjero y fue diputado carlista, aunque más tarde se dedicó al cultivo de sus tierras y a la literatura. Contó con la amistad de Galdós, pese su opuesta ideología política. Murió en 1906 en su pueblo natal.

Comenzó su producción literaria como costumbrista: inclinado al realismo con dotes de observación, publicó Escenas montañesas. Más tarde encontraría su fórmula ideal de la novela, al insertar aquel costumbrismo en una visión enamorada del paisaje y de las gentes de la montaña, con sus pasiones y su lenguaje característico. En sus primeras novelas de este tipo (novela idilio), solía enfrentar la paz y la ignorancia de aquella gente rústica con las asechanzas políticas de la vida moderna (Don Gonzalo de la Gonzalera y De tal palo tal astilla). Defendía una tesis que hoy en día aceptarían muy pocos. La novela idilio termina cuando Pereda decidió renunciar a la defensa explícita de tesis alguna. A esta segunda época pertenecen relatos como Sotileza (epopeya de unos pescadores cántabros) y La puchera. La que es considerada su obra maestra es Peñas arriba (1895), cuyo bucolismo descriptivo y el casticismo de su estilo puede parecer hoy en día obsoleto. Pese a ello, José María de Pereda es considerado un gran narrador, dotado de gran capacidad descriptiva y épica.

Benito Pérez Galdós: Galdós es considerado como el escritor más representativo del movimiento. Nació en Las Palmas de Gran Canaria, en 1843. Estudió leyes en Madrid, donde conoció la vida de la Corte. En París, quedó perplejo ante las novelas de Balzac, quien influiría notablemente en su obra. Se declaraba progresista y anticlerical, lo que no supuso un obstáculo para entablar grandes amistades con Menéndez Pelayo y José María de Pereda, de ideologías opuestas. Aunque se definió republicano, poco a poco su radicalismo fue templándose. Incluso Alfonso XIII y él guardaron una mutua simpatía personal. A partir de 1910 comenzó a perder la vista y quedó arruinado por los elevados gastos de su desarreglada vida íntima. Se le solicitó el Premio Nobel, pero lamentablemente media España, junto a la Real Academia, se opusieron a su galardón; en vano resultó el apoyo por los altos dignatarios eclesiásticos. Falleció, ciego, en 1920.

Los Episodios Nacionales

Dada la prolífica obra de Galdós, se comenzará mencionando los Episodios Nacionales, distribuidos en cinco series, con un total de 46 tomos. Representan un marco amplísimo de la historia española contemporánea, entre la Guerra de la Independencia y la Restauración, con cierta trama imaginativa.

En la primera serie (1873-1875), figuran los episodios Trafalgar, Bailén, Zaragoza y Gerona. En casi todos ellos, el protagonista es Gabriel Araceli, joven que vive en los momentos culminantes de la Guerra de la Independencia. De series posteriores son El equipaje del rey José, Los Cien mil hijos de San Luis, Zumalacárregui (de la Primera Guerra Carlista), Prim o La de los tristes destinos (sobre Isabel II). La última serie trataba de hechos vividos por el propio Galdós, pero quedó inacabada y es más descuidada.

Novelas

En su primera época (1867-1878), Galdós escribía comprometidamente contra la intolerancia y la hipocresía. Sus novelas enfrentan a un joven técnico con el ambiente hostil de una pequeña ciudad; lo hace con una intolerancia parecida a la que condena (Doña Perfecta, Gloria, La familia de León Roch, a este grupo, aunque carente de tesis, pertenece su novela favorita, Marianela, idilio trágico entre un ciego y una muchacha ignorante y fea, que decide huir cuando su amado recobra la vista, temerosa de mostrarle su rostro, y muere cuando él se casa con otra mujer.

Más tarde, entre 1881 y 1915, publicó 24 novelas cuyo conjunto constituye una especie de “comedia humana” de la vida cotidiana de Madrid. Mantenían tesis progresistas, pero menos hirientes. Su interés se centraba en la clase media, contemplada con exactitud y melancolía. Entre este conjunto de novelas destacan La de Bringas; Fortunata y Jacinta, su obra más importante; Miau, dramática visión de la burocracia de la época; Torquemada en la hoguera, estudio de la avaricia; Misericordia, con personajes de bajos fondos.

Obras dramáticas

Pérez Galdós inició muy tarde su carrera de autor dramático. Entre sus obras destacan La loca de la casa, La hija de San Quintín, Electra (cuyo estreno causó conmoción social) y El Abuelo, adaptada cinematográficamente por José Luis Garci. El teatro galdosiano se caracteriza por su sinceridad e inconformismo, aunque su lenguaje teatral resulta actualmente anticuado.

Importancia de Galdós

El éxito de los Episodios Nacionales y de muchas de sus novelas y obras dramáticas fue absoluto. Los críticos y los escritores de su época lo consideraron como un genio, aunque su compromiso en lo religioso, en lo social y en lo político le creó grandes adversarios. También los escritores del 98 recibieron sus influencias, aunque se revelaron contra su “chabacanería” (Valle-Inclán, por ejemplo, lo apodó “don Benito el garbancero”), sin percatarse quizá de que lo únicamente chabacano eran las vidas que describía. Actualmente es considerado como uno de los primeros novelistas españoles.

 

Emilia Pardo Bazán: Emilia Pardo Bazán nació en La Coruña en 1851. Hija única de los condes de Pardo Bazán, a los diecisiete años se casó y se instaló en Madrid. Fue una mujer con una amplia cultura, realizó numerosos viajes y se creó para ella una cátedra de Literatura en la Universidad de Madrid, ciudad donde falleció en 1921.

Obra

Entre sus estudios sobre la actualidad literaria, destaca La cuestión palpitante, y aunque en él no acepta el materialismo naturalista, defiende una actitud realista y se enfrenta a aquellos que sostienen que el mal solo puede aparecer en la literatura para ser derrotado.

Su estilo fue enérgico y ahonda en problemas y situaciones difíciles. Escribió cientos de cuentos que publicó reunidos, como los Cuentos de Marianela. Pero su producción literaria goza de mayor importancia en novelas como Un viaje de novios, que narra la historia de un matrimonio entre un hombre maduro y una joven inculta y adinerada; o La tribuna, la más naturalista de sus novelas, donde describe la dura vida proletaria en una fábrica de tabaco. También son de suma importancia Los pazos de Ulloa y La madre Naturaleza, con personajes y paisajes gallegos, con un argumento apasionado y, en ocasiones, violento.

Luis Coloma: Luis Coloma (Jerez de la Frontera, 19 de enero de 1851 – Madrid, 1914), hijo de un médico famoso, a los doce años entró en la Escuela Naval preparatoria de San Fernando (1863), pero más tarde la abandonó y se licenció en Derecho en la Universidad de Sevilla, aunque nunca llegó a ejercer la profesión de abogado. Fue miembro de la Real Academia en 1908 y murió en 1914. Cultivó la literatura con un gran éxito entre los lectores. Escribió dos importantes novelas: Pequeñeces y Boy. En la primera realiza una crítica de la alta sociedad madrileña en los años anteriores a la Restauración monárquica (1814) en la figura de Alfonso XII, hijo de la destronada Isabel II. Más tarde publicó únicamente narraciones de carácter histórico, como Jeromín, sobre don Juan de Austria.

Leopoldo Alas (Clarín): Leopoldo Alas nació en Zamora (1852), aunque él siempre se sintió profundamente asturiano. Realizó sus estudios de Derecho en Oviedo, y el doctorado en Madrid, donde perdió la fe. A partir de entonces viviría en permanente lucha espiritual, de la que da testimonio su obra. A los veintitrés años usó en sus escritos el pseudónimo de Clarín. Catedrático de la Universidad de Oviedo (1883), defendió ideas republicanas, pero pronto se abrumó de la política. En el año 1892, una crisis de conciencia le devolvió la fe, aunque no llegó a los extremos de la ortodoxia católica. Murió en Oviedo en 1901.

Obra

Clarín gozó de un gran prestigio como crítico literario. Sus artículos evidencian su gran conocimiento y rectitud de juicio (expresado en muchas ocasiones con hiriente sarcasmo). Sus artículos, que le dieron una temida autoridad en el panorama literario español, fueron recopilados por el autor en volúmenes como Solos de Clarín y Paliques. También cultivó el cuento y la novela breve; publicó más de setenta obritas de este género. Entre los primeros relatos cortos que compuso, destaca Pipá (1879), que cuenta la tragedia de un pillete ovetense. También merece mención Adiós, Cordera, clásico idilio dramático.

Pero fundamentalmente se reconoce su faceta como novelista, por las dos únicas novelas que escribió: La Regenta y Su único hijo. La primera de ellas (1885) es la más importante. Con claras influencias de Madame Bovary de Flaubert, presenta física y moralmente a Vetusta (nombre metafórico de Oviedo) como prototipo de una ciudad española, dormida en el tradicionalismo. Utilizó Alas una técnica naturalista; pero no pintó ambientes sórdidos como Zola (cuya acción transcurre en medios burgueses), sino que el pesimismo aparece con rasgos evidentes de ternura e ironía. En La Regenta salen a debatir las conciencias (en especial la de su protagonista Ana Ozores, de carácter similar al de Emma Bovary), en su lucha con su deber y con el ambiente, dando una imagen a la ciudad que muchos consideraron injuriosa. La novela fue condenada rápidamente por la Iglesia, aunque con el paso del tiempo Clarín y el obispo entablaron una franca amistad. Hoy se considera a La Regenta como la novela cumbre del Realismo español, junto a Fortunata y Jacinta de Galdós.

Armando Palacio Valdés: Armando Palacio Valdés (Entralgo, Asturias, 1853 – Madrid, 1938) se educó en Avilés y terminó el bachillerato en Oviedo; siguió la carrera de Leyes en Madrid. Dirigió la Revista Europea, donde publicó artículos que luego reunió en Semblanzas literarias (1871). A la muerte de José María de Pereda en 1905, asumió su cargo en la Real Academia de la Lengua. Gran amigo de Clarín, escribió varias novelas importantes, como Marta y María, en la que las dos hermanas bíblicas son trasladadas a un ambiente contemporáneo, que combate el falso misticismo. La más popular de sus obras es La hermana de San Sulpicio, donde narra las aventuras que anteceden al matrimonio de un médico gallego y de la protagonista, una monja sin vocación que no renueva sus votos. También cabe destacar La aldea perdida, historia dramática de un pueblo degradado por la explotación minera.

Vicente Blasco Ibáñez: Vicente Blasco Ibáñez nació en Valencia en 1867. Mantuvo ideas republicanas radicales por las que sufrió arrestos y destierros. Fue diputado en siete legislaturas. En el año 1909 partió a Argentina en busca de fortuna, pero su intento fracasó. Defendió a los aliados durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918); con ese fondo escribió Los cuatro jinetes del Apocalipsis, novela de gran éxito mundial. Siguió una vida de millonario cosmopolita y muchos de sus relatos fueron adaptados al cine en Hollywood. Falleció en 1928 en Menton, en la Costa Azul. Sus restos fueron trasladados a Valencia en 1933, donde fueron recibidos triunfalmente. Blasco produjo una enorme obra novelesca; en ella destacan las obras ambientadas en Valencia o en su provincia, tan intensamente amada por el escritor (Arroz y tartana, La barraca, Entre naranjos, Cañas y barro). Reflejó sus ideas políticas, sociales y antirreligiosas en La catedral o en La bodega, aunque como se ha comentado anteriormente, su fama se debe en gran parte a Los cuatro jinetes del Apocalipsis, que trata sobre dramas familiares durante la Gran Guerra. Sin embargo, el Blasco Ibáñez mejor tratado por la crítica es el de inspiración valenciana. En ocasiones se le ha considerado como el Zola español porque comparte con el novelista francés una actitud subversiva, predilección por los ambientes sórdidos, preocupación por la herencia biológica, etc. Escribe intensamente y su estilo puede ser calificado de basto, pese a que no carece de imágenes de pureza plástica. Por su edad, pudo haber pertenecido a la Generación del 98, pero su espíritu mundano difiere de la ascética y la cultura de estos escritores.

La poesía

Cierto es que hacia la segunda mitad del siglo XIX la novela evolucionó rápidamente hacia el Realismo, pero esto no ocurrió con la lírica y en el teatro, cuya transformación fue menos violenta y aún continuaron impregnados de romanticismo hasta final de siglo. Este romanticismo postrero es más aparente que real; en ocasiones carece de fondo y sin la exaltación lírica a la que se entregaba el romanticista de pro. Esto es debido a la sociedad, pues era el momento de la burguesía que consolidaría la Restauración de 1875. Dicha sociedad, que estaba sentando las bases del capitalismo y dando los primeros pasos de industrialización del país, no dejó cabida para las personas que admiraban el arte de forma desinteresada. Los escritores más representativos son Gaspar Núñez de Arce y Ramón de Campoamor, en ocasiones adscritos al Romanticismo como opositores al movimiento, pues en este romanticismo tardío aún quedaban pequeños vestigios con Gustavo Adolfo Bécquer y Rosalía de Castro.

Ramón de Campoamor: Ramón de Campoamor nació en Navia (Asturias) en 1817, y murió en 1901. Perteneció al Partido Moderado, además de ser empleado de Hacienda, gobernador y diputado. Escribió tratados sobre temas filosóficos (Lo absoluto), obras dramáticas, poemas de pretensiones épicas y filosóficas (Colón, El drama universal y El licenciado Torralba). Su creación más personal, sin embargo, son sus pequeños poemas, como Humoradas, Doloras y Pequeños poemas. Con ellos pretendió romper con el Romanticismo, creando una poesía acorde con el momento, prosaica, sencilla, escéptica y en algunos casos irónica, con una moraleja que suele ser trivial.

 

Gaspar Núñez de Arce: Gaspar Núñez de Arce (1834-1903), nació en Valladolid. Fue gobernador de Barcelona, diputado y Ministro de Ultramar. Escribió dramas, como El haz de leña, que trata sobre del tema del príncipe don Carlos, hijo de Felipe II, un tema ya tratado por Schiller; aunque su obra mejor valorada está constituida por sus poesías y sus poemas extensos. Núñez de Arce cuidaba la expresión, pero sus poemas están cargados de artificiosidad política (como en Gritos del combate, en los que pretendía conseguir una poesía civil y patriótica); en exaltados discursos de corte filosófico (La duda). Se le suele achacar el abuso de una retórica demasiado fácil. También escribió cuentos o leyendas versificadas, como Un idilio, La pesca y El vértigo.

Otros poetas

Aunque menos importantes, también hubo otros numerosos poetas que siguieron las tendencias realistas, entre ellos:

  • Ventura Ruiz Aguilera (1820-1881): Nacido en Salamanca y autor de Ecos nacionales, leyendas patrióticas, y Elegías.
  • Vicente Wenceslao Querol (1836-1889): Natural de Valencia, autor de Rimas.
  • Federico Balart (1831-1905): Escribió Dolores, una colección de elegías escritas a la muerte de su esposa.
  • Emilio Ferrari (1850-1907): Vallisoletano, imitó a Núñez de Arce.
  • José Velarde (1849-1892): Al igual que Ferrari, siguió los pasos de Núñez de Arce.
  • Manuel Reina (1856-1905): Plasmó en sus poemas el color de Andalucía, su tierra.
  • Joaquín Bartrina (1850-1880): Nacido en Barcelona, llevó al extremo el humorismo y el prosaísmo de Campoamor, al que añadió un pesimismo materialista, en su obra Algo.

El teatro

El teatro realista español describe un arco desde las posturas más conservadoras y acríticas a las más progresistas y ácidas: desde la alta comedia de Adelardo López de Ayala y Ventura de la Vega, al teatro éticamente inquieto de Benito Pérez Galdós y la acerada crítica de Enrique Gaspar (1842-1902), dramaturgo de minorías. Junto a estos autores, se reanudó el interés por el costumbrismo que reflejó el público burgués más conservador a través de géneros como la zarzuela o género chico, el sainete o el teatro por horas. Se trataba de un teatro fundamentalmente de evasión, que procuraba no plantear problemas de conciencia al burgués. Junto a ello, se intentaba revitalizar los anticuados valores conservadores de la honra con las iniciativas para hacer revivir el drama histórico romántico por parte de Manuel Tamayo y Baus o por parte del neorromanticismo del matemático José Echegaray.

José Echegaray: José Echegaray (1832-1916) nació en Madrid y ocupó altos cargos políticos. Fue ingeniero de Caminos, de cuya escuela fue director. Alternó el estudio de las matemáticas y de los problemas científicos (sobre los que publicó dos libros: Ciencia popular y Vulgarización científica) con la poesía dramática, que según Lázaro Carreter «le da una cierta sequedad sistemática que muestra más el esfuerzo que el instinto poético». En 1904 se le concedió, junto a Frédéric Mistral, el Premio Nobel.

Echegaray trató de combinar dos elementos incompatibles: un romanticismo exagerado con el positivismo y realismo latente en su tiempo. Como resultado se da un teatro de costumbre contemporáneas, a base de procedimientos románticos, en los que según la crítica abusa de las situaciones trágicas y patéticas, y se caracteriza por que en cada una de sus obras plantea un caso de conciencia, un problema ideológico o, como se titula una de sus obras, un Conflicto entre los deberes. Entre sus obras más destacadas se encuentran El loco Dios, Mancha que limpia, El gran Galeoto, O locura o santidad.

Manuel Tamayo y Baus: Manuel Tamayo y Baus (1829-1898) nació en Madrid. Fue hijo de actores y se casó con la hija del famoso actor Isidoro Máiquez. Estuvo en permanente contacto con el teatro y abarcó en sus obras gran variedad de temas. Escribió tragedias clásicas (Virginia), dramas románticos (Locura de amor, sobre Juana la Loca), teatro costumbrista (La bola de nieve y Lo positivo) y el teatro de tesis (Lances de honor y Los hombres de bien). Su obra más importante es Un drama nuevo, en la que presenta a la compañía teatral de Shakespeare, que ha de representar un drama en el que el actor Walton descubre que Alicia, su mujer, que desempeña este papel en la obra, le es infiel. Pero lo que ocurre ficticiamente en la ficción, también ocurre en la realidad: Alicia ama a Edmundo y, al representarse la obra, Walton mata a su esposa en escena para limpiar su honor. Finalmente Shakespeare explica al público lo ocurrido.

Otros dramaturgos

Además de los citados, también destacan:

  • Adelardo López de Ayala (1828-1865): Ocupó altos cargos políticos (Ministro y Presidente del Congreso). Desarrolló la alta comedia con obras como El tanto por ciento, El tejado de vidrio, Consuelo y El nuevo don Juan, en las cuales planteó tesis moralizantes.
  • Eugenio Sellés (1844-1926): Escribió El nudo gordiano, en el que planteó los problemas que acarrea el matrimonio.
  • Enrique Gaspar (1842-1902): Autor de comedias como La levita, Las personas decentes y Las circunstancias que reflejan el ambiente burgués de su tiempo.
  • José Feliú y Codina (1847-1897): Escribió el drama rural La Dolores y teatro de costumbres regionales.
  • Leopoldo Cano (1844-1934): Sus obras más destacadas son La Pasionaria y La Mariposa.

Entre los libretistas de zarzuelas, destacan Marcos Zapata, Ricardo de la Vega, José López Silva y Miguel Ramos Carrión y, entre los autores de sainetes, Tomás Luceño y Vital Aza.

Marcelino Menéndez Pelayo: Menéndez Pelayo fue quizá la figura cumbre de la cultura española en el siglo XIX, maestro del pensamiento, la historia y la crítica contemporánea. Nació en Santander en 1856 y estudió en varios países. A los veintidós años obtuvo una cátedra en la Universidad de Madrid. A los veinticinco fue nombrado miembro de la Real Academia Española y, poco más tarde, de la de Historia. También dirigió la Biblioteca Nacional. Al morir en 1912 dejó a Santander como legado su valiosa biblioteca personal. La obra de Menéndez Pelayo es muy extensa y cuenta con una gran capacidad de síntesis. En sus libros se puede apreciar su amor a España y un encendido catolicismo. Pretendió reconstruir todo el pasado histórico español, con una finalidad revalorizadora que en varias ocasiones le arrastró a fuertes polémicas (por ejemplo, la originada por su libro La ciencia española). Para muchos críticos ha trazado las líneas fundamentales del pensamiento español en obras como Historia de los heterodoxos españoles y la Historia de las ideas estéticas en España. En cuanto a la historia literaria, construyó obras como Orígenes de la novela, Antología de poetas líricos (detenida a finales de la Edad Media), los prólogos a las Obras de Lope de Vega, entre otras.

  • Generación del 98

La Generación del 98 fue un grupo de escritores, ensayistas y poetas españoles que se vieron profundamente afectados por la crisis moral, política y social acarreada en España por el desastre de la pérdida de Cuba, Puerto Rico y las Filipinas en 1898. Todos nacen entre 1864 y 1875.

Se inspiraron en la corriente de crítica del canovismo denominada regeneracionismo y ofrecieron una visión artística en conjunto en La generación del 98. Clásicos y modernos). Éstos se inician con una época juvenil hipercrítica e izquierdista que más tarde se orientará a una concepción tradicional de lo viejo y lo nuevo. Pronto, sin embargo, siguió la polémica: Pío Baroja y Ramiro de Maeztu negaron la existencia de tal generación, y más tarde Pedro Salinas la afirmó, tras minucioso análisis, en sus cursos universitarios y en un breve artículo aparecido en Revista de Occidente (diciembre de 1935), siguiendo el concepto de “generación literaria” definido por Petersen; este artículo apareció luego en su Literatura española. Siglo XX, 1949.

José Ortega y Gasset distinguió dos generaciones en torno a las fechas de 1857 y 1872, una integrada por Ganivet y Unamuno y otra por los miembros más jóvenes. Su discípulo Julián Marías, utilizando el concepto de “generación histórica”, y la fecha central de 1871, estableció que pertenecen a ella Unamuno, Ángel Ganivet, Valle-Inclán, Jacinto Benavente, Carlos Arniches, Vicente Blasco Ibáñez, Gabriel y Galán, Manuel Gómez Moreno, Miguel Asín Palacios, Serafín Álvarez Quintero, Pío Baroja, Azorín, Joaquín Álvarez Quintero, Ramiro de Maeztu, Manuel Machado, Antonio Machado y Francisco Villaespesa. Tras la crítica al concepto de generación realizada por José Carlos Mainer, resulta más exacto hablar de una promoción o constelación de autores españoles situados entre el Realismo, el Naturalismo y el Espiritualismo del XIX y el Novecentismo de la llamada Generación del 14 en el siglo XX, conviviendo con la estética del Modernismo que viene por un lado de Hispanoamérica y por otro de Francia y de las mismas raíces hispanas de los discípulos de Gustavo Adolfo Bécquer. Esta generación está formada por una serie de escritores considerada nueva clase nacional. El periodo de máxima coincidencia como generación tuvo lugar en la década de los ochenta. Dicha generación la integran: Pedro Antonio de Alarcón, José María de Pereda, Benito Pérez Galdós, Juan Valera, Leopoldo Alas Clarín, Emilia Pardo Bazán y Armando Palacio Valdés.

Las características que definen a este grupo son una conciencia de clase y optimismo (que más tarde tornará al pesimismo, por la revolución de 1868). A nivel individual cada uno presenta un estilo propio. De todos los autores de este grupo, Alarcón es el único que presenta algunos rasgos heredados del romanticismo, sobre todo el costumbrismo más romántico. Esta influencia se aprecia claramente en Cuentos amatorios (1881), Historias nacionales (1881) y Narraciones inverosímiles (1881).

 

CONCEPTOS LITERARIOS

  • Renacimiento: Se conoce como Renacimiento al vasto movimiento de revitalización que se produjo en la cultura en Europa Occidental entre los siglos XV y XVI. Sus principales exponentes se hallan en el campo de las artes aunque también se produjo una renovación en el de las letras y ciencias, tanto naturales como humanas. El nombre Renacimiento se utiliza porque este retomó los elementos de la cultura clásica. Además este término simboliza la reactivación del conocimiento y el progreso tras los siglos de oscuridad de la Edad Media.
  • Arte Barroco: La palabra barroco, como la mayor parte de las designaciones de un período o de un estilo, fue inventada por críticos posteriores, más que por practicantes de las artes en el siglo XVII y principios de siglo XVIII, es decir, los artistas que plasmaban dicho estilo. Es una traducción francesa de la palabra portuguesa “barroco” (en español sería “barrueco”), que significa perla irregular, o joya falsa. Una palabra antigua similar, “barlocco” o “brillocco”, es usada en el dialecto romano con el mismo sentido. El término “barroco” fue después usado con un sentido despectivo, para subrayar el exceso de énfasis y abundancia de ornamentación, a diferencia de la racionalidad más clara y sobria de la Ilustración (siglo XVIII principalmente). Fue finalmente rehabilitado en 1888 por el historiador alemán de arte Heinrich Woelfflin (1864-1945), quién identificó al barroco como oponente al Renacimiento y como una clase diferente dentro del arte.
  • Conceptismo: es una estética de la literatura española del Barroco que se basa en la asociación ingeniosa entre palabras e ideas. Su máximo teórico contemporáneo, Baltasar Gracián, en la Agudeza y arte de ingenio, define el «concepto» como Un acto del entendimiento que expresa la correspondencia que se halla entre los objetos — Baltasar Gracián, Agudeza y arte de ingenio. El conceptismo se caracteriza por la concisión de la expresión y la intensidad semántica de las palabras, que se cargan de significados, adoptando varios sentidos. De este modo aparece frecuentemente el lenguaje polisémico. El conceptismo opera con los significados de las palabras y con las relaciones ingeniosas entre ellas. Por todo lo dicho, los recursos formales más usuales son la elipsis, el zeugma, la disemia y polisemia, antítesis, equívoco, paradoja, paronomasia o dilogía. El estilo conceptista se hace lacónico y sentencioso.
  • Culteranismo: es una estética del Barroco español dentro de la más general del Conceptismo, con el cual comparte la intención de enrarecer y aquilatar la expresión separándola del equilibrio y claridad clásicos, pero con el procedimiento opuesto de dilatar el significado en un máximo de expresión estética no para aclarar el mensaje mediante el procedimiento de la paráfrasis, sino para impresionar y confundir con lo laberíntico, sensorial y disperso de la expresión y de aplicarse fundamentalmente al género lírico y al verso en vez de a la prosa. El estilo culterano es una amplificación no parafrástica, porque no pretende explicar, sino deleitar con el ejercicio intelectual del enigma. Se conoce a esta estética también como Gongorismo a causa de su mayor exponente español, el poeta cordobés Luis de Góngora, que contribuyó a formarla y le dio su forma definitiva.
  • Romanticismo: fue un movimiento estético que se originó en Alemania a fines del siglo XVIII como una reacción al racionalismo de la Ilustración y el Neoclasicismo, dándole preponderancia al sentimiento. La palabra romanticismo viene del adjetivo inglés romantic. Término que se comenzó a usar alrededor del siglo XVII en Inglaterra para señalar la naturaleza aventurera y novelesca de los libros de caballerías llamados romance. Se desarrolló fundamentalmente en la primera mitad del siglo XIX, extendiéndose desde Alemania a Inglaterra, Francia, Italia, España, Rusia, Polonia, Estados Unidos y las recién nacidas repúblicas hispanoamericanas. Posteriormente, se fragmentó o transformó en diversas corrientes, como el Parnasianismo, el Simbolismo, el Decadentismo o el Prerrafaelismo, subsumidas en la denominación general de Post-romanticismo, una derivación del cual fue el llamado Modernismo hispanoamericano y español. Tuvo fundamentales aportes en los campos de la literatura, el arte y la música. Posteriormente, una de las corrientes vanguardistas del siglo XX, el Surrealismo, llevó al extremo los postulados románticos.

 

LITERATURA PANAMEÑA

  • Romanticismo. Figuras representativas:

Período Romántico:

  1. Amelia Denis de Icaza
  2. Tomás Martín Feuillet
  3. Gil Colunje
  • Transición del Romanticismo al modernismo
  1. Federico Escobar
  2. Rodolfo Caicedo
  • Modernismo. Figuras Representativas:
  • Poesía
  1. Dario Herrera
  2. Demetrio Fabrega
  3. Guillermo Andreve
  • Narración
  1. Salomón Ponce Aguilar

Período Republicano (1903). Continuación del Romanticismo

  • Poesía
  1. Ricardo Miró
  2. Gaspar Octavio Hernández
  3. María Olimpia de Obaldía
  • Ensayo
  1. Belisario Porras
  • Otros poetas de este período:
  1. Santiago Anguizola
  2. Ana Isabel Illueca
  • Poesía de Transición
  1. Demetrio Korsi
  • Vanguardismo

Rompimiento de los parámetros de la poesía y de formas de pensar tradicionales

Iniciadores de las innovaciones poéticas en el Istmo

  • Rogelio Sinán
  • Demetrio Herrera Sevillano
  • Ricardo J. Bermúdez

Continuación y desarrollo de las nuevas formas de escribir propuestas por la vanguardia

  • Stella Sierra
  • Eduardo Ritter Aislán
  • Matilde Real
  • Tobías Díaz Blaitry
  • Elsie Alvarado de Ricord
  • Bertalicia Peralta

Poetas con tendencias socio-políticas dentro de su poesía

  • José Franco
  • Diana Morán
  • Moravia Ochoa

Desarrollo del Género Narrativo. El Cuento. Tema vernáculo o regionalista

  • Ignacio J. Valdés
  • Lucas Bárcenas
  • José María Sánchez
  • Carlos Chang Marín
  • César A. Candanedo

Tema urbano

  • Rogelio Sinán
  • Roque Javier Laurenza
  • Álvaro Menéndez Franco
  • Pedro Rivera
  • Ernesto Endara

Crónica Literaria

  • Gil Blas Tejeira

Evolución y tendencias de la Novela en el Istmo

  • Julio B. Sosa
  • José Cajar Escala
  • Octavio Méndez Pereira

Enriquecimiento del género

  • Rogelio Sinán
  • Ramón H. Jurado
  • Joaquín Beleño
  • Tristán Solarte

Narradores panameños de las últimas décadas

  • Isis Tejeira
  • Dimas Lidio Pitty
  • Rafael Pernett y Morales
  • Gloria Guardia
  • Justo Arroyo
  • Enrique Jaramillo Levy
  • Rosa María Britton
  • Rafael Ruiloba
  • Sonia Ritter Fledderjohn
  • Ramón Fonseca Mora

En lo que se refiere a Panamá, el Prof. Ismael García S, en su libro Historia de la literatura panameña (1964), comenta: “Tres grandes etapas se suceden en la historia del Istmo de Panamá. La primera corresponde a la dominación española, desde la llegada de Rodrigo Galván de Bastidas en 1501, hasta la proclamación de nuestra independencia en 1821. En este largo período, el cultivo de los quehaceres espirituales es casi nulo y los frutos literarios no pasan de intentos desafortunados de quienes sienten el ímpetu irrefrenable que los empuja a la creación literaria. El segundo período corresponde al de nuestra anexión a Colombia, que abarca de 1821 a 1903. El eco de los ayes románticos llega hasta los ámbitos istmeños y en la segunda mitad del siglo XIX aparece la primera promoción poética”, representada por Gil Colunje (1831-1899), quien a los 17 años escribió La verdad triunfante, primera novela panameña; Tomás Martín Feuillet (1832-1862); José María Alemán (1830-1887); Manuel José Pérez (1837-1895) y Amelia Denis de Icaza (1836-1911), cuya obra poética se reúne póstumamente en Hojas secas (1927). La transición del romanticismo al modernismo la integran, señala, Jerónimo de la Ossa, (1847-1907) Federico Escobar ( 1861-1912); y Rodolfo Caicedo (1868- 1905). García apunta que “la tercera etapa comprende desde 1903 hasta nuestros días. Es la era republicana…. En este período se adquiere, real y efectivamente, la conciencia de nuestros destinos, y la producción literaria representa un aporte definitivo y propio de lo nacional.”

Señala, por otra parte, el historiador Rodrigo Miró, en su libro Itinerario de la poesía en Panamá (1973), que “el estudio de los periódicos panameños de principios del siglo XIX empieza a despejarnos el panorama que se abre con la transformación política de 1821, cuando se inicia también nuestro empleo de la imprenta. Y los textos poéticos hasta ahora recogidos, correspondientes a las dos primeras décadas de actividad periodística (1821- 1840)” están conformados por “himnos patrióticos, canciones cívicas, sonetos necrológicos, odas” que “expresan el sentimiento panameño frente al fenómeno de la independencia, lo mismo que una clara voluntad de progreso y convivencia en un mundo regido por la ley y la concordia. Y son elocuentes testimonios acerca de nuestra cultura literaria.”

Importa anotar aquí que, como lo indica Miró, “… la expresión poética del siglo XIX se realiza a través de la prensa. El libro es la excepción.” Advierte que él solo tiene noticias de “siete libros poéticos… en la bibliografía de la centuria. El más antiguo, Crepúsculo de la tarde, de José María Alemán, editado en Bogotá en1882.” Y señala que el más antiguo libro literario editado en Panamá es Ensayos políticos, morales y literarios, de Manuel José Pérez, prosa y verso, aparecido en 1888. Por cierto, la primera mujer panameña que escribe versos es Amelia Denis de Icaza (su poema “Al Cerro Ancón” es un clásico de la nacionalidad panameña), como parte de la generación romántica, nos dice Miró, así como Nicole Garay es la que más destaca en las filas de los modernistas y Zoraida Díaz, ” en la generación que irrumpió recién creada la República… fue la primera panameña que publicó un libro de versos”: Nieblas del alma, en 1922.

Según Miró, los tres primeros periódicos exclusivamente literarios fueron: El pensamiento (1856), órgano de la Sociedad Literaria fundada ese año, y El céfiro (1866) y El crepúsculo (1870), editados por Manuel T. Gamboa y José María Alemán, respectivamente”

Otros escritores que destacaron posteriormente -hacia fines del siglo XIX varios, y otros también a principios de la República- fueron: Darío Herrera (1870-1914), Salomón Ponce Aguilera (1868-1945), Simón Rivas (1867-1914), Adolfo García (1872-1900), León A. Soto (1874-1902), Guillermo Andreve (1879-1940) y Nicole Garay (1873-1928). Todos ellos forman la primera línea modernista. Cabe destacar que Herrera es el primer panameño que publica un libro de cuentos: Horas lejanas (Buenos Aires, 1903), elogiado por la crítica de la época, si bien Ponce Aguilera es considerado como el primero que publica cuentos en periódicos y revistas, sobre todo en (cuentos que nunca fueron recogidos en libro). Y que Andreve, hombre de letras muy completo, gran promotor cultural, periodista y político, creó la revista literaria más importante de la época, en la que publica toda la generación modernistas: “El Heraldo del Istmo” (1904-1906).

La segunda hornada modernista estuvo integrada por: Ricardo Miró (1883-1940), Demetrio Fábrega (1881-1932), Aizpurua (1882-1953), Héctor Conte Bermúdez, Enrique Genzier (1887-1943), Hortensio de Icaza y Zoraida Díaz, (1881-1948), José María Guardia (1885-1948), entre otros. Todos publican en el ya mencionado ” El Heraldo del Istmo”, y después en la revista “Nuevos ritos” (1907-1917), de Ricardo Miró. La última floración de esa época corresponde a Gaspar Octavio Hernández ( (1893)- 1918), José Guillermo Batalla (1886-1962), Demetrio Korsi (1899-1957) y Santiago McKay, entre otros, Publican en la revista “Esto y aquello ” (1914-1915), dirigida por Geenzier y Santiago Benuzzi, y después por Hernández; más adelante lo hacen en la revista ” Memphis” (1916-1919).

Mención especial merece la figura de Ricardo Miró – quien también publicó cuentos, que fueron recogidos póstumamente en libro por el escritor y periodista Mario Augusto Rodríguez en Estudio y presentación de los cuentos de Ricardo Miró (1956), así como dos novelas y numerosos artículos dispersos en la prensa de su época- y cuyo prestigio le mereció en nombre de “Poeta de Panamá”. Sobre todo lo consagra el poema nostálgico y raizal ” Patria” (1909) Sus otros libros son: Preludios (1908); Los segundos preludios (1916); La leyenda del Pacífico (1919); Versos patrióticos y recitaciones escolares (1925); y El poema de la reencarnación (1929); Caminos silenciosos (1929); y Antología poética (1937).

Otra personalidad relevante de principios del siglo XX es María Olimpia de Obaldía (1891 – 1985), “representante femenina de nuestra poesía postmodernista”, según Ismael García S. Sus principales libros son: Orquídeas (1926); Breviario lírico (1930); y Visiones eternas(1961). También, de esta época, es importante destacar la obra de Demetrio Korsi, ya mencionado, con libros como: El viento en la fontana (1926), Cumbia (1936); El grillo que cantó sobre el Canal (1937); El grilloque cantó bajo las hélices (1942); Los gringos llegan y la cumbia se va (1953); y El tiempo se perdía y todo era lo mismo (1956); la obra de Demtrio Herrera Sevillano (1902-1950), con sus libros, Kodak (1937); Los poemas del pueblo (1939); La canción del esclavo (1947); y Ventana (1950); y Rogelio Sinán (1902-1998). De Sinán, iniciador de la vanguardia literaria en Panamá, y uno de los hombres de letras más completos del país, es obligatorio mencionar su breve pero importante obra poética: Onda (1929); Incendio (1944); Semana Santa en la niebla (1949) y Saloma sin salomar (1969). Como novelista: Plenilunio (1947) y La isla mágica (1977). Y como cuentista: A la orilla de las estatuas maduras (1946); La boina roja (1954); y El candelabro de los malos ofidios y otros cuentos (1982); Cuentos de Rogelio Sinán (1972). Como autor teatral de farsas infantiles: La cucarachita mandinga (1937) y Chiquilinga (1961).

Pese a los muchos problemas que siempre ha enfrentado el escritor panameño para sentirse incentivado en su quehacer creativo y, sobre todo, para publicar sus obras, la literatura de este país cuenta con un número importante de autores que han publicado libros o simples cuadernillos o folletos de calidad en los géneros Poesía, Cuento, Novela y Ensayo -en ese orden, tanto en cantidad como en calidad- y muy poco en Teatro. A continuación una lista, sin duda incompleta, de autores: cuyas obras reflejan esta panorámica: Entre los poetas, además de los ya mencionados: Ricardo J. Bermúdez (1914), sin duda uno de los más importantes poetas nacionales, con libros como: Adán liberado (1944), Laurel de cenizas (1951); Cuando la isla era doncella (1961); Con la llave en el suelo (1970); y Poesía selecta (1982). Muy destacada también Stella Sierra (1919-1997), con sus obras: Canciones de mar y luna (1944); Sinfonía jubilosa en doce sonetos (1944); Libre y cautiva (1947), posiblemente uno de los poemarios más perfectos y emotivos escritos por una mujer panameña; Cinco poemas (19499; el volumen antológico Poemas (1962); y Libre y cautiva. Verso y prosa: Obra escogida (1984).

Ante la imposibilidad de mencionar obras de todos los otros poetas (vivos y fallecidos) de interés, damos sólo sus nombres: María Esther Osses (1916- ?); Eduardo Ritter Aislán (1916); José Guillermo Ros Zanet (1930); Tristán Solarte (1934); Carlos Francisco Changmarín (1922); José Franco (1931), cuya obra cumbre es sin duda alguna su largo poema, publicado en múltiples ediciones: Panamá defendida (1959), uno de los poemas patrióticos de mayor raigambre popular e intelectual en torno a la presencia norteamericana en la antigua “Zona del Canal”; Alvaro Menéndez Franco (1933); Demetrio J. Fábrega (1932); Víctor M. Franceschi (1931- ?), Aristides Martínez Ortega (1936); José de Jesús Martínez (1929- ?), también un excelente dramaturgo; Pedro Rivera (1939) Roberto Luzcando (1939); Diana Morán (1932 – ?); Enrique Jaramillo Levi (1944); Manuel Orestes Nieto (1951), Pedro Correra Vásquez (1955- ?); Lucas Barcenas (1906-1992); Rosa Elvira Alvarez (1915- ?); Dimas Lidio Pitty (1941 ); Jarl R. Babot (1945); Ramón Oviero (1938), entre otros…

En la narrativa -novela y cuento- también son muchas las figuras sobresalientes, sobre todo en este último género. Además de Sinán, cabe nombrar a: José María Sánchez (1918-1973); Tristán Solarte; Renato Ozores (1910); Ramón H. Jurado (1922 – ?); Joaquín Beleño (1922- 1988); José María Núñez Quintero (1894-1990); Gil Blas Tejiera (1901-1975); César A. Candanedo (1906-1993); Moisés Castillo (1899-1974); Lucas Bárcena; Mario Riera Pinilla (1920-1967); Alfredo Cantón (1910-1967); Rodolfo Aguilera (1906- ?); José Isaac Fábrega (1900-1986); Gloria Guardia (1940); Enrique Chuez (1934); Ignacio de J. Valdés Jr. (1902-1959); Justo Arroyo (1936); Pedro Rivera; Moravia Ochoa López; Enrique Jaramillo Levi; Dimas Lidio Pitty; Bertalicia Peralta; Rafael Pernett y Morales; Rosa María Britton (1936), entre otros.

 

LECTURA Y ESCRITURA

  1. El informe

Certificar es asegurar la verdad de un hecho, por lo tanto la principal característica de estos documentos es la veracidad; deben ser, además, sencillos, claros y precisos. Se emplean para informar acerca de servicios prestados, de la conducta o costumbres morales; del estado o condiciones de un mercado o crédito personal, etc.

  1. Acta de una Reunión

Acta es el escrito en que se hace una relación o reseña de lo tratado y acordado en una junta, asamblea o acto de importancia.

Acta notarial es un composición similar que constituye un documento fehaciente extendido por un notario. Las actas corrientes, también llamadas minutas, son extendidas por un Secretario. Estos escritos se desarrollan de acuerdo con un plan ya establecido para el desenvolvimiento de la asamblea o la junta y que se llama orden del día. Generalmente el plan que sigue en esas reuniones es como el siguiente:

  • Apertura
  • Pase de lista
  • Lectura del acta de la sesión anterior
  • Informa de las comisiones
  • Proposiciones y discusión de las mismas
  • Acuerdos y resolución
  • Clausura

 

  1. El Memorando

El volante o memorándum es una comunicación abreviada escrita en un papel de menor tamaño que el empleado para las cartas; sirve para dar informes breves, ya de acuse de recibo o conformidad con una cantidad o documento incuso; carece de despedida.

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Citar este texto en formato APA: _______. (2013). WEBSCOLAR. Evolución de la Literatura Española, Literatura Panameña y Fundamentos de Lectura – escritura. https://www.webscolar.com/evolucion-de-la-literatura-espanola-literatura-panamena-y-fundamentos-de-lectura-escritura. Fecha de consulta: 5 de abril de 2020.

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