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El tabernaculo

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I          EL TABERNÁCULO

 

A. SU ORIGEN

 

Previa al proyecto del Tabernáculo, “Mishkan” no aparece ninguna solicitud divina de construcción de un edificio o elemento de adoración a Dios, o de objeto que sedentarice al pueblo judío. Tampoco hay un pedido divino para que el hombre “recree” el acto de la Creación en el mundo. Se inaugura así una labor precisa que impondrá al pueblo un momento de introspección creadora, hecho que se repite, ya que a Noah se le indica construir el arca (que no es el Arca de la Alianza ni tiene la función de adoración a Dios), que lo lleva a un momento de retiro y crecimiento interno. Hay una renovación del hombre simple, que es elegido, y construye ese refugio ante el Diluvio. También hay una transformación en el pueblo de Israel durante el Éxodo, el mismo silencio, el mismo llamado de introspección, a pesar de estar en marcha. En este caso, nuevamente, la concentración y aquietamiento de la mente en una labor comunitaria que une a distintas tribus con el objetivo supremo de generar un espacio de comunión con Dios y celebración de la Alianza que se consolidó en el Sinai. Las tribus serán: Rubén, Simón, Iehudá, Isajar, Dan, Naftali, Gad, Asher, Efraim, Menashe y Benjamin. La tribu de Levi estaba al servicio de Dios y no se cuenta entre las otras tribus. Al mismo tiempo, esta construcción material, física y concreta, no será el lugar de residencia de Dios a nivel real, pero sí simbólico, como lo afirman los Midrash, que apartan el sentido literal de su construcción, antecesor de espacios de culto definidos en las religiones del Libro.

 

El Tabernáculo, Construido Por Mandato De Dios, era una tienda rectangular apoyada por una armazón de madera. Como estaba recubierta de tela y pieles de animales, era portátil; correspondía a los levitas plantarla, levantarla y transportarla. Una vez que se estableció, la columna de humo reposó sobre el Tabernáculo. Dos aposentos, uno más pequeño que el otro, constituían la parte interior, rodeada por el atrio del Tabernáculo. El aposento menor era el Lugar Santísimo; en él se entraba únicamente el día de la expiación, y sólo el Sumo Sacerdote podía entrar. En el Lugar Santísimo estaba el arca con el propiciatorio y los querubines. Todo estaba recubierto de oro. El aposento grande era el “Lugar Santo”, en donde se hallaban el altar del incienso, la mesa con los panes de la proposición y el candelabro de oro. El santuario se empleaba para el culto de cada día.

 

 

B. DIVERSOS TEMPLOS

 

Hubo tres templos judíos, todos en Jerusalén, y todos más o menos en el mismo terreno.

 

1. Templo de Salomón

 

El primero fue el de Salomón. David había pensado edificarlo; reunió materiales y compró el terreno (1 Crónicas 22: 7-8; 2 Samuel 24:18-35), pero Dios le prohibió hacerlo. El rey Salomón inició la construcción en el cuarto año de su reinado y la terminó unos siete años más tarde. Fue edificado en el sitio que hoy ocupa la mezquita llamada “Mezquita de la Roca”. La arqueología no ha descubierto restos del Templo de Salomón.

 

 

El Templo de Salomón se describe en 1 Reyes 6-7 y 2 Crónicas 3-4. (Tiene claras semejanzas con el templo de Ezequiel, una visión que nunca llegó a realizarse y que aparece descrita en Ezequiel 40-43.) Era rectangular, y estaba orientado de este a oeste. Era de pequeñas dimensiones: medía, por dentro poco más de 31 m. de largo, y más de 10 de ancho. En el atrio interior había un altar de bronce para las ofrendas quemadas (1 Reyes 8:22, 64; 9:25). El lavatorio de bronce (“mar de bronce” -1 Reyes 7:23-26) era una gran pila circular de más de cinco metros de diámetro. Estaba sostenida por doce bueyes de bronce dispuestos en cuatro grupos de tres, cada uno de los cuales miraba a un punto cardinal diferente. Se hallaba entre el altar de bronce y el pórtico. Respecto a la posterior eliminación de los bueyes, véase 2 Reyes 16:17. La entrada del Templo estaba embellecida por puertas decoradas, a cuyos lados había dos columnas de bronce llamadas Jaquín y Boaz (1 Reyes 7: 21; 2 Crónicas 3:15-17). Más allá de las puertas estaba el pórtico, luego el Lugar Santo, y finalmente el Lugar Santísimo.

 

El-pórtico tenía unos 10 m. de ancho y cinco de fondo; el Lugar Santo, en donde se llevaban a cabo los ritos corrientes, tenía unos 20 m. de largo y diez de ancho, y estaba separado del pórtico por puertas de ciprés. E1 Lugar Santo recibía luz a través de unas ventanas cerca del cielorraso (1 Reyes 6:4), y en este aposento se hallaban el altar del incienso, 1a mesa de los panes de la proposición y cinco pares de candeleros, todo recubierto de oro. Puertas de madera, también de ciprés, daban al Lugar Santísimo, al cual según parece se entraba una sola vez al año, en la fiesta de la expiación. Este aposento, que medía unos 10 m. en cuadro, era un cubo perfecto. Contenía dos querubines de madera, que medían unos 5 m. de alto, y el arca del pacto. E1 ala izquierda de un querubín tocaba el ala derecha del otro, y debajo de ellas estaba el arca (1 Reyes 6:23-28); las otras alas tocaban uno y otro lado del aposento. La presencia de Dios en el Lugar Santísimo estaba simbolizada por una nube (1 Reyes 8: 10).

 

 

Las paredes, las puertas y los tableros estaban recubiertos de oro. Se empleó mucho cedro del Líbano, y los fenicios ayudaron en la construcción (1 Reyes 5:10, 18; 7:13-14). La obra de cantería no era visible. Por todas partes debían verse oro y ornamentación. Los aposentos del alto probablemente estaban destinados a la vestimenta sacerdotal, y se empleaban como depósitos seguros para las ofrendas. El plano del Templo de Salomón era semejante al que damos más abajo.  Desdichadamente el Templo de Salomón no fue respetado. Sisac de Egipto confiscó los tesoros del templo (1 Reyes 14:26) durante el reinado de Roboam, hijo de Salomón. En años posteriores se emplearon los tesoros del templo para aplacar a los enemigos (1 Reyes 15:18; 2 Reyes 16: 8, etc.). Además, el paganismo (ídolos, un altar extraño) se introdujo en el recinto sagrado (2 Reyes 16:17; 21:4; 23:1-12). En el siglo VII Josías reparó el Templo cuando el pueblo aportó los fondos necesarios para ello (2 Reyes 22:4). En el siglo vi Nabucodonosor confiscó todas sus preciosas posesiones y lo destruyó. Pero el sitio continuó siendo sagrado para los judíos (Jeremías 41:5).

 

2. Templo de Zorobabel

 

Tras el exilio babilónico, judíos fieles reconstruyeron el templo. Este segundo templo se mantuvo en pie más de quinientos años. Algunos tesoros que Nabucodonosor se había llevado fueron devueltos por los exiliados que volvían, allá por el 567 A.C. Ciro otorgó permiso para reconstruir el Templo. El libro de Esdras cuenta la historia (véase también Hageo, Zacarías, Nehemías), Zorobabel, gobernador de Jerusalén, apoyó el plan, por lo cual a veces el segundo templo se conoce como Templo de Zorobabel. Se inauguró en 515. Medía unos 10 m. de largo y unos 24 de alto.

En el libro apócrifo de 1 Macabeos, hay una descripción de parte del mobiliario (1 Macabeos 1: 21-23; 4: 4951). Pero no fue posible volver a colocar en el nuevo templo el arca del pacto, pues durante el exilio se perdió y jamás se volvió a hallar; de modo que el Lugar Santísimo quedó vacío. Sólo una cortina separaba el Lugar Santísimo del Lugar Santo. En el Lugar Santo, un candelabro de siete brazos ocupó el sitio de los diez candeleros de Salomón. Pero la nueva casa de Dios fue sin duda inferior en belleza y perfección a la de Salomón, aunque era aproximadamente del mismo tamaño. El segundo templo fue profanado en el siglo JI A.C. (1 Macabeos 1:54), pero poco después fue purificado por los macabeos (1 Macabeos 4:36-59), quienes también lo fortificaron para defenderlo de ejércitos enemigos.

 

3. El Templo de Herodes

 

Herodes el Grande, como maniobra política, edificó el tercero y último templo. En realidad fue una reconstrucción y no un edificio enteramente nuevo, aunque se amplió bastante el terreno que ocupaba (llegó a tener unos 500 X 300 m.). La construcción se inició en 19 A.C. y su parte principal quedó terminada diez años después, aunque se continuó trabajando durante algún tiempo (v. Juan 2:20). El plano completo era semejante al que damos un poco más abajo. El enorme terreno del templo estaba rodeado de piedras que medían hasta 5 m. de largo y poco más de un metro de alto. ¡Con razón las admiraban! (Marcos 13:1). Aún se conservan restos de ese muro; también hay restos de algunas de las puertas. Quizá la puerta del Este haya sido la Hermosa de Hechos 3; la ornamentación de las puertas es de bronce, en estilo corintio. En la esquina noroeste estaba situada la fortaleza Antonia; los procuradores se alojaban en ella cuando estaban en la ciudad y allí había una guarnición de soldados para sofocar cualquier tumulto que surgiera (como el de Hechos 21).

 

Bordeando el terreno del Templo, pero dentro de los muros, había un pórtico; los lados del sur y el este eran respectivamente llamados Pórtico Real y Pórtico de Salomón (Hechos 3:11). En los diversos pórticos tenían sus mesas los cambistas (Juan 2:14-16), y era también allí donde los escribas disputaban y enseñaban. Más allá del pórtico y rodeando toda la parte principal del templo, se hallaba el atrio de los gentiles. Entre éste y la parte interior había una balaustrada con letreros en griego y latín en que se advertía a los gentiles, bajo pena de muerte, que estaba prohibido pasar la balaustrada. Dos de esos letreros han aparecido. A la entrada del atrio de las mujeres había arcas destinadas a recoger dinero para los gastos del culto (Marcos 12:41-44). Dentro del atrio de los sacerdotes estaba el altar hecho de piedra bruta. El plano general del templo era el mismo del de Salomón. El velo de Mateo 27:51 y Marcos 15:38 dividía el Lugar Santo del Santísimo. El Lugar Santo medía unos 20 m. de largo, 10 de ancho y 20 de alto; el Lugar Santísimo medía unos 10 m. por cada lado, y 20 de alto. En los lados norte, sur y oeste había tres pisos de habitaciones.

 

 

La perfección y belleza del Templo no habrían de ser admiradas mucho tiempo, pues en el año 70 D.C, los romanos lo destruyeron (y no ha vuelto a ser reconstruido) y se llevaron a Roma sus objetos de oro como símbolo de su victoria militar. La palabra “sinagoga” significa “unión o reunión”. Su origen Sinagoga se pierde en la bruma de los tiempos, pero es probable que existiera durante el exilio. En ese tiempo los judíos han de haber querido tener sitios en donde reunirse, ya que no era posible acudir al Templo de Jerusalén. Hasta es posible que las sinagogas o sus antecedentes existieran antes del exilio. Pero la más antigua prueba arqueológica procede del siglo III A.C., y consiste en una inscripción relativa a una sinagoga egipcia cerca de Alejandría. La palabra “sinagoga” en Salmo 74:8 quizá se refiera a la misma clase de institución. Según parece, en un tiempo fue costumbre edificar las sinagogas sobre colinas. Pero en tiempos del Nuevo Testamento, siempre que era posible se construían junto a algún río (Hechos 16:13), sin duda porque esto facilitaba el administrar los ritos de purificación. El diseño arquitectónico solía incluir tres puertas frontales y un vestíbulo con columnas, que conducía al santuario rectangular.

El santuario también tenía columnas. Había una galería destinada a las mujeres, a quienes no se les permitía sentarse junto con los hombres en la planta baja del santuario. Separado por una cortina, había un aposento destinado a guardar los rollos de la Tora (Ley), cubiertos de lino. Los ancianos se sentaban en la plataforma, en la cual había también una mesa para la lectura, desde la cual, sentado, un varón exponía las Escrituras. En la sinagoga había también lámparas, trompetas y cuernos que se empleaban en días especiales. El culto en la sinagoga incluía una extensa oración por un ayudante, durante la cual la congregación se mantenía en pie, mirando hacia Jerusalén. Siete miembros de la congregación pasaban adelante a leer los pasajes correspondientes al día. Era costumbre leer toda la Tora cada cierto número de años, pero también se usaban otras partes del Antiguo Testamento. En la época del Nuevo Testamento cada versículo se leía en hebreo y luego se traducía al arameo. Después de la lectura señalada, se elegía una porción de los Profetas y se leía, después de lo cual era explicada por un voluntario, o por algún encargado (Marcos 1:21, 39; Hechos 13:5, etc.). Finalmente había una bendición, a menudo a cargo de un sacerdote. Sólo gradualmente los actos del culto fueron asumidos por encargados oficiales (v. Hechos 13:15; Lucas 4:20; Hechos 22:19). El culto de la sinagoga, a diferencia del Tabernáculo y el Templo, giraba en torno a la palabra hablada, y no a la ceremonia; ello estimulaba un clima espiritual más lleno de vida.

 

 

C. SU ESTRUCTURA

 

Tenía dos divisiones:

  • una llamada el santo, de 20 codos de largo y contenía el candelero de oro de siete brazos, la mesa de los panes de la proposición u ofrenda y el altar en que quemaban los perfumes o inciensos.
  • el sancta sanctorum o santuario en el que estaba el arca de la alianza.

Un velo precioso suspendido de cuatro columnas de madera cubiertas de láminas de oro separaba el santuario. Éste se hallaba también cerrado por delante con otro velo.

El espacio que rodeaba el tabernáculo se llamaba atrio. En éste, enfrente de la puerta del tabernáculo estaba el altar de los holocaustos en que se quemaba la carne de las víctimas. Y había además un gran vaso o concavidad llena de agua llamada mar de bronce en donde los sacerdotes se lavaban las manos antes de ejercer las funciones de su ministerio. Había un atrio llamado de los gentiles donde estaban los que acudían a adorar a Dios y no eran judíos. La fiesta de los tabernáculos llamada Scenopegia era una de las principales solemnidades de los israelitas. Se celebraba en el mes de tisri y duraba siete días durante los cuales habitaban bajo tiendas y enramadas en memoria del tiempo en que sus padres habían vivido bajo ellas antes de entrar a la tierra de promisión. Se ofrecía en cada uno de estos días un cierto número de víctimas en holocausto y un macho cabrío en sacrificio.

 

 

 

 

 

 

1. La Puerta Del Atrio

 

Rodeando al tabernáculo había un patio, un recinto de ochenta y siete pies por ciento setenta y siete (26,52 m x 53,98 m), con una abertura en el lado oriental, llamada “la puerta”. Esta puerta era la línea de entrada a la presencia de Dios. Los géneros, colores y el diseño de ella correspondían a la entrada del lugar santo y la del velo que ocultaba el Lugar Santísimo. Además, en aquel atrio se podía ver una fuente de bronce, en que el sacerdote tenía que lavarse las manos y los pies antes de brindar algún servicio. Después que se lavaba sus manos e iniciaba su labor con aquellos sacrificios, algunas veces entraba al Lugar Santísimo, la tienda que se veía después de la fuente, el día de la creación.

 

 

2. Atrio

 

El tabernáculo se encontraba en la mitad occidental del atrio cu­yas dimensiones eran de 100 x 50 codos, los lados más largos orien­taban de Este a Oeste (Éxodo 27:9 -19). La puerta del tabernáculo miraba hacia el Este. El atrio estaba circundado por una cortina de lino de cinco codos de altura sostenida por columnas. Había una abertura para una puer­ta, de veinte codos de ancho, ubicada en el centro en el extremo.

 

 

3. Las Estacas

 

Las estacas eran hechas de bronce (cobre) y sujetaban tanto las columnas del atrio como las del tabernáculo. Se enterraban profun­damente en la tierra y parte de ellas quedaban descubiertas, esto representa a Cristo en su muerte y resurrección.

Las cuerdas que iban de las columnas hasta las estacas y en el caso del tabernáculo, de las tablas hasta las estacas, eran de lino. ¡Qué cuadro tan maravilloso! Pues de la misma forma, la iglesia está sujetada firmemente a Jesu­cristo por esas cuerdas de su amor, de las que obtenemos firmeza y seguridad de que no caeremos y nada nos puede mover ni separar. Pablo hizo una declaración en Romanos 8:35-39: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo porvenir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá sepa­rar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”.

Fue el amor de Dios hacia toda la humanidad lo que llevó a Cristo Jesús hasta la tumba (Juan 3:16). Aquellas columnas estaban asegu­radas por todas partes para que ni una de ellas tuviera la más mínima oportunidad de caerse. De no estar esas cuerdas amarradas de las columnas a las estacas, se caería todo el tabernáculo con el viento más leve. Obviamente es el amor de Dios lo que sostiene a cada cristiano y lo mantiene unido a EL. “Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, di­ciendo: “Con amor eterno te he amado: por tanto, te prolongué mi misericordia”. Jeremías 31:3. En Oseas 11:1 se profetiza de la llegada de Cristo y esto se com­para con su cumplimiento en Mateo 2:15. Así podemos entender el versículo de Oseas 11:4 que se refiere a Cristo, cuando dice: “Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor”. “¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra”. Salmo 119:9. “Acerquémonos con corazón sincero, en plena certi­dumbre de fe, purificados los corazones de mala con­ciencia, y lavados los cuerpos con agua pura”. Hebreos 10:22. En el nuevo pacto, el creyente salvado por el sacrificio de Jesu­cristo, entra en el sacerdocio, al que pertenecen todos los miembros de la Iglesia de Cristo, para servir a Dios, y por lo tanto tiene la necesidad de ser purificado cada día si quiere estar en comunión con Él, pues dice en Hebreos 12:14: “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor”. Basta decir aquí que los sacerdotes habían de lavar sus manos y pies antes de realizar los actos de servicio en aquel santo lugar para que no murieran. Observamos una vez más la necesidad de la pureza en todo lo relacionado con el servicio del Señor. La labor de los sacerdotes al lado de aquel altar de bronce (holocaustos) incluía el trato de los animales con sus manchas. Por esta razón debía parar junto a la fuente con el fin de llegar con sus manos y pies limpios a la mesa de los panes, al candelero y al altar de incienso.

 

 

 

4. La Tienda

 

El tabernáculo de la congregación o tabernáculo de reunión, también era llamado Tabernáculo del Testimonio, o más correcta­mente tienda de reunión.

En su significado técnico más estricto, el término tabernáculo se refiere a un conjunto de cortinas de lino, que cuando se colocaban alrededor de una estructura de bastidores de madera formaban la morada de Dios.

 

 

5. Cubierta De Lino Torcido

 

La primera cubierta de la tienda estaba constituida por diez cortinas, con primorosos bordados azules en el centro. Estas diez corti­nas estaban elaboradas de lino torcido, azul, púrpura y carmesí. Una vez más nos encontramos aquí con el carácter celestial de Jesús, sim­bolizado por el color del cielo, de donde vino y a donde nos habrá de llevar.

“No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no Juera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis”. Juan 14:1-3.

 

El lino era una planta textil de la familia de las lináceas; medía alrededor de cincuenta centímetros de altura. A los cuatro meses de plantada, se recogía y los tallos se ponían a secar al sol. Su fibra leñosa producía unas hebras muy finas, que después de un proceso de maceración, se podían cardar, peinar, hilar y tejer. Este era el lino que se usaba para el tabernáculo incluyendo la vestidura de los sacer­dotes. Cristo fue crucificado después de un proceso de burlas, azotes y aun blasfemias. Esta planta era cortada cuando comenzaba a flore­cer. Jesucristo murió, cuando estaba en su juventud. Aunque esta cortina tenía diferentes colores como leemos en el texto, a cierta distancia lucía totalmente blanca pero al acercarse se podían notar los otros colores celestiales: azul, púrpura y carmesí. Es solo cuando uno se acerca a la justicia de Cristo que se obtiene la esperanza celestial.

 

“La justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él Porque no hay diferen­cia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Je­sús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús”. Romanos 3:22-26.

La justicia de Cristo es la cobertura de la iglesia Esta cobertura era hecha de diez cortinas y cada una medía 28 codos de largo por 4 de ancho. En esta cortina se observa la gloriosa Deidad: Padre, Hijo y Espí­ritu Santo.

 

La cubierta de pieles de cabra era la segunda cubierta y fue hecha de pelo de cabra. Existen algunas diferencias entre esta cortina y la primera, mayormente en los materiales. Esta es más grande que la primera, que tenía diez cortinas da una medía 4 codos de ancho por 28 de largo. Esta segunda cubierta tenía once cortinas y cada una medía 4 codos de ancho por 30 de largo. La primera tenía cincuenta corchetes de oro y esta tenía cincuenta corchetes de bronce. Aunque algunos opinan que eran ca­bras negras o blancas, el color no era importante, pues no se mencio­na aquí. Lo que sí es importante es que el pelo era de cabra, pues era un animal de ofrenda por los pecados: “Y a los hijos de Israel hablarás diciendo: Tomad un macho cabrío para expiación, y un becerro y un cordero de un año, sin defecto, para holocausto”. Levítico 9:3.”Un macho cabrio para expiación”. Números 7:22.

 

Además, el pelo era símbolo de separación. Cuando se hacía un voto nazareo, era para estar separado de todo lo que era profano o mundano para llevar a cabo un propósito divino, como en el caso de Sansón: “E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo ¡o dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza”. 1 Samuel 1:11.

Además, las mujeres que hilaban el pelo de cabra para esta cubierta fueron aquellas impulsadas por su corazón para este trabajo: “Y todas las mujeres cuyo corazón las impulsó en sabiduría hilaron pelo de cabra”. Éxodo 35:26. Cristo no fue obligado a llevar a cabo el sacrificio por nuestros pecados, sino que lo hizo voluntariamente, fue un deseo de su cora­zón. Dios no quiere que lo que hagamos sea por obligación sino por­que lo sentimos en el corazón. “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Se­ñor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís”. Colosenses 3:23,24.

Para la consagración de los sacerdotes se ofreció también un ma­cho cabrío: “Y a los hijos de Israel hablarás diciendo: Tomad un macho cabrío para expiación, y un becerro y un cor­dero de un año, sin defecto, para holocausto”. Levítico 9:3. “¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?” Hebreos 9:14.

“Y por esto también gemimos, deseando ser re­vestidos de aquella nuestra habitación celestial”.  2 Corintios 5:2. La razón por la cual esta cubierta era más grande que la pri­mera, era que debía cubrirla. Se extendía por la parte de atrás del tabernáculo y por los lados y al frente; esa sexta cortina se dobla­ba hacia atrás, de manera que quedaba doble. Ese doblez era importante, porque pone un énfasis en lo que representa, en este caso, el perdón de nuestros pecados por Cristo Jesús, el que se ofreció a sí mismo para quitar nuestros pecados. Los corchetes en esta cortina eran de bronce en vez de oro, pues bronce es tipo de juicio y fue sobre Cristo que cayó el juicio de Dios.

 

     

 

 

6. La Cubierta De Pieles De Carnero Teñidas En Rojo

 

Encima de la tienda iba una cubierta de pieles de carneros curtidos “teñidos de rojo” y sobre esta una cubierta de “piel de tejones”. Estas cortinas se extendían sobre la parte superior posterior y los dos lados de un armazón formado por cuarenta y ocho unidades, cada una de ellas de diez codos de altura y uno y medio de ancho.

“Harás también a la tienda una cubierta de pieles de carneros teñidas de rojo, y una cubierta de pieles de tejones encima”. Éxodo 26:14. Esta cobertura simboliza la expiación, pues el rojo, como ya vi­mos, representa la sangre de Cristo derramada en la cruz del Calva­rio y lo señala a Él como “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. Juan 8:46.

Las pieles de carneros de esta cubierta estaban teñidas de rojo. Los carneros eran utilizados en los sacrificios como ofrenda de susti­tución; fue un camero el que sustituyó a Isaac cuando iba a ser sacri­ficado por su padre Abraham. “Entonces alzó Abraham sus ojos y miró, y he aquí a sus espaldas un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos; y fue Abraham y tomó el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo”. Génesis 22:13. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Juan 3:16.

 

Fue necesario el derramamiento de sangre para hacer esta cubierta: “Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión”. Hebreos 9:22.

El carnero era también tipo de consagración y se usaba en la consagración de los sacerdotes. Cristo fue consagrado hasta la muerte. El rojo es tipo de la sangre de Cristo.

 

7. La Cubierta De Pieles De Tejón

 

Las pieles de tejones formaban la última cubierta. Esta estaba expuesta a todas las inclemencias del tiempo. No tenía ninguna belle­za y casi ningún color, y era oscura. Para poder ver la belleza de esta tienda había que entrar en ella, pues su exterior no era codiciable: “Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos. Des­preciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que es­condimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos”. Isaías 53:2,3. Esta piel no era atractiva, pero sí costosa, pues no abundaba mucho y era una buena protección; se usaba para elaborar calzados. “Y te vestí de bordado, te calcé de tejón, te ceñí de lino y te cubrí de seda”. Ezequiel 16:10.

Para esta cubierta también fue necesaria la muerte de los animales, los cuales se cree que eran focas. Así como esta cubierta resistía todo tipo de clima, el sol candente, lluvias, vientos, también Cristo resistió todo ataque de Satanás y aun murió para ser nuestra protección. “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”. Juan 16:33. Tendremos aflicción en este mundo, pero Cristo es nuestra cober­tura. Como ya mencionamos, esta cubierta era sin medida, así como la protección de Cristo, que es inmensurable. ¡Qué maravilloso! Cristo sufrió todo tipo de ataque y tentación hasta la cruz, pero fue sin pecado. Ahora lo que tenemos que hacer es permanecer bajo la cobertura de Él. Creo que el salmista describe muy bien el tabernáculo con aquellas cubiertas; las primeras dos parecían dos alas cada una: “Yo habitaré en tu tabernáculo para siempre; estaré seguro bajo la cubierta de tus alas. Selah”. Salmos 61:4.

“Ten misericordia de mí, oh Dios, ten misericordia de mí; porque en ti ha confiado mi alma, y en la sombra de tus alas me ampararé hasta que pasen los que­brantos”. Salmos 57:1.

“Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas esta­rás seguro; escudo y adarga es su verdad”. Salmos 91:4.

 

Hagamos un recorrido rápido de estas cubiertas y sus simbologías.

  • El lino con todos sus colores y querubines: Nuestro Señor viene del cielo.
  • El pelo de cabra: Cristo es consagrado para la expiación.
  • La piel de carnero teñida de rojo: Cristo derrama su sangre por nuestros pecados.
  • La piel de tejones: Cristo es nuestra cobertura de los ataques del enemigo.

 

8. La Puerta

 

La tienda estaba compuesta de dos compartimientos, el primero se denominaba “lugar santo”. A la entrada de éste por el lado oriental había una puerta del mismo material y colores que la del atrio y la del velo, pues tenía su relación con éstas.

 

 

9. El Velo

 

El velo era una cortina que dividía las dos habitaciones sagra­das del tabernáculo: El lugar santo y el Lugar Santísimo, simboli­zan la separación que hay entre Dios y los hombres por el pecado.

 

10. El Lugar Santísimo

 

Llevaba los nombres del pueblo en su pectoral y sus hombros haciendo reconciliación por sus pecados. Esto representaba la más alta y profunda comunión del alma con Dios. Esta cámara interior es el lugar secreto del Altísimo, donde podemos entrar ahora por medio de la sangre de Jesús, abierta para todos desde la muerte del Salvador, y que derrama su luz y su gloria sobre nuestras vidas.

 

 

D. SUS ACCESORIOS

 

 

 

 

1. El Altar de Bronce (Éxodo 27:1-8)

 

Es el primer objeto que se encontraba al entrar al atrio. Sus dimensiones eran: 5x5x3 codos, de manera que era cuadrada, símbolo que recuerda el alcance universal del Sacrificio de la Cruz (4 vientos, 4 puntos cardinales, etc.). El altar es una figura de Cristo (madera de acacia, o de Sittim), pero de Cristo como objeto de juicio de Dios sobre el pecado (bronce) (ver Números 16:36-40). La finalidad esencial del altar era la de ser el lugar donde se ofrecía los sacrificios y se vertía la sangre, la única que hacía expiación sobre el altar por las almas (Levítico 17:11; ver también Hebreos 9:22: n2”Sin derramamiento de sangre no se hace remisión). El altar nos habla de Cristo; los sacrificios nos hablan de Cristo, el sacerdote nos habla de Cristo. El conjunto de lo que sucedía en el altar nos presenta la cruz. Dos verdades fundamentales se desprenden del altar de bronce y de los sacrificios que eran ofrecidos en él.

 

  1. La necesidad de la sangre para quitar el pecado. Esta verdad es puesta en evidencia desde Génesis hasta Apocalipsis: “La paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23); la sangre derramada nos habla de la muerte del culpable o de una víctima ofrecida en su lugar. No hay otro medio para quitar el pecado de delante de Dios;

 

  1. La doctrina esencial de la sustitución: según el pensamiento de Dios, una víctima sin defecto puede ser ofrecida en lugar del culpable, tal el carnero ofrecido en lugar de Isaac (Génesis 22), o el cordero de la Pascua que murió en lugar del primogénito (Éxodo 12). “Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos” (1 Pedro 3:18); “al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado” (2 Corintios 5:21).

 

La rejilla de bronce del altar, la que soportaba el fuego del juicio, nos recuerda también a Cristo, quien pasó a través del fuego del juicio de Dios. Al ser así sondeado en todo su ser, no manifestó más que sus propias perfecciones.

 

Los sacrificios eran ofrecidos sobre el altar: holocausto, ofrendas vegetales, sacrificios de peces, sacrificios por el pecado o por la culpa (Levítico Caps. 1 al 7). Detengámonos un momento en el sacrifico por el pecado, tal como es presentado en Levítico 4:27-35. He aquí un ejemplo de un israelita que, habiendo desobedecido uno de los mandamientos de Jehová, “se hiciere culpable” (V.M), y que luego consiente de su pecado. Es el Espíritu Santo el que convence de pecado por medio de la Palabra. Durante mucho tiempo un hombre puede permanecer indiferente a los pecados que cometió, así como también a su estado de pecado delante de Dios, pero llega un momento en que, en su gracia, Dios interviene por medio de su Espíritu para producir en él ese sentimiento de culpabilidad. ¿Qué debe hacer entonces? El israelita debía: “traer su ofrenda” una cabra o un cordero sin defecto. No bastaba saber como debía proceder para que el pecado fuese perdonado, sino que era preciso traer efectivamente una ofrenda: Ir a buscar en su rebaño un animal sin defecto y atravesar todo el campamento para conducirlo hasta la puerta del atrio para llevarlo al altar. Llegado ahí, el israelita debía poner su mano sobre la cabeza del sacrificio, colocando así sobre esta víctima inocente y sin defecto, el pecado del cual se había reconocido culpable. Luego, él mismo debía degollar la víctima. Es preciso que un o personalmente a la cruz, que reconozca su pecado, que acepte que este haya sido llevado por la Víctima santa, “sin mancha y sin contaminación” (1 Pedro 1:19), castigada por el juicio de dios en lugar del pecador.

 

El Sacerdote tomaba la sangre de la víctima, la ponía sobre los cuernos del altar y vertía el resto al pie del altar; luego quemaba la grasa y hacía propiciación por el culpable. Este sacerdote nos habla de Cristo, quien lo hizo todo por la purificación del pecador. La Palabra declara entonces formalmente en dos ocasiones: “y será perdonado”. El israelita podía volver a su tienda con la seguridad de haber sido perdonado, no porque sintiera algo en sí mismo, sino porque estaba escrito en la Palabra inspirada: “Y será perdonado”. Igualmente hoy, la obra de Cristo nos da la seguridad de la Salvación, pero es la Palabra de Dios la que nos da la certidumbre de ello: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna” (Juan 3:36; ver también Hebreos 10:10 y 14). Si alguien no esta seguro de su salvación, tome su Biblia y bajo la mirada de Dios acepte lo que esta escrito y créalo. Para los holocaustos (Levítico 1) el israelita que se acercaba al altar debía también “poner su mano sobre la cabeza del holocausto”. En este caso no se trataba de ser perdonado; aquel que traía la ofrenda ya estaba perdonado, pues precedentemente había tenido que traer un sacrificio por el pecado. Ofrecía este holocausto como prueba de agradecimiento y de adoración. De alguna manera los méritos de aquella. Dios “nos hizo aceptas en el Amado” (Efesios 1:6). Dios ve a los suyos en Cristo; a causa del holocausto que sube “a Dios en olor fragante” (5:2).

 

2. La Fuente de Bronce (Éxodo 30:17-21; 38:8)

 

La Fuente de Bronce, cuyas dimensiones no nos han sido dadas, estaba situada entre el altar de Bronce y el Tabernáculo. No servía para ofrecer sacrificios, sino para lavarse en ella, lo que Aarón y sus hijos debían hacer cada vez que entraban al altar para ofrecer un sacrificio. En Juan 13 el Señor Jesús mismo nos muestra la significación de la Fuente de Bronce. Al celebrar la ultima cena con sus discípulos, Él se levanta de la mesa y se pone a lavar los pies de ellos. Pedro no quería que lo hiciese con él, pero Jesús le dice: “El que esta lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues todo esta limpio”.

 

Para aquel que tiene todo el cuerpo lavado, es decir, que ha pasado por el nuevo nacimiento a la conversión no es necesario repetir lo ha sido cumplido una vez para siempre (Tito: 3:5); pero ocurre demasiado a menudo que el creyente, a causa de la carne que está aun en él, ha pecado, ha manchado sus pies en el camino. No se trata entonces de ser “convertido” de nuevo, sino de que sus pies sean lavados. El Señor muestra por medio de la Palabra en que se ha faltado; luego es preciso confesar su falta a Dios (1 Juan 1:9) y recordar que por ese pecado Cristo murió (véase también la figura de la novilla roja en Números 19). Una vez que el rescatado lavó así sus pies, puede tener parte con el Señor, es decir, gozar de la comunión con Él. Pregunto ¿Por qué no practicamos en el Templo?

 

En efecto: cuando un creyente ha faltado, la comunión con el señor se interrumpe. No hay más gozo, ni gusto por la Palabra. La salvación no se pierde. La vida eterna está siempre allí, pero hay una nube. Es necesario pues, volver al Señor, confesarle la falta, discernir sus causas juzgándose a uno mismo, recordar la eficacia de sus sacrificios, y entonces es cuando uno es restaurado. Pero recordemos siempre que todos los recursos están a nuestra disposición para no ceder al pecado, tal como lo escribe el apóstol Juan: “Estas cosas os escribo para que no pequéis” (Juan 2:1).

Es importante realizar cada día ese juicio de nosotros mismos y ese lavamiento de los pies; pero, así como los sacerdotes debían hacerlo antes de entrar en el santuario o antes de acercase al altar, es particularmente importante que lo hagamos, cada uno para sí, antes del culto y antes de tomar parte en la cena, según la enseñanza de 1 Corintios 11:26-32. En esos versículos se nos revela que cualquiera que come el pan o bebe la copa del Señor indignamente será culpable respecto del cuerpo y de la sangre del Señor. Pero no se agrega que a causa de la mancha del camino sea menester para abstenerse de la cena; al contrario, se añade: “pruébese cada uno así mismo, y coma así”. Antes de entrar en el santuario, juzgarse a sí mismo, pasar por la fuente de bronce, y así comer. Con un profundo sentimiento de lo que es la gracia que, a causa únicamente de la obra de Cristo, nos permite acercarnos, se participará en el memorial de su muerte para responder a su último deseo. Descuidar el diario juicio a nosotros mismos y participar de la cena en tal estado nos expone a juicio del Señor. Así muchos en Corinto estaban débiles, enfermos o incluso dormían, es decir, estaban muertos; pero vemos en ello una enseñanza también moral, pues si dejamos de enjuiciarnos a nosotros mismos y tomamos la cena con ligereza (abstenerse en tal vez aún más grave), estaremos espiritualmente débiles, o enfermos (¡Una oveja enferma se aparta del rebaño!), o incluso seremos vencidos por el sueño espiritual (Efesios 5:14). Si tal es el caso, cuan importante es despertarse, “levantarse de los muertos” (V.M) para reencontrar la luz de la faz de Jesucristo.

 

La Fuente de Bronce había sido hecha con los espejos de las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo de reunión (Éxodo 38:8). Ello configura una doble enseñanza:

 

  • Los espejos nos hablan, según Santiago 1:23, de la Palabra de Dios, la cual pone en evidencia nuestras faltas, la suciedad de nuestros pies;
  •  Las mujeres que se allegaban al Tabernáculo de Reunión con aquellos que buscaban a Jehová (Éxodo 33:7) tenían un corazón dispuesto para Él. Como gozaban de su Presencia, les fue fácil abandonar gozosamente por el Señor lo que precedentemente era objeto de vanidad.

 

3. La Mesa de los Panes de la Proposición (Éxodo 25:23-30; Levítico 24:5-9)

 

 

La mesa, de pequeñas dimensiones (dos codos de largo, un codo de ancho y ½ codo de alto) era de madera de acacia (o de Sittim), cubierta con una lámina de oro puro. Era, evidentemente, una figura de Cristo llevando a su pueblo ante Dios. Los panes sobre la mesa, en número de doce (Levítico 24:5-9), tienen un doble significado. Hechos de flor de harina, recubiertos de incienso, como la ofrenda vegetal (Levítico 2), nos hacen pensar:

 

  • Primeramente en Cristo, alimento de los sacerdotes en el Lugar Santo. Este alimento le es indispensable al Hijo de Dios que quiere crecer en un estado de “un varón perfecto” (Efesios 4:13) y no permanecer un niño en Cristo. Sin alimento, un niño o una planta se marchitan. Pero el alimento debe ser sano, sino el niño o la planta perecen. Nuestro “hombre interior” está formado por el alimento espiritual. El Salmo 144:12 expresa esta oración: “Sean nuestros hijos como plantas crecidas en su juventud“. Meditemos a menudo acerca de la persona del Señor Jesús, busquémosla en los evangelios y en toda la Palabra. Un hermano decía: “¡Si no has hallado a Cristo en esta pagina de la Biblia, es que has leído mal!”. “Escudriñad las Escrituras… Ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39). Señalemos de paso que Cristo como alimento también nos es presentado en la ofrenda vegetal, en el sacrificio por el pecado, en el sacrificio de paz, en el sacrificio de consagración y en el cordero de la Pascua; por otra parte, como maná y trigo del país;

 

  • En los Santos: Vistos en Cristo, teniendo su naturaleza (flor de harina), aceptas a Dios (incienso), en el orden establecido por Dios (seis por hilera), tal como los describe por ejemplo la epístola a los Colosenses. Son los creyentes a la luz del Santuario, en su posición ante Dios; una moldura de un palmo alrededor de la mesa impedía que los panes pudieran caerse, lo que es emblema de la seguridad que los rescatados tienen en Cristo;

 

  • En las doce tribus de Israel, sea en la época del desierto, sea en tiempo futuro, cuando la administración en la tierra sea confiada a ese pueblo; y, en el santuario, siempre presentes en el pensamiento de Dios (Romanos 11).

 

4. El Candelero (Éxodo 25:31-40; Levítico 24:1-4; Números 8:1-4)

 

 

Contrariamente a los otros objetos del Tabernáculo hechos de madera de Acacia recubierta de oro, el candelero era totalmente de oro puro, forjado en una sola pieza. Él nos habla de lo que es esencialmente divino. Era de oro batido (“labrado a martillo”), recordando que aquel a quien representa Cristo pasó por el sufrimiento. El becerro de oro, por el contrario, había sido simplemente fundido (Éxodo 32:34). El propio candelero, pues, es una figura de Cristo, mientras que el aceite es, como en toda la Palabra, una figura del Espíritu Santo.

 

Uno de los elementos del candelero que es mencionado varias veces lo constituyen las flores de almendro. Esas flores nos hacen pensar en la vara de Aarón que había brotado, producido flores y almendras, tal como vemos en Números 17:8, lo que es una figura de la resurrección de Cristo. El almendro, según Jeremías 1:11-12, manifiesta que Dios cumple sus promesas en Cristo. Precisamente fue un Cristo resucitado y glorificado el que dio el Espíritu Santo a los suyos.

En el conjunto formado por el candelero, el aceite y las siete lámparas ardiendo en el santuario se puede ver también a Cristo tal como es presentado por el Espíritu Santo por mediación de los vasos humanos del ministerio.

 

En efecto, bajo este aspecto, había necesidad de “despabiladeras” (Éxodo 25:38) para quitar todo lo que habría impedido el libre curso del aceite para producir la luz. Por otra parte, las siete lámparas nos muestran que el ministerio de Cristo por el Espíritu se ejerce mediante diversos canales. Vemos al candelero brillar bajo cinco aspectos:

  1. Hacia delante de él (Éxodo 25:37), pues el mayor y primer testimonio que da el Espíritu Santo es respecto del mismo Cristo; por eso el primer objeto que atraía las miradas al entrar al santuario era el candelero totalmente iluminado. El Señor Jesús, al hablar del Espíritu Santo, dice: “Él me glorificará; porque tomara de lo mío, y os lo hará saber” (Juan 16:14).
  2. El candelero iluminaba la mesa de los panes (Éxodo 26:35); es el Espíritu Santo que pone evidencia la posición de los santos en Cristo en el santuario.
  3. El candelero brilla en Números 8 en relación con la purificación de los levitas: es el Espíritu Santo quien debe dirigir todo servicio para Dios y ser su motor.
  4. En Levítico 24 vemos el candelero al comienzo de un capitulo en el cual va a manifestarse la oposición a Dios en medio de Israel: la apostasía. Frente al mal que se introduce en el pueblo de Dios, únicamente el Espíritu Santo es el remedio.
  5. En Éxodo 27:21 y 30:8 se ve que el candelero ardía toda la noche. (Cabe hacer notar que, en el templo de Ezequiel, durante “el día” del milenio, no hay candelero). Solo durante la noche del rechazo y la ausencia de Cristo el Espíritu Santo ilumina el santuario en la tierra y produce la oración de intercesión y el culto.

 

Si bien el alimento es indispensable para crecer, la luz no es lo menos. Una planta ubicada en un lugar oscuro, aunque sea bien regada, perecerá. Un joven cristiano que no ande en la luz no puede hacer progreso alguno. Al contrario, se apartará cada vez más del Señor. Y la luz del Espíritu Santo generalmente no se apaga en forma súbita para nosotros, sino que dejamos poco a poco que una cosa primero y luego otra se coloque entre el Señor y nosotros como un ligero velo, el cual se va espesando más y más hasta privarnos de la comunión con Él, del gozo de su Persona y trabar la acción del Espíritu Santo en nosotros. Entonces no puede haber ni crecimiento, ni gozo. ¿Qué es necesario hacer? Volver a Él con oración, buscar su rostro y tomar el tiempo necesario para pasar con Él, como María (Lucas 10:38-42) si es posible horas que se dejen correr hasta que Él nos haya devuelto el gozo de nuestra salvación.

 

5. El Altar de Oro (Éxodo 30:1-10)

 

El Altar de Oro era de dimensiones mucho más reducidas que el Altar de Bronce, o sea un codo de ancho, un codo de largo (cuadrado) y dos codos de alto. Era de madera de Acacia cubierta de oro puro y nos habla esencialmente de Cristo. Ubicado frente al velo, esta legítimamente ligado al Arca y al Propiciatorio. En el Altar de Oro el sacerdote ofrecía el perfume, mientras afuera el pueblo oraba (Lucas 1:9-10). Es una hermosa figura del Señor Jesús que presenta a Dios las oraciones de su pueblo, ya sea como intercesión, ya sea como adoración (Apocalipsis 8:3-4).

En el Altar de Oro, el Sumo Sacerdote intercede por el pueblo, tal como Cristo en Juan 17, Hebreos 7:25 y Romanos 8:34. Pero también al Altar de Oro puede acudir hoy el Hijo de Dios para ofrecer el incienso, es decir, las perfecciones de Cristo que suben hacia Dios. Tal es el culto, el servicio más elevado del cristiano. Es un culto que se ofrece ante todo en Asamblea (1 Pedro 2:5), pero cada uno de nosotros ¿no puede, mañana y tarde como el sacerdote con el incienso, hacer subir a Dios su reconocimiento por el Don inefable de su Hijo?

 

El incienso era únicamente para Dios (Éxodo 30:34-38); ni podía ser ofrecido más que en el lugar Santo y no debía ser consumido por fuego extraño, sino solamente por el tomado del Altar de Bronce. ¡Cuán importante que estemos recogidos en el sentimiento de su Presencia cuando abrimos la Palabra o nos acercamos a Dios en oración, o más aun cuando estamos reunidos alrededor del Señor en Asamblea!. La distracción, los vistazos, las lamentables sonrisas que se intercambian entre banco y banco, incluso durante el culto, son, sin exageración, una iniquidad en el Lugar Santo, nada de la carne debe ser tolerado allí. ¡Y que decir de la prisa de ciertas personas que antes de finalizar el culto se preparan para salir!

Por otra parte, sólo a Dios, Padre e Hijo, se dirigen nuestras oraciones y nuestra adoración. En ninguna parte de la Palabra vemos que las oraciones deban ser dirigidas a alguien más. Sólo Él puede ser el objeto del culto: ¡”Inclínate a Él, porque Él es tu Señor”! (Salmo 45:11).

 

6. El Arca (Éxodo 25:10-22)

 

En las ordenanzas para el Tabernáculo dadas por Dios a Moisés, en los capítulos 25 a 27, el Arca ocupa el primer lugar. De igual manera, cuando Dios se nos revela, parte del Santuario y sale hacia el Atrio; nos presenta primeramente lo que es el objeto supremo de su Corazón; la Persona de Cristo. Cuando consideramos el camino por el cual nosotros nos acercamos a Dios, acudimos primeramente al Atrio, al Altar, luego a la fuente y sólo entonces podemos entrar en el Santuario. Por eso en nuestra charla hemos colocado ante nuestros ojos en estos capítulos, es sin duda porque la Persona de Cristo debe tener el primer lugar en nuestro corazón. En el Salmo 132 vemos que importancia tenía el Arca para David. Es notable que este Salmo este seguido por el 133, en el cual se ve “Cuán bueno y cuan delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía”. Es preciso primeramente el Centro para que la reunión se realice.

 

No se podía ver el Arca más que en el Lugar Santísimo. El acceso a Él esta abierto para nosotros hoy en día; pero conviene que al ocuparnos en la Persona del Señor lo hagamos siempre con la mayor reverencia. El Arca tenía 2 ½ codos de largo, 1 ½ de ancho, 1 ½ de alto, estaba hecha de madera de acacia y de oro puro (para las tablas no se dice de oro puro), pues una figura de la Persona de Cristo, “el Verbo (La Palabra)…hecho carne” (Juan 1:14), “Dios… manifestado en carne” (1 Timoteo 3:16). ¡Misterio ante el cual adoramos! Pero de ninguna manera nos conviene querer hacer la disección de la humanidad perfecta (la madera de acacia) de la divinidad (el oro), siempre presentadas en la Palabra maravillosamente unidas en una sola Persona, tal como nos la revelan los evangelios y otras páginas de la Escritura. Por haber querido mirar el Arca, los hombres de Bet-Semes murieron (1 Samuel 6:19) y, por haber tocado el Arca, Uza fue herido de muerte (2 Samuel 6:6-7).  Una cornisa o coronamiento de oro se encontraba alrededor del Arca (Éxodo 25:11), hablándose de la excelsa gloria de Cristo, pero formando también como una especie de protección contra toda irreverencia ante el ministerio de su Persona (la misma cornisa se ve en el Altar de Oro y en la Mesa de los Panes). Como los otros objetos del Tabernáculo, el arca estaba unida de varas para llevarla. Estas últimas tienen una importancia particular en la relación con el Arca, sea que se piense en todas las etapas que ella recorrió desde Sinaí hasta su reposo final en el Templo de Salomón (1 Reyes 8:8), sea que una vez más haga subrayar la santidad de lo que representaba el propio Cristo: el Arca siempre debía ser llevada en andas y no puesta en un carro (1 Crónicas 15:2).

 

En Números 4:4-5 vemos el Arca marchando a través del desierto, cubierta azul, tal como Cristo en este mundo: “el que viene del cielo” (Juan 3:31). Bajo el azul, las pieles de tejones cubrían sus glorias diversas: el velo (v.5) el cual era el único que podía estar en contacto con el Arca misma. “No hay parecer en Él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos” (Isaías 53:2). Sólo la fe podía discernir las glorias del velo, bajo las pieles de tejones. En cuanto a la propia Arca, “nadie conoce al Hijo, sino el Padre” (Mateo 11.27). Es el inescrutable misterio. En el desierto (pero después de haber pasado el Jordán), el Arca es llamada “El Arca del Testimonio” (Éxodo 25:16). Hubo en el desierto de este mundo un Testigo fiel que respondió en todo a la voluntad de Dios (tablas de la ley en el Arca) y que le glorifico en la tierra. En Números 10:33 tenemos “el Arca del Pacto”, base de las revelaciones de Dios con su pueblo; y por último, está “el Arca de Jehová”, cuando se trata de mostrar su poder, como en el Jordán, en Jericó o en la casa de Dagón (Josué 4:5; 6:6-13; 1 Samuel 5:3).

 

El Contenido del Arca (Hebreos 9:4) está compuesto por:

 

a. Las Tablas de la Ley

 

 

Las primeras tablas habían sido quebradas ente la idolatría del pueblo (Éxodo 32:19). Las segundas tablas nos son presentadas en Deutoronomio 10:3-5 como no hechas hasta después de la construcción del Arca y colocadas allí en cuanto a Moisés descendió del monte: solo Cristo podía cumplir la ley de Dios (Salmo 40:8); solo a causa de Él, figurado por el pueblo. El arca contiene la perfecta justicia de Jesús. Había tres cosas en ella: primero, las tablas del pacto; segundo, la vara de Aarón que flore­ció; y tercero, la urna de maná recogido en el desierto como recuerdo. “El cual tenía un incensario de oro y el arca del pacto cubierta de oro por todas partes, en la que estaba una urna de oro que contenía el maná, la vara de Aarón que reverdeció, y las tablas del pacto”. Hebreos 9:4.

 

Lo primero que la Biblia registra que se puso en el arca fueron las tablas de la ley, lo que nos enseña que Jesucristo, nuestra arca, tenía en su mismo corazón y en su naturaleza, la perfecta justicia de Dios. La divina ley estaba guardada en su pecho, y tan perfectamente que nos trajo la perfecta justicia. Jesús fue el único que la guardó o que podía hacerlo. “Y pondrás en el arca el testimonio que yo te daré”. Éxodo 25:16. “El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón”. Salmo 40:8.

 

b.      La Vasija de Oro (Éxodo 16:32-34)

 

Esta vasija de oro que contenía el maná nos presenta dos pensamientos:

  • La fidelidad de Dios, quien durante cuarenta años había alimentado a su pueblo a través del desierto; convenía tenerlo presente: “te acordaras de todo el camino” (Deuteronomio 8:2).
  • Ella es un memorial de Cristo descendido del cielo, pan de vida, alimento de su pueblo en el desierto (Juan 6:31-38, 58).

 

Cabe señalar al respecto que los israelitas recogían cada día un omer de maná; tal es nuestra parte: alimentarnos de Cristo cada día. Pero el último versículo de Éxodo 16 nos dice que “un gomer (u omer) es la décima parte de un efa”, vale decir que lo poco que podemos captar de Cristo aquí abajo no es más que una débil parte de la plena medida que tendremos en la gloria.

 

  1. La Vara de Aarón (Números 17)

Esta Vara, que, había brotado, producido flores y almendras, nos habla de la gracia y de la resurrección. Así, todo lo que el Arca nos enseña acerca de la Persona de Cristo es completado por su contenido: su obediencia perfecta, su humillación como descendida del cielo, su gracia y su resurrección.

 

 

 

El último de los objetos mencionados dentro del arca era la vara de Aarón que floreció. Esta es una imagen del sacerdocio de Aarón y los retoños representan su lozanía Esto simboliza a Jesús a la dies­tra de Dios rogando por nosotros. “Luego habló Jehová a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel, y toma de ellos una vara por cada casa de los padres, de todos los príncipes de ellos, doce va­ras conforme a las casas de sus padres; y escribirás el nombre de cada uno sobre su vara. Y escribirás el nom­bre de Aarón sobre la vara de Leví; porque cada jefe de familia de sus padres tendrá una vara. Y las pon­drás en el tabernáculo de reunión delante del testimo­nio, donde yo me manifestaré a vosotros. Y florecerá la vara del varón que yo escoja, y haré cesar de delante de mí las quejas de los hijos de Israel con que murmu­ran contra vosotros. Y Moisés puso las varas delante de Jehová en el tabernáculo del testimonio. Y aconteció que el día siguiente vino Moisés al tabernáculo del tes­timonio; y he aquí que la vara de Aarón de la casa de Leví había reverdecido, y echado flores, y arrojado re­nuevos, y producido almendras. Entonces sacó Moisés todas las varas de delante de Jehová a todos los hijos de Israel; y ellos lo vieron, y tomaron cada uno su vara”. Números 17:1-5 y 7-9.

 

Cristo fue la vara que reverdeció. La muerte no pudo enseñorearse de Él, Dios le levantó de entre los muertos: “Al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muer­te, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella”. Hechos 2:24.

Las flores representan la fragancia grata de un Cristo resucitado y el almendro es el primer fruto de la primavera: “Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; pri­micias de los que durmieron es hecho”. 1 Corintios 15:20. El árbol, que lleva el mismo nombre, se deriva de una raíz que significa “apresurarse”. Así como la vara de Aarón reverdeció y le salieron almendros (frutos) rápido, fue necesario que Cristo resucita­se al tercer día.

 

  1. El Maná

Dentro de una urna de oro se había depositado el maná, que significa la constante provisión de Dios, el pan celestial. “Y cuando el rocío cesó de descender, he aquí sobre la faz del desierto una cosa menuda, redonda, menuda como una escarcha sobre la tierra. Y viéndolo los hijos de Israel, se dijeron unos a otros: ¿Qué es esto? porque no sabían qué era. Entonces Moisés les dijo: “Es el pan que Jehová os da para comer”. Éxodo 16:14,15.

“Y dijo Moisés: Esto es lo que Jehová ha mandado: Llenad un gomer de él, y guardadlo para vuestros des­cendientes, a fin de que vean el pan que yo os di a comer en el desierto, cuando yo os saqué de la tierra de Egipto. Y dijo Moisés a Aarón: Toma una vasija y pon en ella un gomer de maná, y ponlo delante de Jehová, para que sea guardado para vuestros descendientes. Y Aarón lo puso delante del testimonio para guardarlo, como Jehová lo mandó a Moisés”. Éxodo 16:32-34.

 

 

Para nosotros, Cristo es el maná: “Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdade­ro pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo”. Juan 6:32,33.

 

“Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron. Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera. Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo. Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hom­bre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí Este es el pan que descendió del cielo; no como vues­tros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente”. Juan 6:48-58.

 

¿Qué era eso? De hecho la definición de manáes: “¿qué es esto?” Tomemos unos momentos para descubrir el maná y veremos por qué era tipo de Cristo.

 

  1. Era como una escarcha (un rocío congelado), tenía una bri­llantez como el diamante. Habacuc lo menciona como aquel de quien salía mayor brillantez de sus manos; Juan en Apocalipsis dice: sus pies como bronce bruñido, y el apóstol en Hebreos dice: como el resplandor de la gloria de Dios.
  2. Su color era como el bedelio; la resina de un arbusto balsámi­co en forma de pequeños granos amarillentos, de color oro. El bedelio era aromático y se usaba como medicamento para curar heridas, llagas y otras enfermedades. ¡Qué hermoso ejemplo de Cristo!, que siendo Dios se hizo hombre para ser el sanador de todo el mundo.
  3. Su sabor era como de aceite nuevo. El aceite era utilizado para ungir, para refrescar, para curar heridas, para alumbrar y como alimento. Todo esto es Cristo para nosotros; ahora debe­mos tener presente que para obtener aceite fresco era necesario triturar los olivos.
  4. Este maná era como la semilla de culantro, se molía o se majaba en morteros, luego se cocía en una caldera o se hacía tortas. Fue esto lo que describió Isaías en el capítulo 53.

 

7. El Propiciatorio (Éxodo 25:17-21)

 

El Arca era un cofre y tenía una tapa llamada propiciatorio. El término hebreo traducido por propiciatorio deriva “cubrir o cubierta”. En el Antiguo Testamento, la propiciación (expiación en la Reina-Valera 1960) de los pecados significa que estos eran “cubiertos”, como en el Salmo 32:1; mientras que en el Nuevo Testamento, una vez que la obra de Cristo fue cumplida, los pecados son “quitados” (Hebreos 9:26; 10:4, 11-18). La palabra propiciatorio, traducida en la versión alemana por “Gnadenstuhl” y en la versión inglesa por “mercy-seat” (sea “el asiento de la gracia”)- contiene también la idea de gracia, de misericordia. El propiciatorio estaba enteramente hecho de oro puro, lo que nos habla de la justicia inherente a la naturaleza divina. Por otra parte, encima del propiciatorio había dos querubines de oro batido, de una sola pieza con el propiciatorio. Los querubines, asiento del trono de Dios (Salmo 80:1; 89:14), hablan fundamentalmente del juicio de Dios; así la justicia divina reclama el juicio inexorable de Dios sobre su pueblo pecador; el cual de ninguna manera observo la ley (Éxodo 32:19).

 

Pero los querubines y el propiciatorio estaban colocados sobre el Arca, que es como decir sobre Cristo, quien si cumplió plenamente la voluntad de Dios y la permitió a esta el cumplimiento de amor a favor del hombre (el Arca contenía las tablas de la ley); luego, sobre el propiciatorio, se encontraba la sangre de la víctima que el sacerdote había llevado allí el gran día de la expiación (Levítico 16:14-15). Los querubines no tenían una espada, como en Edén, sino, al contrario, alas para proteger, y sus rostros uno enfrente del otro – estaban vueltos hacia el propiciatorio, es decir, ¡miraban la sangre! El conjunto – el Arca, el Propiciatorio y los Querubines – vino a ser así no ya trono de Dios en juicio, sino el de la gracia. Todo nos habla de Cristo y de su obra; vemos en ello, de una manera sorprendente y profunda, cómo Él respondió plenamente a la justicia y al amor de Dios (Salmo 85:10), el trono de la gracia esta fundado sobre la obediencia de Cristo hasta la muerte. El propiciatorio era el lugar de encuentro de Dios con el hombre den un doble sentido:

 

  1. Aarón, el sacerdote, representando al pueblo ante Dios, acudía con la sangre.
  2. Moisés, el enviado de Dios, el apóstol, recibía allí los mensajes de Dios para el pueblo (Éxodo 25:22).

El Señor Jesús, en Hebreos 3:1, reúne el doble carácter de Moisés y de Aarón cuando es llamado el “apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión”.

 

 

E. SUS PERSONAJES Y SU VESTIMENTA

 

 

 

 

 

 

Las funciones de los sacerdotes eran:

 

  • Servir como mediadores entre el pueblo y Dios; interceder por el pueblo y expiar el pecado mediante el sacrificio para reconciliar el pueblo con Dios.
  • Consultar a Dios para discernir la voluntad Divina por el pueblo. (Núm. 27:21; Deut. 33:8).
  • Ser los interpretes y maestros de la ley y enseñar al pueblo los estatutos de Jehová (Lev. 10:11; Ez. 44:23).
  • Ministrar en las cosas sagradas del tabernáculo.

 

El sumo sacerdote era más importante ya que él entraba una vez al año en el lugar Santísimo para explicar los pecados de la nación israelita. Solo él llevaba el pectoral, los nombres de las tribus y actuaba como mediador de toda la nación y Dios. Sólo el tenía el derecho de consultar con Jehová mediante Urim y Tumin. De esta manera el sacerdote debían ser un hombre si defecto físico, debía casarse con una mujer de carácter ejemplar y no debía contaminarse con costumbres paganas ni tocas las cosas inmundas.

 

Las vestiduras en el sacerdocio no eran simplemente atuendos, tenían sus diferencias, según su significado y personas que las usaban por ejemplo: las del sumo sacerdote (Aarón) y las de sus hijos. Las vestiduras de Aarón, por ser tipo de Cristo, eran más elaboradas que las de sus hijos. Estos representan el ministerio sacerdotal que tene­mos como hijos de Dios. En Cristo la vestimenta es para todos sus hijos e hijas. “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”. Gálatas 3:28.

“Las vestiduras que harán son estas: el pectoral, el efod, el manto, la túnica bordada, la nutra y el cinturón. Hagan, pues, las vestiduras sagradas para Aarón tu hermano, y para sus hijos, para que sean mis sacerdotes”. Éxodo 28:4.

 

1. Materiales

 

Los materiales utilizados para las vestimentas, fueron los siguien­tes: oro, azul, púrpura, carmesí y lino torcido. Estos materiales eran de los mejores y de los más finos, de obra primorosa. “Tomarán oro, azul, púrpura, carmesí y lino torcido”. Éxodo 28:5. Dios habló a Moisés y le dio un orden que debía seguir al ponerles las vestiduras a Aarón y sus hijos en el día de la consagración.

 

“Y puso sobre él la túnica, y le ciñó con el cinto; le vistió después el manto, y puso sobre él el efod, y lo ciñó con el cinto del efod, y lo ajustó con él. Luego le puso encima el pectoral, y puso dentro del mismo los Urim y Tumim. Después puso la mitra sobre su cabe­za, y sobre la mitra, en frente, puso la lámina de oro, la diadema santa, como Jehová había mandado a Moisés”. Levítico 8:7-9. El versículo 13 de este mismo capítulo relata el orden que se siguió con los hijos de Aarón. “Después Moisés hizo acercarse los hijos de Aarón, y les vistió las túnicas, les ciñó con cintos, y les ajustó las tiaras, como Jehová lo había mandado a Moisés”. Levítico 8:13.

 

2. La Túnica Bordada

 

 

La túnica era un “traje interior a modo de camisa que llevaban los antiguos; eran largas y amplias”. La túnica es una de las piezas que se describen en el ca­pítulo 28 del libro de Éxo­do, y junto a toda la vesti­dura sacerdotal tipificaba la justicia de Cristo. En el caso del sacerdote, la túnica estaba hecha con unas especificaciones dadas por el mismo Jehová a Moisés: “Y bordarás una túnica de lino, y harás una mitra de lino; harás también un cinto de obra de recamador”. Éxodo 28:39.

 

Un detalle importante era que debía ser de una sola pieza, y debía cubrir al sacerdote hasta los pies. Esta sola pieza representa el evan­gelio de Jesucristo que no puede ser dividido ni fragmentado y nos habla de un solo Señor, Cristo Jesús, el cual nos cubrió con su sangre. La palabra túnica es la misma usada en Génesis 3:21: “Y Jehová los hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió”. En cuanto a la imposición de la túnica, Moisés reunía a toda la congregación frente a las puertas del tabernáculo de reunión y llama­ba a Aarón y sus hijos, los lavaba con agua, y le pone a la tónica de lino fino a Aarón, la cual representaba la justicia divina. Recordemos que Aarón es tipo de Cristo, y Cristo es nuestra justicia; “Así que, como por la transgresión de uno vino la con­denación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la jus­tificación de vida”. Romanos 5:18. “Porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree”. Romanos 10:4.

 

“Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros tam­bién hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado”. Gálatas 2:16. “He aquí que vienen días, dice Jehová, en que levan­taré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra.

 En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confia­do; y este será su nombre con el cual le llamarán: Jehová, justicia nuestra”. Jeremías 23:5, 6.

 

La túnica para el sumo sacerdote era la base que sujetaría las otras partes. Es importante notar que estas túnicas bordadas delicadamente por personas a quienes Dios había llenado con espíritu de sabiduría. Para ver el tejido tenían que acercarse bien al sumo sacerdote. De la misma forma, tenemos que acercamos a Cristo para contemplar su belleza y hermosura. El apóstol Pablo nos muestra en Filipenses 2:5-11 que Jesús, es­tando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo y aun fue cu­bierto de pecado, pero Dios le exaltó hasta lo sumo y le dio su vesti­menta de sumo sacerdote, tal como está tipificado en Aarón, teniendo todo el derecho de ser nuestra justicia.

 

3. Cinto De La Túnica

 

 

Lo siguiente que se le ponía a Aarón era el cinto de lino torcido de azul, púrpura y carmesí (Éxodo 39:29): “También el cinto de lino torcido, de azul, púrpura y carmesí, de obra de recamador, como Jehová lo mandó a Moisés”. Los colores usados fueron el azul, sim­bolizando el cielo, la misma gloria que Cristo dejó para rescatamos; el carmesí, la sangre derramada por Él en la cruz del Calvario; y púrpura, porque sería coronado Rey de reyes.

El cinto o cinturón cubre varios términos hebreos y varias prendas de vestir. El término se aplica al cinturón ceremonial, especialmente el que llevaba el sumo sacerdote y sus asociados. Este se hacía de lino bordado en azul, púrpura y carmesí (Éxodo 28:439-40; 295; Levítico 8:7). El cinto es símbolo de la verdad, Pablo escribiendo a la iglesia en Éfeso les decía: “Estad pues firmes ceñidos vuestros lomos con la verdad”. (Efesios y. 14). Jesús dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida”. Juan 14:6. Esta verdad le confiere al cristiano estabilidad en el desarrollo de su carácter. De la misma manera el cinto, por ser muy ancho y largo, controlaba los movimientos del sacerdote. También representa la servidumbre a los demás: “Se levantó de la cena, y se qui­tó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toa­lla con que estaba ceñido”. Juan 13:4-5.

 

Cristo es el mayor ejemplo de servidumbre y trabajo, por eso el apóstol Pablo, escribiendo a los Filipenses, les dijo: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se des­pojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho seme­jante a los hombres; y estando en la condición de hom­bre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”. Filipenses 2:3-8.

 

El cinto de la vestimenta del sumo sacerdote y sus hijos representa la fuerza, la justicia y la servidumbre de Cristo. “Y será la justicia cinto de sus lomos, y la fidelidad ceñidor de su cintura”. Isaías 11:5. En otras palabras, la fortaleza de su servicio está en su justicia v fidelidad. “Mas entre vosotros no será así, sino que el que quie­ra hacerse grande entre vosotros será vuestro servi­dor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos”. Mateo 20:26-28

 

4. La Tiara De Los Hijos Del Sumo Sacerdote

 

 

La tiara era la vestimenta que cubría la cabeza del sacerdote y habla de la santidad de nuestros pensamientos: “Y renovaos en el espíritu de vuestra mente “. Efesios 4:23. “Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios”. Efesios 6:17. “Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu cora­zón, y con toda tu alma, y con toda tu mente “Mateo 22:37. Vestimenta del sumo sacerdote representa a Cristo y la de sus tajos a la iglesia.

 

5. Calzoncillos

 

Los calzoncillos eran de lino fino y cubrían la desnudez de la carne de los sacerdotes desde la cintura hasta cerca de las rodillas. Se usaban solo en ocasiones especiales. El descuidarse en usar esta vestidura podía causar la muerte. El uso de esta parte de la vestidura era muy importante ya que su omisión era penalizada severamente. Si una persona se acercaba al altar o a cualquier parte del servicio del tabernáculo sin someterse al procedimiento correcto, era considerada como extraña y merecedora de la muerte: “Y les harás calzoncillos de lino para cubrir su des­nudez; serán desde los lomos hasta los muslos”. Y es­tarán sobre Aarón y sobre sus hijos cuando entren en el tabernáculo de reunión, o cuando se acerquen al altar para servir en el santuario, para que no lleven pecado y mueran. Es estatuto perpetuo para él, y para su descendencia después de él”. Éxodo 28:42,43.

 

Estos calzoncillos tenían que ser usados cuando los sacerdotes se acercaban al lugar santo, para dar ofrenda encendida a Jehová. Los sacerdotes no podían usar nada que les produjera sudor.

“Y cuando entren por las puertas del atrio interior, se vestirán vestiduras de lino; no llevarán sobre ellos cosa de lana, cuando ministren en las puertas del atrio interior y dentro de la casa. Turbantes de lino tendrán sobre sus cabezas, y calzoncillos de lino sobre sus lomos; no se ceñirán cosa que los haga sudar “. Ezequiel 44:17,18.

Pues no debían ministrarlos con la energía de su carne (esto no es el esfuerzo humano); debían ministrarle en el poder del Espíritu Santo: “Entonces respondió y me habló diciendo: Esta es palabra de Jehová a Zorobabel, que dice: No con ejérci­to, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos”. Zacarías 4:6. Era parte de los rituales de los adoradores de ídolos exhibir actos sensuales, obscenos y sexuales, los cuales eran una forma de perversión en donde se exhibía la desnudez. Los calzoncillos eran para cubrir la desnudez de la carne. Hoy día, cuando vivimos en medio de una sociedad corrupta en que el desenfreno con la pornografía, homosexualidad, lesbianismo, fornicación, adulterio, incesto, lascivia, es imperante, necesita­os estar cubiertos con la justicia y la santidad de Dios, recordando que somos sacerdotes de Él.

 

“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condena­ción, mas ha pasado de muerte a vida “. Juan 5:24.

“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu”. Romanos 8:1.

 

 

6. El Manto

 

El manto del efod, o epelliz, era una pieza unica, toda de azul. Portaba una abertura para la cabeza y estaba bordado granadas de color púrpura y carmesí. Este manto estaba debajo del efod y sobre la túnica bordada del niño sacerdote con su cinto.

“Harás el manto del efod todo de azul; y en medio de él por arriba habrá una abertura, la cual tendrá un borde alrededor de obra tejida, como el cuello de un coselete, para que no se rompa. Y en sus orlas harás granadas de azul, púrpura y carmesí alrede­dor, y entre ellas campanillas de oro alrededor. Una campanilla de oro y una granada, otra campanilla de oro y otra granada, en toda la orla del manto alrededor. Y estará sobre Aarón cuando ministre; y se oirá su sonido cuando él entre en el santuario delante de Jehová y cuando salga, para que no mue­ra”. Éxodo 28:31-35.

 

Los que usaban mantos eran mayormente personas con ciertos títulos de dignidad como reyes, jueces, sacer­dotes, etc. El azul representa el carácter celestial de Jesús. Lucas 10:9,11 y 11:20 registran las palabras de Jesús haciendo referencia de sí mismo cuando dijo que el reino de Dios había llegado al hombre.

“El primer hombre es de la tierra, terrenal; el se­gundo hombre, que es el Señor, es del cielo”.    1 Corintios 15:47. “Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cie­lo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo”. Juan 3:13.

 

Las campanillas de oro, que hablan de adoración o glorifi­cación, están acompañadas de las granadas, un tipo de fructifi­cación. La verdadera alabanza y adoración solo están presen­tes y son genuinas, cuando hay frutos de labios que confiesen su nombre (Hebreos 13:15).

Como Jesús iba a ser Sacerdote – Rey, usó vestimentas de sacerdote y de rey. Cristo ofició primero como Sacerdote, como lo revela la túnica de lino, y luego oficiará como Rey de reyes: “Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES”. Apocalipsis 19:16. El manto significa autoridad, potestad, reino. “Entonces los hombres de David le dijeron: He aquí el día de que te dijo Jehová: He aquí que entrego a tu enemigo en tu mano, y harás con él como te pareciere. Y se levantó David, y calladamente cortó la orilla del manto de Saúl”. 1 Samuel 24:4.

 

David cortó la orilla del manto de Saúl y luego se turbó porque reconoció que él no era nadie para quitarle la autoridad a Saúl (esto es lo que significaba cortar el manto), sino que el único que podría hacerlo era el mismo que lo había puesto como rey. Dios es quien pone y quita reyes. El manto era de una sola pieza, no se menciona nada de costura; sin principio ni fin, es decir, sería sacerdote para siempre: “Juró Jehová, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec”. Salmos 110:4.

 

La profecía sobre Cristo descrita en el Salmo 22:18 “Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes”, se cumplió en Juan 19:23,24: “Cuando los soldados hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos, e hicieron cuatro partes, una para cada soldado. Tomaron también su túnica, la cual era sin costura, de un solo tejido de arriba abajo. Entonces dijeron entre sí: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella, a ver de quién será. Esto fue para que se cumpliese la Escritura, que dice: Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes. Y así lo hicieron los soldados”, y no rompieron la túnica, y su corazón fue quebrantado.

“El escarnio ha quebrantado mi corazón, y estoy acon­gojado. Esperé quien se compadeciese de mí, y no lo hubo; y consoladores, y ninguno hallé. Me pusieron además hiél por comida, y en mi sed me dieron a beber vinagre”. Salmos 69:20,21.

 

7. Granadas Y Campanas

 

Aquel manto, con su esplen­dor celestial, estaba adornado en sus orlas por granadas de azul, púr­pura y carmesí intercaladas con campanillas de oro a su alrededor. No se dice sí cada granada tenía los tres colores o si cada una era de diferente color. El mensaje de estos tres colores no cambia, azul-cielo, púrpura-realeza, y carmesí sacrificio de sangre. Esta granada (fruta) era un tipo perfecto de Cristo. Este fruto era uno de los productos más apreciados de Canaán.

 

“Y llegaron hasta el arroyo de Escol, y de allí cortaron un sarmiento con un racimo de uvas, el cual trajeron dos en un palo, y de las granadas y de los higos “. Números 13:23.

 

8. El Pectoral Con Sus Piedras

 

 


El pectoral era hecho con lino de colores, de casi 22 cm. En su ente había doce piedras preciosas, cada una de ellas llevaba inscrito el nombre de una tribu de Israel. Esto simbolizaba que el sumo sacerdote presentaba a todo el pueblo ante Dios. El pectoral también contenía bolsillos que tenían dos piedras o platos llamados Urim y Tumim.

 

“Harás asimismo el pectoral del juicio de obra primoro­sa; lo harás conforme a la obra del efod, de oro, azul, púrpura, carmesí y lino torcido. Será cuadrado y doble, de un palmo de largo y un palmo de ancho; y lo llenarás de pedrería en cuatro hileras de piedras; una hilera de una piedra sárdica, un topacio y un carbunclo; la se­gunda hilera, una esmeralda, un zafiro y un diamante; la tercera hilera, un jacinto, una ágata y una amatista; la cuarta hilera, un berilo, un ónice y un jaspe. Todas estarán montadas en engastes de oro. Y las piedras serán según los nombres de los hijos de Israel, doce según sus nombres; como grabaduras de sello cada una con su nombre, serán según las doce tribus”. Éxodo 28:15-21.

 

Notemos que los nombres en el pectoral no estaban escritos en orden respecto a la edad cronológica, sino con referencia al servicio. La forma como se leía en el hebreo era de derecha a izquierda y de arriba hacia abajo, comenzando con la tribu de Judá. Debajo de cada nombre, está en este orden, el significado del nombre, la piedra, su color, y la cita bíblica. “Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espí­ritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado”. Hechos 13:2.

 

“Y atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia”. Hechos 16:6.

 

9. La Mitra

 

 

La mitra era uno de los artículos de la vestimenta sagrada del sumo sacerdote, se piensa que debe haber sido una especie de turbante que se enrollaba alrededor de la cabeza. Se describe en Éxodo 28:4,36-39. Sobre ella se colocaba “la lámina de la diadema santa” con la inscripción “Santidad a Jehová” (Éxodo 39:28). Aarón la usó cuando fue ungido (Lv. 8:9) y en el día de la expiación (Lv. 16:4).

 

“Harás además una lámina de oro fino, y grabarás en ella como grabadura de sello, SANTIDAD A JEHOVÁ. Y la pondrás con un cordón de azul, y estará sobre la mitra; por la parte delantera de la mitra estará. Y esta­rá sobre la frente de Aarón, y llevará Aarón las faltas cometidas en todas las cosas santas, que los hijos de Israel hubieren consagrado en todas sus santas ofren­das; y sobre su frente estará continuamente, para que obtengan gracia delante de Jehová. Y bordarás una túnica de lino, y harás una mitra de lino; harás también un cinto de obra de recamador. Y para los hijos de Aarón harás túnicas; también les harás cintos, y les ha­réis tiaras para honra y hermosura”. Éxodo 28:36-40. La mitra del sumo sacerdote y la tiara de los sacerdotes eran del mismo material (lino) y su propósito era igual. La única diferencia era que la mitra del sumo sacerdote era un poco más alta. En la lista del significado observamos que el lino representaba justicia y santidad.

 

“Me mostró al sumo sacerdote Josué, el cual estaba delante del ángel de Jehová, y Satanás estaba a su mano derecha para acusarle. Y dijo Jehová a Satanás: Jehová te reprenda, oh Satanás; Jehová que ha escogido a Jerusalén te reprenda. ¿No es éste un tizón arrebatado del incendio? Y Josué estaba vestido de vestiduras vi­les, y estaba delante del ángel. Y habló el ángel, y man­dó a los que estaban delante de él, diciendo: Quitadle esas vestiduras viles. Ya él le dijo: Mira que he quitado de ti tu pecado, y te he hecho vestir de ropas de gala. Después dijo: Pongan mitra limpia sobre su cabeza. Y pusieron una mitra limpia sobre su cabeza, y le vistie­ron las ropas. Y el ángel de Jehová estaba en pie. Y el ángel de Jehová amonestó a Josué, diciendo: Así dice Jehová de los ejércitos: Si anduvieres por mis caminos, y si guardares mi ordenanza, también tú gobernarás mi casa, también guardarás mis atrios, y entre éstos que aquí están te daré lugar”. Zacarías 3:1-10.

 

Aquí vemos cómo Dios manda a quitar las vestiduras viles de Josué, el sumo sacerdote, y lo mandó a vestir de gala y a ponerle una mitra “limpia” sobre su cabeza. Parece la historia del hijo pródigo. Jesucristo quitó nuestras vestiduras sucias y nos vistió con ropa de gala “Y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su san­gre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén” Apocalipsis 1:5,6.

 

Nosotros somos reyes y sacerdotes, pero Cristo es el Sumo Sacerdote y el Rey de reyes. Cubrirse la cabeza es “símbolo de sumisión” al entrar en la presencia de Dios. Aun en la actualidad, el judío, cuando está en un lugar que considera santo o cuando lee la Tora u ora, se cubre la cabeza. Nosotros estamos llamados a caminar en santidad como cristianos, con la excepción de que no tenemos que cubrimos la cabeza. “Porque el varón no debe cubrirse la cabeza, pues él es imagen y gloria de Dios; pero la mujer es gloria del varón”. 1 Corintios 11:7. Pues nuestra cobertura es Cristo y donde quiera que estemos debemos estar en su santidad ya “Que, librados de nuestros enemigos, sin temor le ser­viríamos en santidad y en justicia delante de él, todos nuestros días”. Lucas 1:74,75. “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor”. Hebreos 12:14. “Porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo”. 1 Pedro 1:16. Es de la cabeza que sale la sabiduría y la autoridad, las cuales deben estar cubiertas con la justicia y la santidad de Dios. Es en la mente que se maquinan los pensamientos, sean estos buenos o malos.

 

10. La Diadema Santa Con La Lámina De Oro

 

 

 

 

La mitra o turbante de lino fino, adaptado para cubrir la cabeza del sumo sacerdote, tenía en la parte delantera una lámina de oro con la inscripción “Santidad a Jehová”. Estas palabras nos enseñan que sin santidad nadie verá al Señor (Hebreos 12:14). A esta lámina, en conjunto con la diadema que la sujetaba se le llamaba “diadema santa”, la cual “Harás además una lámi­na de oro fino, y grabarás en ella como grabadura de sello, SANTIDAD A JEHOVÁ Y la pondrás con un cordón de azul, y estará sobre delantera de la mitra estará. Aarón, y llevará Aarón las faltas cometidas en todas las cosas santas, que los hijos de Israel hubieren consagra­do en todas sus santas ofrendas; y sobre su frente estará continuamente, para que obtengan gracia delante de Jehová”. Éxodo28:36-38.

 

“Después puso la mitra sobre su cabeza, y sobre la mitra, enfrente, puso la lámina de oro, la diadema santa, como Jehová había mandilo a Moisés “. Levítico8:9.

 

Al mirar al sacerdote en el desempeño de sus funciones, lo pri­mero que se le veía era aquel grabado que enfatizaba el hecho de la “santidad” como una expresión de Dios y que debía estar situada como lo más alto de todo el orden levítico. La colocación de aquella lámina sobre la frente de Aarón indica­ba que “él llevaría las faltas cometidas en todas las cosas santas que lo hijos de Israel hubieren consagrado en todas sus ofrendas; y so­bre su frente estaría continuamente para obtener gracia delante de Jehová”. Al ofrendar sus sacrificios, los israelitas presentaban los símbolos de la muerte expiatoria o sustituta de Cristo en la consumación de los siglos, y por ello había esperanza para los hombres de fe. Era el sacerdote quien como mediador, aceptaba la responsabilidad de las deficiencias de todos los movimiento carnales que se mezclaban con las ofrendas más sagradas.

 

11. Incensarios

 

 

Los incensarios (pues eran más de uno) se hicieron como parte del lugar santo. Aun así no se especifica si era un utensilio de algún mueble. En el tabernáculo también apare­cen como parte del sacerdote. 2 Crónicas 4:22. “Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso, y ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que él nunca les mandó”. Levítico 10:l.

“Y tomad cada uno su incensario y poned incienso en ellos, y acercaos delante de Jehová cada uno con su incensario, doscientos cincuenta incensarios; tú también, y Aarón, cada uno con su incensario”. Números 16:17. Se registran doscientos cincuenta incensarios de la familia del levita Coré. Parece ser que el incensario de bronce se utilizaba a diario: “Y el sacerdote Eleazar tomó los incensarios de bron­ce con que los quemados habían ofrecido; y los batie­ron para cubrir el altar”. Números 16:39. Y el incensario de oro se utilizaba en el Lugar Santísimo en el día de la expiación, que ocurría una vez al año.

 

“Asimismo los cántaros, despabiladeras, tazas, cucha­rillas e incensarios, de oro purísimo; también de oro los quiciales de las puertas de la casa de adentro, del lugar santísimo, y los de las puertas del templo”. 1 Reyes 7:50. “Tras el segundo velo estaba la parte del tabernáculo llamada el Lugar Santísimo, el cual tenía un incensa­rio de oro y el arca del pacto cubierta de oro por to­das partes, en la que estaba una urna de oro que con­tenía el maná, la vara de Aarón que reverdeció, y las tablas del pacto”. Hebreos 9:3,4.

 

Nos da a entender que se usaba para poner los carbones que se tomaban del altar de bronce y sobre el carbón se depositaba el in­cienso aromático. Este se mecía en la presencia de aquellos muebles que representaban al mismo Cristo.

 

Dondequiera que esté la persona de Cristo, allí va a haber olor fragante. Es así también con el creyente, donde quiera que va debe portar el olor fragante de la persona de Cristo. “Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triun­fo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento. Porque para Dios somos grato olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden “. 2 Corintios 2:14,15.

 

 

 

FUENTE BIBLIOGRÁFICAS

LIBROS

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Eliade, Mircea. Historia de las Creencias y las Ideas Religiosas. Tomo I. Editorial Paidós, Buenos Aires, 1999.

García Cordero, Maximiliano. La Biblia y el Legado del Antiguo Oriente. BAC, Madrid, 1977.

Gaster, Theodor. Mito, Leyenda y Costumbre en el Libro del Génesis. Barral Editores, Barcelona, 1973.

Graves, Robert – Patai, Raphael. Los Mitos Hebreos. Alianza Editorial, Madrid, 2000.

Schelinger, Erna. Tradiciones y Costumbres Judías. Editorial Sigal, Buenos Aires, 1970.

Scholem, Gershom. Las Grandes Tendencias de la Mística Judía. Editorial Siruela, Madrid, 1992.

Weinreb, Friedrich. Kabbala, La Biblia: Divino Proyecto del Mundo. Editorial Sigal, Buenos Aires, 1991.


SITIOS WEB

 http://www.transoxiana.org/Jornadas/JEO2005/Fernandez-tabernaculo.pdf

http://es.wikipedia.org/wiki/Tabern%C3%A1culo

http://es.geocities.com/tabernaculodivino/

http://www.tzemach.org/articles/spanish/tabern-sp.htm

 http://wotruth.com/BOYCEMOUTON/BOOK5-16.htm

Citar este texto en formato APA: _______. (2011). WEBSCOLAR. El tabernaculo. https://www.webscolar.com/el-tabernaculo. Fecha de consulta: 22 de septiembre de 2021.

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