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La Crisis de la Delincuencia y una guía para su orientación

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DELINCUENCIA

La delincuencia es un conjunto de infracciones de fuerte incidencia social cometidas contra el orden público. Esta definición permite distinguir entre delincuencia (cuyo estudio, a partir de una definición dada de legalidad, considera la frecuencia y la naturaleza de los delitos cometidos) y criminología (que considera la personalidad, las motivaciones y las capacidades de reinserción del delincuente). Pero la delincuencia juvenil es un fenómeno social que pone en riesgo la seguridad pública de la sociedad, así mismo va contra las buenas costumbres ya establecidas por la sociedad. La delincuencia juvenil es un fenómeno de ámbito mundial, pues se extiende desde los rincones más alejados de la ciudad industrializada hasta los suburbios de las grandes ciudades, desde las familias ricas o acomodadas hasta las más pobres, es un problema que se da en todas las capas sociales y en cualquier rincón de nuestra civilización.  Las pandillas son algo muy típico de la adolescencia: son los grupos de semejantes que le brindan identidad y autoafirmación a los seres humanos en un momento en que se están definiendo las identidades. Siempre han existido; son, en definitiva, un mecanismo necesario en la construcción psicológica de la adultez.

El fenómeno se da más en los estratos sociales pobres, pero también puede verse en capas acomodadas. En su génesis se encuentra una sumatoria de elementos: necesidad de pertenencia a un grupo de sostén, dificultad/fracaso en su acceso a los códigos del mundo adulto; la pobreza sin dudas, sin que sea eso lo determinante. Pero en muy buena medida –quizá lo definitorio– se encuentra como causa la falta de proyecto vital; y por supuesto eso es más fácil encontrarlo en los sectores pobres. Jóvenes que no encuentran su inserción en el mundo adulto, que no ven perspectivas, que se sienten sin posibilidades a largo plazo, pueden entrar muy fácilmente en la lógica de la violencia pandilleril. Una vez establecidos en ella, por distintos motivos, se va tornando cada vez más difícil salir. La sub-cultura atrae (cualquiera que sea, y con más razón aún durante la adolescencia cuando se está en la búsqueda de definir identidades). Constituidas las pandillas juveniles que son justamente eso: poderosas sub-culturas es difícil trabajar en su modificación; la “mano dura” policial no sirve. Por eso, con una visión amplia de la problemática juvenil, o humana en su conjunto, es inconducente plantearse acciones represivas contra esos grupos. De lo que se trata, por el contrario, es ver cómo integrar cada vez más a los jóvenes en un mundo que no le facilita las cosas. Es decir: crear un mundo para todos y todas.

 

 

CRISIS DE LA ADOLESCENCIA

La crisis de la adolescencia es más frecuente de lo que podemos llegar a pensar. Casi todos los adolescentes atraviesan esta crisis. Pero aunque la mayoría la atraviesa de una forma más o menos inadvertida, otros tendrán una crisis de adolescencia más “conflictiva”. Este trastorno viene provocado por las muchas alteraciones que sufren a esa edad: los cambios corporales, la aceptación del nuevo cuerpo, la sexualidad,… todos estos factores provocan perturbaciones más o menos profundas y/o duraderas en el joven. El adolescente, intentando obtener más autonomía y liberarse de la influencia paterna, adopta comportamientos de oposición hacia ellos. Los conflictos familiares continuos son un signo de crisis, pero no constituyen los únicos: el adolescente puede realizar modificaciones drásticas en su apariencia, puede encerrarse en sí mismo, adoptar conductas de riesgo (adicciones), mostrar una conducta violenta, etc. Estas circunstancias son realmente preocupantes cuando llegan al exceso, pues confirma la existencia de un sufrimiento en el adolescente que no sabe administrar.

Además de los cambios fisiológicos que son conocidos y aceptados por la mayoría de los padres por poca que sea su información, se producen otros cambios psicológicos, que son considerados como normales, pero que cogen desprevenidos a muchos padres que consultan a profesionales porque su hijo no es el mismo de hace un año, y tienen miedo de que le suceda algo malo.

Los cambios son lo suficientemente importantes como para que los reconozcamos sin problemas:

  1. Crisis de oposición, en cuanto a la necesidad que tienen de autoafirmarse, de formar un yo diferente al de sus padres a los que han estado estrechamente unidos hasta ahora, con necesidad de autonomía, de independencia intelectual y emocional. Por eso nuestro niño, deja de ser nuestro, para ser de los demás, especialmente de los amigos.
  2. Desarreglo emotivo: a veces con la sensibilidad a flor de piel y otras en las que parece carecer de sentimientos. Es por eso que un día nuestra hija nos sorprende con un abrazo y otro día rechaza cualquier muestra de cariño. Un día sin motivo aparente se despierta dando gruñidos, simplemente porque sus hormonas posiblemente le estén jugando una mala pasada.
  3. Imaginación desbordada: Sueñan, y esto no es más que un mecanismo de defensa ante un mundo para el que no están preparados. Es un medio de transformar la realidad,  pueden imaginar un porvenir, como modelos, o futbolistas de elite, o campeones de surf, actores, etc…Ellos pueden cambiar el mundo, hacerlo mejor.
  4. Narcisismo: Se reconoce al adolescente cuando comienza a serlo, simplemente por las horas que le dedica al espejo. Le concede una importancia extrema a su físico: puede lamentarse por un grano en la nariz, obsesionarse por la ropa, por  estar gordos o delgados… quieren estar constantemente perfectos aunque su visión de la estética no tenga nada que ver con la nuestra.
  5. Crisis de originalidad:  que presenta dos aspectos:
    • Individual: como afirmación del yo, con gusto por la soledad, el secreto, las excentricidades en el vestir, o en su forma de hablar o de pensar. Necesita reformar, transformar el mundo, ser distinto y especial.
    • Social: aquí está la rebelión juvenil: Rebelión en cuanto a los sistemas de valores de los adultos y las ideas recibidas. Achacan al adulto sobretodo su falta de comprensión y el hecho de que atenta contra su independencia. Hay una necesidad clara de participación,  la uniformidad en lenguaje y en vestimenta de los adolescentes, no es más que la necesidad de afecto, de ser considerado, aprobado por el propio grupo,  y que a veces lo viven de una forma obsesiva.

 

 

Veamos ahora que sentimientos reales acompañan a estas manifestaciones, y que son consecuencia directa de las crisis que está atravesando:

  1. Sentimiento de inseguridad: sufre a causa de sus propios cambios físicos que no siempre van parejos con su crecimiento emocional,  puesto que la pubertad, es decir la madurez física, siempre precede a la psíquica, con lo que a veces se encuentran con un cuerpo de adulto, que no corresponde a su mente, y por lo tanto no se reconocen, y desarrollan  una fuerte  falta de confianza en si mismos.
  2.  Sentimientos angustia:  puesto que existe una frustración continúa. Por una parte le pedimos que actúe como un adulto (en sociedad, responsabilidad) y  por otra se le trata como un niño, se le prohíbe vestir de una u otra forma, o se reglamentan sus salidas nocturnas, etc.…

 

Esta angustia es la manifestación de la tensión que el chico soporta y que  se manifiesta por:

  1. Agresividad: como respuesta a dicha frustración, la agresividad es un mecanismo habitual. La cólera del adolescente ante nuestra negativa a sus exigencias, la irritabilidad, la propensión a la violencia, que de momento les supone una bajada de tensión pero que por supuesto es sólo momentánea, las malas contestaciones, los portazos, las reacciones desmedidas en las peleas con los hermanos, etc. son claros ejemplos.
  2. Miedo al ridículo: que como sabemos se encuentra exageradamente presente. Es un sentimiento social de vergüenza, atravesar un sitio con mucha gente, ir con ropa poco apropiada para el grupo, etc.… y  que puede tener manifestaciones físicas: taquicardia, trastornos gastrointestinales, etc.…
  3. Angustia expresada de modo indirecto: el miedo al examen, (quedarse en blanco), timidez extrema, miedo a desagradar, reacción de rechazo cuando se le dan muestras de cariño, tanto en público como en privado…
  4. Sentimientos de depresión: por la necesidad de estar solo, de melancolía y tristeza que pueden alternar con estados de verdadera euforia…

 

Estas características entran dentro de la normalidad de un chico o una chica adolescente, pero por supuesto, dentro de unos límites. La angustia, la depresión, la irritabilidad, el ir contra las normas, puede volverse patológico cuando es exagerado, cuando vemos que el adolescente está sufriendo mucho y o hace sufrir a los demás, cuando vemos que se altera toda su vida y que esos sentimientos le condicionan absolutamente, que de alguna forma le alejan en exceso de la realidad.

 Los niños dependen de los padres y viven con la familia, mientras que los adolescentes generalmente se sienten orgullosos de que pueden sobrevivir solos. La escuela, los iguales y otros adultos y grupos sociales y deportivos son una gran parte de la red de apoyo para ellos. A menudo no sienten que la familia es el sistema de apoyo de vida que era cuando niños. Los padres pueden sentirse que los han dejado de lado, aunque sigan siendo tan importantes como antes, sólo que de otro modo. Los adolescentes generalmente no entienden esos cambios aunque sienten la frustración de éstos. Necesitan que la familia sea la base segura para sus ajustes y los sucesos dolorosos, pero de que medida necesitarán que la familia entienda lo que ha sucedido varía entre una persona y la otra.

Los amigos y conocidos son una parte esencial del día en la vida de los adolescentes. Los grupos parecen ser una distracción, pero les ofrecen la seguridad de enfrentar los problemas emocionales. Un sentido de normalidad se obtiene cuando se comparan con sus iguales. Los adolescentes se sienten anormales cuando son diferentes a los otros jóvenes, porque eso amenaza su sentido de ser. El grupo de iguales a menudo parece ser el sistema de apoyo de ellos. Ellos necesitan estar con sus contemporáneos, como ellos necesitaban estar con sus padres en la etapa previa de su desarrollo. Esto es normal, aunque algunos adolescentes tienen dificultad en obtener el equilibrio correcto entre los amigos y la familia. El interés en la música, la moda, el deporte o el patinaje – aunque lo hagan solos – puede darles el apoyo de experiencias compartidas en la cultura de los contemporáneos.

Los padres que se oponen a la influencia de los otros jóvenes causan un conflicto intenso y a menudo pierden la batalla porque el adolescente siente que la oposición de los padres es una amenaza a su supervivencia.

Los padres ayudan mejor cuando están dispuestos a compartir al hijo adolescente con los amigos o iguales. En lugar de competir con la influencia de los jóvenes, los adultos necesitan desarrollar la buena comunicación y dar a los adolescentes el tiempo para que formen su propio juicio de los otros y que evalúen al grupo.

Los adolescentes muchas veces están envueltos en cosas más que en entender las emociones y pueden tener dificultad en expresar los sentimientos importantes. Ellos expresan los sentimientos importantes.

Ellos manejan los sucesos dolorosos con la distracción. Ellos pueden estar inmersos en sus propios sentimientos y punto de vista y no reconocer las reacciones de los adultos. Pueden sentirse amenazados cuando los adultos tratan de usar la lógica sobre las experiencias dolorosas y no entender completamente lo que se dice hasta más tarde. Sin embargo, su comportamiento a menudo demuestra que han tomado nota aún cuando no hacen tal reconocimiento.

Es importante permitirles el tiempo para que entiendan las cosas por sí solos y que no exijan un comentario inmediato. La ansiedad de los propios padres puede confundir y hacer sentir culpables a los adolescentes o hacer que rechacen las emociones de los padres para protegerse a si mismos.

 

Estas reacciones son señales del estrés que tienen en aceptar las crisis o traumas. Son normales y deben dejar que pase el tiempo.

  1. Preocupación excesiva hacia otras personas, culpabilidad, ansiedad e inseguridad
  2. Insomnio o querer dormir todo el tiempo
  3. Alejamiento de la familia, pasar más tiempo solos escuchando música o viendo televisión
  4. Querer estar con la familia más que antes o tener más dependencia de la familia u otras personas
  5. Una necesidad de pronto por la independencia al expresar sentimiento como “no me trates como un niño o “sólo eres mi madre”
  6. Falta de cooperación, irritabilidad y preocupación exclusiva de lo que es importante para ellos
  7. Aburrimiento, falta de atención o sentirse insatisfechos
  8. No poder enfrentar responsabilidades u obligaciones, revertir a comportamientos de inmadurez o irresponsabilidad
  9. Preocupación con el trauma, querer hablar sobre ello todo el tiempo, o sentirse con rabia y no querer hablar sobre ello
  10. Estar más desconectados de la vida, el futuro o hobbies, y sin deseos para fijar metas
  11. Querer hacerlo todo de golpe; son impacientes o intolerantes
  12. Pesimismo y cinismo, pérdida de interés en el futuro
  13. Cambio de valores y filosofía sobre la vida
  14. Falta de concentración, memoria, organización, habilidad de planificación y una baja en el rendimiento escolar
  15. Inquietud, siempre necesitando hacer algo o estar con los amigos
  16. Reacciones emocionales exageradas hacia los pequeños problemas
  17. Comportamiento rabioso, controlador, afirmativo y exigente
  18. Exageración o regreso a los problemas previos

 

 

TRASTORNO DE LA PERSONALIDAD EN ADOLESCENTES

Un trastorno de la personalidad es un patrón permanente e inflexible de experiencia interna y de comportamiento que se aparta acusadamente de las expectativas de la cultura del sujeto, tiene su origen en la adolescencia o inicio de la edad adulta, es estable a lo largo del tiempo y comporta malestar o perjuicios para el sujeto y los que están a su alrededor.

Los trastornos de personalidad que se incluyen en este capítulo son:

  1. Trastorno paranoide de la personalidad: se caracteriza por un patrón de desconfianza y suspicacia que hacen que se interpreten maliciosamente las intenciones de los demás.
  2. Trastorno esquizoide de la personalidad: es un patrón de desconexión de las relaciones sociales y de restricción de la expresión corporal.
  3. Trastorno esquizotípico de la personalidad: consiste en un patrón de malestar interno en las relaciones personales, distorsiones cognoscitivas o perceptivas y excentricidades de comportamientos.
  4. Trastorno antisocial de la personalidad: consistente en un patrón de desprecio y violación de los derechos de los demás.
  5. Trastorno límite de la personalidad: se asienta en un patrón de inestabilidad de las relaciones interpersonales del sujeto, su autoimagen y sus afectos, además de una notable impulsividad.
  6. Trastorno histriónico de la personalidad: consiste en presentar un patrón de emotividad excesiva y de demanda de atención constante.
  7. Trastorno narcisista de la personalidad: el sujeto presenta un patrón de grandiosidad, necesidad de admiración y gran falta de empatía.
  8. Trastorno de la personalidad por evitación: es un patrón de inhibición social, sentimientos de incompetencia e hipersensibilidad a la evaluación negativa.
  9. Trastorno de la personalidad por dependencia: consiste en un patrón de comportamiento sumiso relacionado con una excesiva necesidad de ser cuidado.
  10. Trastorno obsesivo-compulsivo de la personalidad: comporta un patrón de excesivo de preocupación por el orden, el perfeccionismo y el control.
  11. Trastorno de la personalidad no especificado: esta categoría se aplica en dos situaciones; por un lado, cuando el patrón de personalidad del sujeto cumple el criterio general del trastorno de personalidad, pero existen características de varias clases de trastornos de personalidad, pero no de los criterios para un subtipo específico; y por otro lado, cuando el sujeto cumple el criterio general del trastorno de personalidad, pero su sintomatología no se acoge a ninguna de la existente en los subtipos (por ejemplo, el trastorno pasivo-agresivo de la personalidad).

 

A su vez, los trastornos de personalidad están reunidos en tres grupos, basándose en las similitudes de sus características. Así tenemos el grupo A en el que se incluyen los trastornos paranoide, esquizoide y esquizotípico de la personalidad; los sujetos que poseen a alguno de estos grupos suelen parecer raros o excéntricos. El grupo B en el que se incluyen los trastornos antisociales, límite, histriónico y narcisista de la personalidad, cuya característica es que los sujetos pertenecientes a este grupo suelen parecer dramáticos, emotivos o inestables. Por último, está el grupo C en el que se incluyen los trastornos por evitación, por dependencia y el obsesivo-compulsivo de la personalidad. Los sujetos incluidos en este grupo suelen parecer ansiosos o temerosos.

Es conveniente señalar, que si bien, esta clasificación en grupos nos sirve a modo de agrupamiento a efectos de investigación o docencia, no ha sido validada y por lo tanto no es consistente; además del añadido de que la mayoría de pacientes presentan al mismo tiempo varios trastornos de la personalidad pertenecientes a grupos distintos.

El diagnóstico de estos trastornos se hace solamente cuando los rasgos característicos son típicos de la actividad cotidiana de la persona y a lo largo del tiempo, y no se limitan a episodios concretos (como serían, por ejemplo, los trastornos psicológicos que acompañan a una determinada enfermedad). Asimismo, cuando el joven tiene menos de 18 años, hay que ser muy cautos al efectuar el diagnóstico de trastorno de la personalidad, siendo preferible diagnosticar un trastorno de conducta (en vez, por ejemplo, de trastorno antisocial de la personalidad, que veremos seguidamente), puesto que recientes estudios muestran que muchos niños con evidente conducta antisocial tienden a normalizarse al llegar a la edad del joven adulto. Por otra parte, algunos de los trastornos más severos de la personalidad comienzan en la adolescencia, y el poder detectarlos en forma incipiente o en el momento en que aún no tienen consecuencias irreversibles (es decir, cuando aún no hay deterioro de la personalidad) puede ser muy importante para su tratamiento. Veamos a continuación dos de los tipos más habituales de estos trastornos de la personalidad: la antisocial y el límite (borderline).

 

 

AYUDA QUE SE LE PUEDE BRINDAR AL ADOLESCENTE

Primeramente, la sola idea de que el adolescente pueda necesitar una ayuda exterior profesional para salir de esta situación, afecta más a algunos padres, que a los hijos, ya que llegan a sentir que han fracasado en su función paterna. Pero no deben pensar así. Lo que realmente ocurre es que el adolescente necesita hablar con una persona neutra. Y deben tener en cuenta que, en la mayoría de casos, la consulta profesional es tremendamente beneficiosa para el adolescente (y también para los padres)

 

Muchas veces tratar este tema se convierte en un nuevo trauma para el chico. Para tratar que no se siente mal por tener que recurrir a la ayuda profesional y que quiera hacerlo, debemos explicarle que el profesional se trata de una persona neutra, externa a su mundo que podrá ver las cosas en perspectiva y que podrá aportarle ayuda, comprendiendo lo que le ocurre y ayudándole a administrar esta nueva situación. El chico debe confiar en su médico, es lo más importante.

 

Diversos profesionales de salud son competentes para aportar ayuda a un adolescente en apuros: El psiquiatra, médico especializado, es un excelente interlocutor para una depresión o un trastorno de comportamiento. El psicólogo se interesa más por el individuo en su unicidad y originalidad.

 

 

 

 

 

GUIA DE ORIENTACIÓN
DELINCUENCIA

Para obtener interés y un cambio en la personalidad del adolescente delincuente se debe tratar de planificar estrategias en donde el mismo pueda reconocer su error y pueda así reconocer que necesita ayudar profesional para poder reintegrarse en la sociedad, entre algunos de estos pasos tenemos algunas recomendaciones:

  1. Cambiar en gran medida la ideología del delincuente
  2. Otorgarle herramientas al delincuente para poder trabajar y ser aceptado dentro de la sociedad
  3. Analizar los distintos tipos de delincuentes y ver cuales son mas accesibles a un cambio de perfil psicológico
  4. Analizar cuales son las carencias y por que un delincuente se transforma en lo que es
  5. Ver y analizar las estadísticas que se presentan en los medios para entender cual es nuestro perfil de delincuente con mayor necesidad de ayuda
  6. Encontrar referentes de ayuda para un drogadicto y un delincuente
  7. Ver la opinión de profesionales en el tema y como esto nos puede servir para un mejor tratamiento hacia el delincuente
  8. Encontrar una forma arquitectónica que de acogida al joven delincuente y drogadicto

Entre las actividades que deben ser llevadas a cabo para la rehabilitación de los jóvenes delincuentes se debe tener en cuenta los siguientes:

  1. Curso para mejorar el aprendizaje. En razón de que muchos de los reclusos sufren de problemas de analfabetismo, este curso sobre las destrezas del estudio proporciona la habilidad para aprender rápidamente y con precisión cualquier tema.
  2. Curso de comunicación y percepción. Consiste en ejercicios de comunicación que incrementan la habilidad del recluso para enfrentar la vida en lugar de retirarse de ella (la actitud que justamente exacerbó la condición delictiva).
  3. Curso de altibajos en la vida. Como la reincidencia a menudo se debe a que el recluso regresa a su medio ambiente anterior, este curso lo ayuda a distinguir las características sociales y antisociales de sus amigos y asociados. Como consecuencia, es menos susceptible a las malas influencias.
  4. Curso de valores e integridad personal. Este estudio acerca de la ética y la integridad ayuda al recluso a responsabilizarse por sus malas acciones del pasado y a acabar con ellas.

 

 

Principios De Clasificación De Los Delincuentes Para Un Tratamiento Correccional Eficaz

a)     El principio del riesgo

Hay dos aspectos incluidos aquí. El primero tiene que ver con el hecho de que ciertas variables (de riesgo) predicen la conducta antisocial. El segundo recoge la idea de emparejar el nivel del tratamiento con el nivel de riesgo del delincuente: con delincuentes de alto riesgo necesitamos un tratamiento intensivo, con delincuentes de bajo riesgo una intervención mínima (o ninguna) será suficiente. Andrews y Bonta (1994) mencionan diferentes estudios que señalan que la reincidencia de sujetos de alto riesgo sólo disminuyó cuando se les proporcionó un tratamiento intensivo; en cambio este tipo de intervención en sujetos de bajo riesgo tuvo un efecto mínimo o de signo negativo.

 

b)     El principio del sistema de necesidades

Muchos delincuentes (especialmente de alto riesgo) tienen muchas necesidades: son adictos a las drogas o al alcohol, pierden el control emocional con frecuencia, o carecen de habilidades laborales. Este principio distingue entre las necesidades criminógenas y aquellas que no lo son. Las primeras son un subgrupo del nivel de riesgo de un delincuente. Constituyen atributos dinámicos del sujeto o de su ambiente, los cuales, una vez modificados, permiten una disminución de la conducta delictiva. El foco de la rehabilitación correccional ha de ponerse en estas necesidades, si bien los delincuentes tienen derecho a recibir atención en relación a las otras necesidades (las cuales sólo influirán la reincidencia si afectan indirectamente a las necesidades criminógenas).

Por pura lógica, el sistema de necesidades del delincuente constituye los objetivos intermedios del tratamiento, ya que nosotros no podemos observar directamente la conducta delictiva del sujeto (que es el objetivo último del tratamiento). De entre todas las necesidades, las creencias y actitudes del sujeto destacan con gran intensidad. Muchas teorías de la delincuencia, de un modo u otro (etiquetado, del control, asociación diferencial…) se refieren al rol central que el sistema actitudinal juega en la causación de la delincuencia. A continuación señalamos las necesidades que Andrews considera especialmente importante trabajar y, contrariamente, aquellas que deben ser dejadas de lado.

 

Objetos de intervención (necesidades) más importantes:

  1. Cambio de actitudes antisociales
  2. Cambio de sentimientos antisociales
  3. Reducir las amistades antisociales
  4. Promover el afecto y comunicación familiar
  5. Promover el control y la supervisión familiar
  6. Promover la identificación con modelos prosociales
  7. Incremento de las habilidades de autocontrol, organización personal y solución de problemas
  8. Sustituir las alternativas de mentir, agredir y robar por conductas alternativas prosociales
  9. Reducir la dependencia de las drogas
  10. Cambiar la cantidad y valor de los refuerzos que ahora obtiene el joven, favoreciendo las actividades prosociales en el ámbito familiar, ocupacional, escolar y recreativo.
  11. Proporcionar un ambiente de vida estructurado y de apoyo a los individuos con problemas psiquiátricos
  12. Cambiar otros atributos y circunstancias de los sujetos que, mediante una evaluación personalizada, se hayan demostrado vinculados con la conducta antisocial.
  13. Asegurándonos que el sujeto es capaz de reconocer situaciones de riesgo y que dispone de un plan concreto y bien aprendido para enfrentarse a esas situaciones.

En cuanto a los objetivos (necesidades) menos prometedores:

  1. Incrementar la autoestima (sin reducir simultáneamente las actitudes, pensamientos y sentimientos antisociales)
  2. Centrarse en quejas vagas emocionales y personales que no se han demostrado relacionadas con la conducta antisocial.
  3. Incrementando la cohesión de los grupos de sujetos antisociales
  4. Mejorar las condiciones de vida de los barrios sin afectar las necesidades criminógenas de los sujetos de mayor alto riesgo.
  5. Mostrar respeto frente al pensamiento criminógeno bajo la idea de que los valores de una cultura son iguales a los de otra cultura.
  6. Incrementar la ambición en el sujeto por lograr metas convencionales en la escuela y el trabajo sin proporcionar, al mismo tiempo, ayuda práctica para realizarlas.
  7. Intentar cambiar al sujeto para que sea una “buena persona”, sin que ello suponga cambiar cosas que se relacionen claramente con el estilo de vida antisocial (por ejemplo, hacer que un chico sea “más abierto”, “más agradable”, etc.).

 

c) El principio de la responsividad

Se refiere a la realización del programa de tratamiento de modo tal que sea consistente con la capacidad y estilo de aprendizaje del delincuente. Si bien la investigación revela que el estilo de servicio más eficaz es el basado en el aprendizaje social y la aproximación cognitivo-conductual, determinadas cualidades del delincuente como la sensibilidad interpersonal, la inteligencia verbal o la madurez cognitiva puede suponer un elemento diferencial.

 

d)     El principio de la discreción del profesional

En ocasiones los principios anteriores no son la última palabra a la hora de clasificar a un sujeto para un programa de tratamiento. La evaluación diagnóstica puede requerir del empleo del juicio personal del evaluador cuando los datos objetivos sean insuficientes, y requiera de una valoración especial para el caso único que se esté considerando. Pero ha de emplearse con prudencia, atendiendo al interés ético y humano.

 

Estos principios del diagnóstico eficaz de cara al tratamiento se aplican con independencia del lugar en el que aquél se lleva a cabo. “Es decir, la variación en el procesamiento penal sin la variación sistemática en la prestación del tratamiento correccional se relaciona mínimamente con la reincidencia” (Andrews y Bonta, 1994).

 

 

CRISIS DE LA ADOLESCENCIA

Los adolescentes implicados en una crisis y sucesos traumáticos, no siempre externalizan su aflicción. Como resultado, los adultos pueden mal entender sus necesidades o encontrar que quieren ayuda.

Para poder ayudar a los jóvenes adolescentes que están pasando por una etapa de crisis estos deben ser apoyados ya sea por sus padres o sus maestros de la siguiente manera:

  1. Escucharlos. Sus opiniones necesitan ser valoradas esto les ayuda a encontrar su identidad.
  2. Transitar de padres de niños a padres de adolescentes. Hacerles sentir que se les toma en cuenta para las decisiones.
  3. Permitirles explorar con el menor riesgo. Ellos necesitan libertades pero con supervisión discreta.
  4. Negociación. Esto les ayuda a crecen en su autonomía.
  5. Cercanía afectiva. No olvidar que tienen necesidades afectivas.
  6. Pasar tiempo juntos en actividades que les interesen a ellos. El padre requiere acercarse al mundo del adolescente.
  7. Modelar conductas. Exigir sí y sólo sí se da ejemplo.
  8. Límites y reglas claras. Ni permisivos ni autoritarios, reglas explícitas con consecuencias claras.

 

Los adolescentes suelen perder la seguridad en sí mismos con frecuencia comparado a cuando eran pequeños, pero muchas veces adquieren otros tipos de confianza y habilidades. Los padres y los mismos adolescentes, se confunden por la inconsistencia de su comportamiento.

Ellos pueden pensar racionalmente, pero sus emociones son inestables y pueda que no apliquen pensamientos lógicos a situaciones reales. Ellos necesitan apoyo e independencia para aprender. Ellos quieren ambas cosas: estar cerca de los otros y tiempo para estar solos, debido a que encuentran nuevos modos de relacionarse con la gente. Para comunicarse con adolescentes, esas contradicciones tienen que ser apreciadas. El mal humor, la depresión y la inseguridad comúnmente alternan con la emoción, la alegría y el sentido de aventura.

 

 

¿Cómo puede ayudar?

Para ayudar a que las reacciones bajen, los adolescentes necesitan el apoyo y comprensión de los adultos. Las siguientes son algunas estrategias que pueden ayudar en ese respecto:

  1. Denles información correcta de la situación y sus consecuencias. Corrija cualquier malentendido y rumores, pero no les recarguen de detalles innecesarios a la comprensión global
  2. Aliéntenlos a expresar sus emociones y que articulen sus pensamientos: si no con Ud., haga que hablen con otra persona. El expresar las emociones fuertes es algo natural para aceptar el trauma. A medida que bajen las emociones la recuperación habrá empezado. Las emociones reprimidas pueden causar problemas a largo plazo
  3. Continúe comunicándose con ellos, si no desean hablar sobre las emociones, pregúntele al adolescente lo que está pensando. Háganles saber sobre sus reacciones, explíqueles sobre el estrés y la recuperación. Aún cuando no lo admiten, toman nota de lo que se les está diciendo
  4. Continúe diciéndoles que los quieren y que se preocupan sobre ellos sin importar lo que haga o digan
  5. Si objetaran a lo que Ud. está haciendo no discutan con ellos, pídanles de que otro modo pueden ayudarlos
  6. Hay que tranquilizarlos sobre el futuro, en especial que su aflicción actual va a pasar con el tiempo
  7. Hagan planes para reducir la presión en la escuela o en las otras actividades si tuvieran problemas en esas cosas
  8. Apóyenlos para que continúen con sus actividades sociales y recreativas, jugar, explorar, reírse, aún cuando los adultos mismos no deseen hacerlo
  9. Mantenga la rutina y otras actividades familiares, haga que la vida continúe segura y predecible: evite los cambios en lo posible
  10. Manténgalos informados sobre cómo va progresando su recuperación y que ayuda hay disponible
  11. En esta época evite las disputas sobre problemas tales como el trabajo u obligaciones o actitudes de rebeldía. Deje esto para después o se confundirán con las reacciones de la crisis. Los problemas generalmente se borran a medida que los adolescentes se recuperan. De lo contrario, los problemas serán solucionados mejor después.

 

Son señales del éxito de los padres en querer dar a sus hijos la fuerza y seguridad para convertirse en adultos cuando los adolescentes luchan por la independencia, buscan ayuda de sus iguales y adultos y la expresión de críticas. Este comportamiento necesita ser evaluado y resuelto y no enfrentarlo como un desafío. A veces, los adolescentes tienen un punto de vista reducido y pueden aceptar el trauma de un modo normal. Pueda que no necesiten de sus padres tanto como los padres de ellos. Cuando eso sucede los padres deben de continuar cerca de ellos, pero de un modo más desconectado y evitar recargar a los adolescentes con su aflicción en lo posible. El trauma también facilita a los adolescentes la oportunidad del desarrollo y el auto descubrimiento. Con ayuda, los adolescentes pueden llegar a madurar como resultado de la experiencia. A menudo demuestran una fuerza y capacidad de recuperación que no se había hecho evidente anteriormente.

 

 

¿Cuándo se debe pedir ayuda?

Bajo ciertas circunstancias, es importante que pidan asesoramiento de un profesional para entender las crisis, los traumas y a los adolescentes. Esto se debe hacer cuando:

  1. Los padres están particularmente preocupados o no entienden el comportamiento del adolescente
  2. El adolescente no pasa tiempo en casa
  3. No comunican sus cosas o lo que están haciendo
  4. Demuestran una aflicción continua o depresión
  5. Empiezan a usar sustancias de abuso o aumentan su uso
  6. No hay progreso en la recuperación basándose en sus reacciones
  7. Se comportan de un modo descuidado, irresponsable o auto destructivo

 

La ayuda temprana es muy eficaz y puede prevenir complicaciones antes de que se formen patrones de comportamiento. Si el adolescente no desea asistir a la cita, los padres pueden hacerlo solos y se beneficiarán de la oportunidad de obtener consejos y estrategias. Lo mejor que Ud. le puede ofrecer a los adolescentes es paciencia y comprensión. No dude en pedir consejos si no entendiera algún aspecto del comportamiento de los jóvenes o si tuviera alguna pregunta. Quizá con la asistencia correcta, la recuperación del trauma no será tan dolorosa ni para los adolescentes ni para los padres.

 

 

TRASTORNOS DE LOS ADOLESCENTES

Los trastornos en los adolescentes pueden ser sobrellevados por los padres, buscando comunicación, ayuda profesional, brindándoles confianza o muchas otras estrategias. Pero muchas veces dependiendo del trastorno que posea el adolescente se verán sus resultados. El padre o adulto debe estar abierto a todo tipo de sugerencias que hagan el profesional para que pueda cooperar con el mejoramiento de su hijo adolescente. El profesional debe ser capaz de poder evaluar, diagnosticar y sobre todo poner en práctica todo su conocimiento para ayudar a lograr resultados positivos.

 

Algunos requisitos que los padres que deben cumplir para confrontar la crisis durante la adolescencia de sus hijos:

  1. No se debe mandar hoy una cosa y mañana otra, con contradicciones porque evidentemente nos hará perder credibilidad.
  2. Cuando se toma una decisión hay que mantenerla. Previamente hay que razonarla pero una vez tomada, deberemos mantenerla aunque cueste trabajo o sacrificio.
  3. No se puede exigir a los hijos lo que no somos capaces de hacer. Mantener una congruencia de vida, no podemos pedir orden si somos un desastre.
  4. Debemos mantener el control, no dejarnos llevar siempre por la ira, enfado, o agresividad, puesto que nos pueden llevar a dar órdenes que luego tendremos que corregir.
  5. Ser tolerantes con las pequeñas cosas, (la ropa, el tatuaje, el pendiente.) y poder exigir en las fundamentales.
  6. Mostrar interés por todas sus acciones. No exigir, dar órdenes y desaparecer de la escena, leer el periódico o marchar de casa, desatendiéndose del hijo.
  7. Disponer de muchísima paciencia. No debemos olvidar que ellos tratarán de imponer sus criterios, aprovecharse de nuestras debilidades, debemos ser perseverantes, no claudicando nunca, y cuando nos veamos desbordados pedir ayuda a un profesional que nos oriente.
  8. Valorar todo lo bueno, lo responsable que sea, aunque sea mínimamente, pues así será estimulado, procurando estar siempre para ver también lo que ha hecho bien, aunque sea su deber (como estudiar, o recoger su habitación) puesto que en esta crisis esto a él, al adolescente, le supone un esfuerzo.

 

 Tener una buena relación es fundamental y necesario para acrecentar su habilidad para manejar la conducta de su hijo y ayudarlo a aprender a controlar sus emociones. A continuación, encontrará algunos consejos que lo ayudarán a mejorar la relación con su hijo:

  1. Pase tiempo con su hijo a diario compartiendo actividades divertidas, por ejemplo jugando con los juguetes y leyendo. Preste atención a las conductas positivas de su hijo describiendo lo que está haciendo y elogiando sus actos toda vez que sea posible. En caso de niños más grandes, comparta una actividad que ellos hayan elegido y hable con ellos. Escuche lo que dice su hijo con atención, sin corregir ni criticar.
  2. Elogie a su hijo a menudo toda vez que muestre conductas adecuadas. Sea concreto. Puede elogiar a su hijo diciendo cosas como: “Omar, me gusta mucho la forma en que compartes todo con tu hermana” o “Hani, estoy contenta de que hayas hecho tu cama como te lo pedí.”
  3. Ignore los episodios menores de mala conducta para llamar la atención, como el lloriqueo, ya que los niños suelen portarse mal para captar la atención de sus padres. No dar la atención que reclaman ya es suficiente castigo. Una vez que el niño deja de hacerlo y comienza a portarse mejor, cerciórese de prestar mucha atención a lo que está haciendo. Esto es señal de que usted ignora intencionalmente las conductas que no quiere que tenga su hijo y que refuerza, con elogios, aquellas actitudes que sí quiere que tenga. Así, habrá más probabilidades de que su hijo se comporte adecuadamente y menos probabilidades de que tenga una conducta inadecuada.
  4. Comuníquele a su hijo expectativas concretas, como que siga sus indicaciones después de dos avisos, que comience la tarea escolar a las 5 de la tarde o que tome un baño antes de acostarse. A menudo, los niños se comportan mejor cuando saben qué se espera de ellos y cuando son recompensados por sus logros. Algunas recompensas son, por ejemplo, los elogios verbales y los no verbales como los abrazos y pequeños obsequios, como autoadhesivos, pequeños juguetes o tiempo extra en la computadora o para mirar televisión. Para los jóvenes y adolescentes, las recompensas pueden incluir acostarse más tarde los fines de semana, verse más con sus amigos o un aumento de la mensualidad.
  5. Tenga presente cómo y cuándo le da una orden o una instrucción a su hijo. Los jóvenes y adolescentes responden mejor cuando las órdenes son breves y directas, y cuando se dan en un tono de voz neutro o positivo. También piense en cuál es el momento oportuno para dar la orden. Por ejemplo: si su hijo está mirando un programa de televisión, espere a que haya una pausa, como los comerciales, para dar la orden. Además, asegúrese luego de elogiar a su hijo por haber cumplido la orden.
  6. Comuníquese con el maestro de su hijo si éste tiene problemas de conducta en la escuela. Comparta las técnicas que le dan resultado para manejar la conducta de su hijo en su casa. Establezca con el maestro expectativas específicas de comportamiento adecuado en la escuela y recompense a su hijo por comportarse de ese modo.
  7. Para abordar conductas difíciles de cambiar, puede usar las técnicas de aislamiento temporal (time out) y pérdida de privilegios. Sin embargo, asegúrese también de dar lugar a que su hijo reciba gran cantidad de incentivos, como elogios verbales y recompensas. Tenga en cuenta que la constancia es importante. “Ceder” una vez que se ha fijado la consecuencia de un determinado comportamiento socava el objetivo de las técnicas de aislamiento temporal o pérdida de privilegios utilizadas con anterioridad.
  8. Los niños de 7 a 8 años tienden a responder bien a aislamientos de 3 a 5 minutos durante los cuales el niño se sienta en una silla en un lugar sin distracciones. Esta técnica implica un castigo porque, durante el aislamiento, usted desvía la atención de su hijo.
  9. Entre los niños más grandes y los adolescentes, el uso de un aislamiento temporal no es tan eficaz. Para ese grupo de edad, suele adecuarse mejor la pérdida de privilegios. Sin embargo, es necesario ser cuidadoso al sacar privilegios. La pérdida de un privilegio debe estar en relación con la gravedad del hecho. Por ejemplo: es razonable no dejar salir a un adolescente el fin de semana si regresa a su casa dos horas después del horario estipulado, pero no es razonable no dejarlo salir durante un mes.

 

 

 

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Citar este texto en formato APA: _______. (2010). WEBSCOLAR. La Crisis de la Delincuencia y una guía para su orientación. https://www.webscolar.com/delincuencia-y-guia-orientacion. Fecha de consulta: 17 de enero de 2020.

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