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La educación superior en el siglo XXI: Retos y Perspectivas

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INTRODUCCION

La sociedad mundial, la ciencia y la técnica contemporánea, están sujetas a rápidas y profundas transformaciones. La educación superior, como ocurriera en muchas ocasiones en el transcurso de su historia, está viviendo un proceso de transformación estimulado por los cambios que experimentan las diversas realidades nacionales. Ese proceso, actualmente en desarrollo a escala mundial, tiene manifestaciones peculiares en América Latina y el Caribe, cuyos gobiernos, avanzada la segunda mitad de este Siglo, entre otras iniciativas y en términos generales, han venido revisando el rol del Estado y reduciendo sus magnitudes y funciones, aplicando políticas macroeconómicas de ajuste estructural, abriendo sus economías y profundizando múltiples iniciativas de integración económica de alcance sub regional y regional.

Los desafíos provenientes de la economía internacional y del rápido crecimiento y cambio en los ámbitos de la ciencia y la tecnología, sólo pueden encontrar una respuesta adecuada mediante la contribución de la educación superior. El impacto del desarrollo tecnológico especialmente en la información y las comunicaciones es tal, que todos los países, independientemente de su nivel de desarrollo industrial, tienen que utilizar normas y equipos mundialmente aceptados. Esto no sólo se aplica al “hardware”, sino también a las estructuras organizativas y al factor humano “humanware”. Esto depende de la educación o está relacionado con ella, especialmente en los niveles técnico y superior.

Frente a los procesos de globalización y de conformación de los grandes bloques económicos, los Estados necesitan nuevos enfoques y políticas lúcidas para fortalecer su capacidad de negociación, y mejorar su inserción en la economía internacional, teniendo en presente que la globalización está dominada por la “intensidad del conocimiento.

Estos cambios trascendentales, encuentra a una América Latina subeducada y su educación subfinanciada. Ante un mundo en proceso de cambio, la educación permanente aparece como la respuesta pedagógica estratégica que hace de la educación asunto de toda la vida y dota a los educandos de las herramientas intelectuales que les permitirán adaptarse a las incesantes transformaciones, a los cambiantes requerimientos del mundo laboral.

Este trabajo tiene como finalidad dar a conocer una perspectiva clara y breve sobre la situación actual de la educación superior, los retos que ha tenido que sobrellevar y los que en un futuro podrán afectarla y la perspectiva como las instituciones han optimizado las problemáticas.

LA EDUCACION SUPERIOR EN EL SIGLO XXI: RETOS Y PERSPECTIVAS

  1. UN ENFOQUE GENERAL DE LA EDUCACION SUPERIOR EN EL SIGLO XXI

Uno de los fenómenos más característicos de esta época finisecular es la aparición de la “globalización” o “mundialización” El reciente Informe de la “Comisión Internacional sobre la Educación para el Siglo XXI“, sostiene que “el fenómeno de la globalización es hoy día el más importante, el más dominante y el que, de un modo u otro, más influye en la vida diaria de todas las personas Enfrentados a la globalización, la pregunta que surge es cómo podemos promover los objetivos que se atribuyen ala educación, especialmente aquéllos que reconocen su contribución al desarrollo de la personalidad de cada quien y su aporte a la promoción de la cohesión social, en un mundo globalizado donde pareciera prevalecer una tendencia a la homogeneización La primera conclusión de la Comisión es que la educación debe enseñarnos a vivir juntos en la “aldea planetaria” y a desear esa convivencia, como parte de una Cultura de Paz.

Pero, en la realidad, se está dando una globalización fragmentada o segmentada, que concentra las ventajas del desarrollo en un sector relativamente reducido de la población mundial y crea profundas brechas de desigualdad, en términos de calidad de vida y acceso a los bienes económicos y culturales, entre los distintos componentes de las sociedades nacionales, tanto en los países industrializados como en los países subdesarrollados. La polarización económica, a nivel planetario, se incrementa constantemente, según el PNUD Del Producto Interno Bruto Mundial casi el 80 por ciento corresponde a los países industrializados y sólo el 20 por ciento a los países en desarrollo, no obstante que en éstos últimos vive el 80% de la población mundial Según los analistas, África y América Latina se encuentran entre los “perdedores” ante el proceso de globalización y Asia Oriental y Sudeste entre los ganadores. Frente a los procesos de globalización y de conformación de los grandes bloques económicos, los Estados necesitan nuevos enfoques y políticas lúcidas para fortalecer su capacidad de negociación, fomentar su competitividad y mejorar su inserción en la economía internacional.

Este es un reto que las instituciones de Educación Superior tienen también que asumir, como un imperativo de la época, y contribuir a la formulación de esas políticas Xavier Gorostiaga ha sintetizado brillantemente lo que él denomina “los signos de la crisis de civilización”, que a:

  1. La civilización de la copa de champán. Vivimos en un mundo en el que el 20% de la humanidad -que está en lo alto de esa copa- controla el 83% de las riquezas del mundo Mientras que el 20%, que está en el pie de esa copa, sobrevive sólo con el 1,4%.
  2. La concentración del conocimiento es aún mayor. La disparidad Norte-Sur en la inversión en Investigación y Desarrollo refleja la tendencia a una concentración cada vez mayor del conocimiento en las naciones del Norte, en una época en que la intensidad del conocimiento es la llave para la acumulación.
  3. El crecimiento acelerado de los multimillonarios, que poseen fortunas personales de más de mil millones de dólares, es también un fenómeno de este cambio de época Según la publicación Forbes Magazine, 358 personas tienen individualmente capitales personales acumulados del orden de los 762 mil millones de dólares. Estas personas poseen el equivalente al ingreso per cápita del 45% de la población mundial.
  4. Los dividendos de la paz no han sido cosechados al final de la guerra fría. El gasto militar en 1993 ha sido de 815 mil millones de dólares, el equivalente al 40% del ingreso per cápita de la humanidad
  5. El tráfico de drogas es también un síntoma. Según Interpol, en su informe de mayo de 1994, los montos provenientes del narcotráfico son del orden de 400 mil millones de dólares anuales de los cuales 100 mil millones son “lavados” por bancos transnacionales
  6. La crisis del medio ambiente la produce en nuestra época tanto el excesivo consumo de un pequeño número de países del Norte como el empobrecimiento creciente de los países del Sur. La pobreza y la necesidad de sobrevivir a cualquier costo ha comenzado a representar una nueva amenaza para el equilibrio ecológico.
  7. Hay crecimiento pero sin empleo. Aún cuando se recuperaran las tasas de crecimiento del pasado, la perspectiva a nivel mundial es la de un crecimiento sin empleo donde en todo el mundo el producto bruto interno y la fuerza de trabajo crecen más rápido que la generación de nuevos empleos, excepto en el sureste asiático.
  8. La nueva pobreza en el Norte revela que la asimetría, la marginación y la exclusión creciente de buena parte de la población humana es un fenómeno mundial que va en aumento El Norte y el Sur ya no son conceptos geográficos sino conceptos socio-económico-políticos y sobre todo, conceptos éticos
  9. El modelo de crecimiento basado en las exportaciones es ambiguo y contradictorio. En la llamada década perdida en América Latina (años 80´s), las exportaciones crecieron en casi un 60%, mientras las importaciones disminuyeron en proporción al producto bruto interno en casi un 15%. Sin embargo, las condiciones estructurales que crean la deuda externa, los desiguales términos de intercambio y la fuga de capitales provocaron que América Latina transfiriera al Norte, descapitalizándose, una cantidad aproximada de 500 mil millones de dólares”.

Uno de los elementos claves para reinsertamos favorablemente en una economía mundial abierta radica en el mejoramiento substancial de nuestra competitividad Pero, la competitividad no debe conducimos a dejar de lado la equidad ni la garantía de la sustentabilidad ambiental. La competitividad no debe excluir la solidaridad. Si la competitividad implica progreso técnico y dominio de nuevas tecnologías, no hay avance tecnológico sin desarrollo científico y, a su vez, éste hunde sus raíces en un sistema educativo de alta calidad “El árbol del conocimiento, dice un autor, sólo florece si está profundamente enraizado en el sistema educativo” Los países que aspiren a competir en los nuevos espacios económicos tienen que dar atención preferente a la formación de sus recursos humanos del más alto nivel, al desarrollo científico, al progreso técnico y a la acumulación de información, todo lo cual significa priorizar las inversiones en educación, ciencia, tecnología e investigación. Educar para competir, pero también para compartir. La educación está, pues, llamada a constituirse en la inversión prioritaria de nuestros países. Sin embargo, como advertimos antes, existe en el debate internacional toda una escuela de pensamiento que pone en duda, para los países en desarrollo, la eficacia y prioridad de las inversiones destinadas a la Educación Superior. De esta suerte, cuando se trata de decidir sobre las prioridades, esta escuela no vacila en recomendar la inversión en los niveles precedentes de enseñanza, es decir, en la educación primaria y básica, llegando incluso a recomendar que se asignen a estos niveles buena parte de los recursos que actualmente se destinan a la Educación Superior.

Nadie duda de la prioridad e importancia de ofrecer a todos nuestros niños y adolescentes una educación básica de calidad, que concentre su atención en los aprendizajes efectivos. Así lo reconoció la “Declaración Mundial sobre Educación para Todos”, suscrita en jomtien, la cual, sin embargo, agregó dos conceptos que vale la pena tener aquí presentes En primer lugar, el reconocimiento de que la educación básica “es más que un fin en sí misma”.

“Es la base para un aprendizaje y un desarrollo humano permanente sobre el cual los países pueden construir sistemáticamente nuevos niveles y nuevos tipos de educación capacitación”. En segundo lugar, el concepto que establece que “la sociedad debe proporcionar un sólido ambiente intelectual y científico a la educación básica. Filo requiere el mejoramiento de la enseñanza superior y el desarrollo de la investigación científica”. El reto que enfrentan nuestros países es mejorar la calidad, relevancia y pertinencia de todo el sistema educativo, desde una concepción integral y no segmentada del mismo, advertidos de que no se trata de hacer más de lo mismo, sino ofrecer una educación diferente. Este podría ser el camino para asumir la perspectiva de la “educación permanente para todos”, nuevo horizonte educativo que nos propone la UNESCO como “la llave para entrar en el siglo XXI”.

En nuestros países, las Universidades constituyen la columna vertebral del subsistema científico-tecnológico. En ellas se concentra la mayor parte de la actividad científica de la región (85%). Lo anterior pone de manifiesto el papel clave que desempeñan las Universidades en cualquier programa destinado a promover el desarrollo científico y tecnológico nuestros pueblos. A ellas les incumbe la gran responsabilidad de contribuir a introducirnos, en forma autónoma y no como simple apéndice intelectual, en la civilización científica contemporánea, es decir, en la modernidad.

A ellas les corresponde estimular el espíritu creativo y la investigación científica que representan el punto de partida de todo esfuerzo de mejoramiento científico-tecnológico Dice Alain Touraine “Estamos todos embarcados en la modernidad, lo que es necesario saber es si no hacemos como galeotes o como viajeros con bagajes, proyectos y memorias”

La concepción de modernidad no se reduce a lo que Darcy Ribeiro llamaba “modernización refleja”. Como señala Luis Enrique Orozco, “nuestra modernidad implica modernización pero no se reduce a ella La región requiere no sólo una reconversión del aparato productivo, un aumento de la productividad y la competitividad de los países en el contexto internacional, sino también el fortalecimiento de Ios procesos democráticos, la asimilación de los códigos culturales de la moderna ciudadanía y la búsqueda de estrategias que contribuyan al proyecto utópico de un desarrollo sustentable en el que todos encuentren más y mejores oportunidades para el desarrollo personal y el de sus comunidades”.

Además de los cambios generados por la globalización y el papel central del conocimiento y de la información en el nuevo paradigma productivo, existe toda una serie de fenómenos que inciden en la vida política, cultural y socioeconómica de nuestros pueblos, que la Educación Superior tiene que tomar en cuenta a la hora de replantearse su misión y sus funciones en la sociedad contemporánea

  1. POSICION ESTRATEGICA DE LA EDUCACION SUPERIOR

Existen tres aspectos claves que determinan la posición estratégica de la educación superior en la sociedad contemporánea y su funcionamiento interno. Ellos son:

1. Pertinencia

“La pertinencia, se considera particularmente en función del papel de la educación superior como sistema y del de cada una de sus instituciones hacia la sociedad, así como en función de las expectativas de ésta respecto a la educación superior. Por lo tanto, debe incluir temas como la democratización del acceso y oportunidades más amplias de participación en la educación superior durante diferentes etapas de la vida, los vínculos con el mundo del trabajo y las responsabilidades de la educación superior hacia el sistema educativo en su totalidad.” Lo anterior nos lleva a reexaminar las relaciones entre la educación superior y la sociedad civil y, de manera particular, entre la educación superior y el mundo del trabajo y el sector productivo. El reexamen de las relaciones con la sociedad civil debe conducir a que la educación superior brinde más y mejores respuestas a los problemas que enfrenta la humanidad y a las necesidades de la vida económica y cultural, y sea más pertinente en el contexto de los problemas específicos de determinada región, país o comunidad.

La relación con el mundo del trabajo está signada por la naturaleza cambiante de los empleos, que demandan conocimientos y destrezas en constante renovación y evolución. Además, el graduado universitario cada vez más debe estar preparado para integrarse a equipos multidisciplinarios e interdisciplinarios de trabajo. “La sociedad se desplaza hacia un modelo de aprendizaje de por vida para todos, que está reemplazando gradualmente al modelo prevaleciente de aprendizaje selectivo y concentrado de estudios durante un período limitado. “En resumen, en una época en que ya no se puede aplicar más la ecuación “título = trabajo”, se espera que la educación superior produzca egresados que no sólo puedan ser buscadores de trabajo, sino también empresarios de éxito y creadores de empleos”. Pero, para la educación superior no basta con atender las nuevas necesidades del mercado laboral. “Las instituciones de educación superior, deben resaltar los valores éticos y morales en la sociedad, procurando despertar un espíritu cívico activo y participativo entre los futuros graduados. Además de la preparación para la vida profesional, se requiere también un mayor énfasis en el desarrollo personal de los estudiantes. La demanda de graduados y de programas de estudio podría representar una oportunidad de revitalizar las humanidades y las artes en la educación superior y abrir nuevas posibilidades de vínculos cooperativos con diferentes organizaciones públicas y económicas.

Una de las preocupaciones, es la existencia de relaciones constructivas entre el Estado y la Universidad, como requisito para el proceso de transformación de la educación superior. Estas relaciones deben fundamentarse sobre el estricto respeto a la libertad académica y a la autonomía institucional, principios esenciales que dan su carácter propio a las instituciones de educación superior y las hacen diferentes de las instituciones educativas de otros niveles. Por encima de todo, se debe prestar adecuada atención a que, en todo caso, el establecimiento de un sistema de pago de aranceles esté acompañado por una asistencia apropiada a los estudiantes necesitados, de suerte que ningún joven capacitado se quede fuera de la educación superior por razones económicas.

En cuanto a la investigación, es evidente que ningún sistema de educación superior puede cumplir su misión y ser un aliado viable para la sociedad en general, si parte de su equipo docente y de sus entidades organizativas no realiza además investigación, de acuerdo a las metas institucionales particulares, el potencial académico y los recursos materiales.

2. Calidad

Un aspecto sobresaliente es su insistencia en subrayar que cualquier política educativa debe asumir el sistema educativo como un todo. Por lo tanto, la reforma de la educación superior debe tener presente su estrecha interdependencia con los demás niveles educativos. Esta coherencia deriva del hecho de que la calidad de la educación superior depende de los resultados de la labor de los niveles precedentes. De ahí que la UNESCO afirma que: “La educación superior tiene que asumir un papel conductor en la renovación de todo el sistema educativo”.

No basta que la educación superior sea más pertinente. Debe también ser de mejor calidad. Pertinencia y calidad deben marchar de la mano. La preocupación por la calidad es la preocupación dominante en el actual debate y, posiblemente, lo seguirá siendo en el futuro. El concepto de calidad en la educación superior es un concepto multidimensional. No sólo abarca las tres funciones clásicas del tríptico misional de Ortega y Gasset: docencia, investigación y extensión, lo que se traduce en calidad de su personal docente, calidad de su programa y calidad de sus métodos de enseñanza-aprendizaje, sino que comprende también la calidad de sus estudiantes, de su infraestructura y de su entorno académico.

Todos estos aspectos relacionados con la calidad, más una buena dirección, un buen gobierno y una buena administración, determinan el funcionamiento de la Universidad y la “imagen institucional” que proyecta a la sociedad en general. La calidad demanda una evaluación permanente y sistemática. La educación superior debe introducir la evaluación institucional en su quehacer habitual, sea mediante los procedimientos de autoevaluación, o bien mediante los de evaluación, por pares.

La preocupación por la calidad de los estudios arranca de la idea de que los estudiantes de nivel superior de un país forman parte de la riqueza de ese país, son bienes del más alto valor para toda sociedad, por decirlo así, dado los roles que al graduarse están llamados a desempeñar en el seno de la misma. Entonces, es de interés público asegurar la calidad de los estudiantes. Incluso, en el futuro, las Universidades van a ser juzgadas o evaluadas más por la calidad de sus alumnos que por la calidad de sus profesores, como consecuencia del énfasis que hoy día se pone en los procesos de aprendizaje más que en los de enseñanza.

3. Internalización

La UNESCO, comprometida con la idea de renovar la educación superior en el mundo, considera esencial que todos los sistemas de educación superior al determinar su propia misión tengan en mente esta nueva visión que podríamos llamar de “Universidad dinámica o proactiva”. Esta visión aspira a convertir cada institución de educación superior en:

Esta nueva visión de la “universidad dinámica” aspira a convertir cada institución de Educación Superior en:

  • “un lugar de formación de alta calidad que capacite a los alumnos para actuar de manera eficiente y eficaz en una amplia gama de funciones y actividades cívicas y profesionales, incluyendo las más diversas, actuales y especializadas”.
  • “un lugar al que el acceso depende principalmente el mérito intelectual y de la capacidad de participar activamente en sus programas, cuidándose de asegurar la igualdad social”.
  • “una comunidad dedicada plenamente a la investigación, la creación y la difusión del conocimiento, al progreso de la ciencia, y que participe en el desarrollo de innovaciones e inversiones tecnológicas”.
  • “un lugar de aprendizaje basado únicamente en la calidad y el conocimiento, inculque a los futuros graduados el compromiso de proseguir el aprendizaje y la responsabilidad de poner su formación al servicio del desarrollo social”.
  • “un lugar que acoja a los que regresan para actualizar y perfeccionar sus conocimientos y sus calificaciones como parte de la práctica y la cultura institucionales”.
  • “una comunidad en que se estimule y apoye activamente la cooperación con la industria y los servicios a favor del progreso económico de la región y la nación”.
  • “un lugar en el que se individualicen, discutan y aborden en espíritu de crítica bien informada problemas y soluciones locales, regionales, nacionales e internacionales importantes, y en el que se fomente la participación activa de los ciudadanos en los debates sobre el progreso social, cultural e intelectual”.
  • “un lugar al que gobiernos y demás instituciones públicas puedan dirigirse en busca de información científica fiable, cada vez más necesaria para las autoridades de todos los niveles, y que también promuevan la participación en el proceso de decisión”.
  • “una comunidad cuyos miembros, íntegramente dedicados a los principios de libertad académica, estén comprometidos en la búsqueda de la verdad, la defensa y el fomento de los derechos humanos, la democracia, la justicia social y la tolerancia en sus propias comunidades y en todo el mundo, y que participe en la instrucción encaminada a la verdadera ciudadanía participativa y en la edificación de una cultura de paz”.
  • “una institución bien ubicada en el contexto mundial con todas las amenazas y las posibilidades inherentes, y adaptadas al ritmo de la vida contemporánea a las características distintivas de cada región y de cada país”

Como objetivo final de todo este proceso de cambio y desarrollo de la Educación Superior, la UNESCO anticipa la urgencia de un nuevo “pacto académico” que ponga la Educación Superior en todos sus Estados Miembros ” en mejores condiciones de responder a las necesidades actuales y futuras del desarrollo humano sostenible”.

La gran pregunta que cabe formularse después de todo lo que hemos expuesto y que tiene una profunda raíz ética, es:

¿A quién debe servir el proceso de transformación de la Educación Superior?

¿Cuáles deben ser los sectores sociales beneficiados por una Educación Superior pertinente y de mejor calidad?

La respuesta en países, como el nuestro, es obvia: a todos los sectores sociales, priorizando la atención de las necesidades básicas de los sectores más desfavorecidos. Esto representa para nuestras instituciones un reto adicional. No basta con satisfacer las necesidades del sector moderno exportador ni los requerimientos del sector productivo, ni de la competitividad internacional. Es preciso, por imperativo ético volcar la atención preferente hacia quienes más necesitan aliviar su difícil situación mediante los aportes que pueda hacer una Educación Superior guiada por una clara conciencia de su función social.

  1. RETOS DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR

El proceso de globalización ofrece un gran potencial de crecimiento económico y abre nuevas oportunidades, pero reservadas para los que tienen capacidad competitiva, pues excluye, en forma creciente, a los que no la tienen.

El mejoramiento substancial de nuestra competitividad implica, entonces, conocimiento, tecnología, manejo de información, destrezas; significa elevar la calidad de nuestros sistemas educativos y la preparación de nuestros recursos humanos al más alto nivel posible, formar la “inteligencia científica” de nuestros países. Competitividad implica incorporar el progreso técnico a la actividad productiva. Hoy en día no sólo compiten los aparatos económicos y las empresas, sino también las condiciones sociales, los sistemas educativos y las políticas de desarrollo científico y tecnológico. En realidad, es la sociedad entera, el país mismo, quien compite y no sólo el sector empresarial. “La carrera económica y geopolítica del siglo XXI, afirma Hernán Gómez Buendía, es una carrera entre los sistemas educativos”. Tal sentimiento abarca los sistemas educativos, sin que escapen las propias universidades. El reto consiste en transformar la incertidumbre en creatividad.

Frente a estos desafíos, es urgente estructurar las respuestas que nuestras universidades deberán dar les, mediante una serie de tareas, como las que ya mencionamos, y que en apretada síntesis conducirían a fortalecer sus capacidades de docencia, investigación y extensión interdisciplinarias; flexibilizar sus estructuras académicas e introducir en su quehacer el paradigma del aprendizaje permanente; auspiciar sólidos y amplios programas de actualización y superación académica de su personal docente, acompañados de los estímulos laborales apropiados; incorporarse a las llamadas “nuevas culturas”: la cultura de pertinencia, de calidad, de evaluación, de informática, de administración estratégica y de internacionalización, todo inspirado en una dimensión ética y de rendición social de cuentas, tal como lo señaló la Conferencia Mundial de París.

1. Retos según Simón Schwartzman

En un trabajo elaborado para el BID, el Profesor Simón Schwartzman resume los retos en la forma siguiente:

  1. Los sistemas de educación superior continuarán creciendo.

Aunque el primer movimiento de expansión haya cumplido su ciclo, con la incorporación de las mujeres y de personas de más edad, la expansión misma de la educación básica y secundaria debe llevar a una gran expansión de los sistemas de educación superior, principalmente en Brasil y otros países, donde el acceso a la educación secundaria es todavía muy limitado, próximo del 10% del grupo de cada referencia.

  1. El proceso de diferenciación debe seguir ampliándose, a pesar de las presiones en el sentido contrario.

No hay ninguna señal de que los sistemas nacionales de educación superior van a converger en un modelo único, sea el de la universidad de investigación, sea el de las facultades profesionales tradicionales. No es tampoco deseable que haya una convergencia, dada la pluralidad de formatos, misiones y recursos de que disponen las instituciones educacionales. La tendencia debe ser en el sentido de que las diferencias que hoy ya existen sean explicitadas y reconocidas, para que las distintas funciones de la educación superior puedan ser tratadas de forma apropiada para cada cual.

  1. El factor dinámico de los cambios futuros no será dado por el componente de investigación de los sistemas universitarios

Por los nuevos formatos de vinculación entre las instituciones y las oportunidades del mercado de trabajo. Aunque la existencia de grupos de investigación y de programas de postgrado en los distintos países sea necesaria, estos seguirán limitados a un número reducido de departamentos e instituciones, y no podrán servir como modelo para todo el conjunto.

  1. Los recursos públicos para la educación superior no seguirán creciendo en la misma proporción que el número de estudiantes.

Aunque este tema no haya sido discutido, es clara la tendencia de los gobiernos de poner énfasis en la educación básica y secundaria, y hacer que los cursos de nivel superior procuren pagar sus gastos con recetas propias, de pagos de los alumnos, de la venta de servicios o de recursos de investigación. No se espera que los gobiernos corten de forma brusca sus gastos en educación superior, pero tampoco van a aumentarlos de forma significativa en el futuro previsible. Este cambio significará también una oportunidad de mayor apertura y sensibilidad de las instituciones de educación superior hacia las demandas e intereses de la sociedad.

  1. Hay muy pocas oportunidades de reformas profundas de los sistemas de educación superior

Como se han intentado en los períodos de gobierno militar en varios países. La razón obvia es que las reformas amplias traen también la oposición de muchos grupos organizados, y tienen dificultades de pasar intactas por los procedimientos de aprobación típicos de los regímenes políticos democráticos. Esto no es del todo malo, porque casi siempre las reformas amplias suelen traer puntos de vista unilaterales, que terminarán por no ser implementados como se suponía al principio.

Los intentos en el sentido de evaluar el uso de los recursos y la calidad de los productos de las instituciones de educación superior deberán ser intensificados. Los formatos de estas evaluaciones deberán cambiar mucho, pero en la medida en que la educación superior se torne más importante, aumentaran las presiones por tener información más adecuada sobre costos y resultados.

Las instituciones de educación superior deberán aumentar progresivamente su capacidad empresarial para responder a los desafíos de un ambiente mucho más diverso y menos subsidiado que en el pasado, lo que significará necesariamente una mayor concentración de poderes y responsabilidades en las autoridades universitarias centrales.

  1. El papel de las agencias internacionales en la financiación de la educación superior deberá también ir cambiando.

En lugar de programas sistémicos, la tendencia será identificar proyectos específicos, orientados hacia la atención más adecuada de las distintas funciones y los distintos grupos afectados por la educación superior y por la búsqueda de nuevas formas de actuación. Si estas tendencias se confirmaran, el resultado debe ser un sistema de educación superior mucho más eficiente, complejo, rico en alternativas y de ideas que el que tenemos hoy y también mucho más relevante para las necesidades sociales y económicas de la región.

2. Retos según Jorge Balán y Augusto Trombetta

A su vez, Jorge Balán y Augusto M. Trombetta, concretan los retos y perspectivas en lo que denominan “Una agenda latinoamericana para la educación superior”, explicada a continuación:

  1. Diferenciación y diversificación.

Debería incentivarse una efectiva diversificación de los estudios superiores, creando una arquitectura institucional de distintos niveles, con instituciones no universitarias de calidad y flexibles, capaces de adaptarse a las cambiantes demandas de la economía y del mercado de trabajo. En el nivel universitario, cabría favorecer el desarrollo de distintos tipos de instituciones, sin esperar que todas ellas sigan un mismo patrón de desarrollo o aspiren a combinar funciones docentes y de investigación. Asimismo, los países necesitan preocuparse por el desarrollo de sus universidades más complejas que son las que realizan, investigación científica y tecnológica nacional y son las únicas en condiciones de formar investigadores de nivel mediante programas de doctorado.

  1. Desarrollo del sector privado.

En cuanto a la expansión de la oferta privada, si bien puede incrementar las oportunidades educacionales con un bajo o ningún costo público adicional, debe considerarse que frecuentemente dichas oportunidades -especialmente las de nivel universitario- sólo favorecen a los jóvenes provenientes de los hogares de mayores ingresos o tienden a ser de una calidad académica más bien pobre. En la fase actual de desarrollo de los sistemas de educación superior latinoamericanos, resulta evidente que se requiere la introducción de mecanismos que regulen la calidad académica de las instituciones, especialmente del sector privado, y que garanticen la confianza pública en los diplomas que confieren.

  1. Financiamiento diversificado.

La mayoría de los estudios y de las propuestas de reforma formulados durante los últimos años en América Latina concuerdan en la importancia decisiva que, para el futuro de los sistemas de educación superior, poseen las modalidades de financiamiento de las instituciones. En este punto, las políticas declaradas o aplicadas por los gobiernos de la región tienden a producir una diversificación de las fuentes de ingreso de las instituciones oficiales, con vistas a incentivar una mayor competencia por recursos y una mayor apertura hacia la sociedad.

En casi todas partes, los gobiernos esperan que las instituciones aumenten sus ingresos propios mediante el cobro de aranceles, la venta de servicios o una participación más activa en diversos mercados. Sin embargo, ha resultado difícil alterar la composición de los ingresos de las instituciones oficiales, que mayoritariamente continúan dependiendo de los aportes provenientes del tesoro público en una proporción cercana al 90% de su presupuesto anual. El Banco Mundial ha propuesto como meta indicativa que las instituciones oficiales logren reunir, mediante ingresos propios provenientes de fuentes no gubernamentales, un 30% de sus gastos corrientes, meta que se puede alcanzar.

  1. Nuevo contrato entre los sistemas y los gobiernos.

La agenda de cambios de la educación superior debe incluir una revisión y redefinición de las relaciones entre los gobiernos y los sistemas Se trata de establecer un “nuevo contrato social” entre las instituciones y el Estado, mediante un profundo reajuste de los elementos que constituyen la modalidad de conducción y coordinación de los sistemas.

Resulta necesario reorganizar desde sus bases los esquemas nacionales de dirección y coordinación de la educación superior, favoreciendo la autonomía de gestión de las instituciones y los elementos de autorregulación de los sistemas, redefiniendo las relaciones con el Estado a partir de los ejes de la responsabilidad pública (accountability), la evaluación e información y la mayor exposición a las demandas de la sociedad, por su parte, supone sellar un “nuevo contrato social” entre las instituciones y el gobierno y avanzar en el desarrollo de una nueva cultura en los sistemas de educación superior.

Esto significa aceptar que las instituciones deben hacerse responsables y dar cuenta ante la sociedad de su función pública, informando amplia y oportunamente sobre sus logros, rendimiento y empleo de los recursos fiscales que reciben. Debieran adoptarse, por tanto, diversas formas de evaluación interna y externa, combinando y equilibrando el recurso a la evaluación por pares, la aplicación de indicadores de desempeño y la autoevaluación institucional con participación de académicos. También implica introducir mecanismos de evaluación externa de las instituciones, adoptar procedimientos de acreditación en el caso de las entidades privadas y modificar los patrones de financiamiento de la educación superior, sustituyendo los actuales mecanismos de asignaciones automáticas por otros más sensibles al desempeño académico de las instituciones, a su eficiencia interna y a los resultados provistos por las evaluaciones o vinculados estrechamente a sus metas de desarrollo, capacidad de generar recursos propios o de competir por recursos públicos ”

3. Retos Según Carlos Tünnerman

Según Tünnerman en su libro Políticas considera que los retos de la educación superior del siglo XXI están enfocados en los siguientes:

  1. El reto cuantitativo.

En primer término, el reto de atender una matrícula en constante crecimiento, sin sacrificar la calidad inherente a una educación de tercer nivel. Las exigencias de la calidad no se contraponen, necesariamente, a la ampliación de las inscripciones, desde luego que la moderna tecnología educativa permite resguardar la calidad y, a la vez, aceptar cantidades cada vez mayores de alumnos. La educación superior a distancia está llamada a jugar un papel cada vez más importante en la tarea de enfrentar el reto cuantitativo. De ahí la variedad de experiencias que ya se han incorporado al quehacer de la educación superior actual. Sin embargo, el reto de la democratización educativa no se satisface con la ampliación de las matrículas al nivel superior, pues en realidad tal democratización hunde sus raíces en los niveles precedentes de enseñanza. La educación superior de nuestros días sigue siendo el privilegio de un segmento muy reducido de la población juvenil.

  1. El reto de la pertinencia

El siguiente es el reto de la pertinencia o relevancia de los estudios. La falta de correspondencia entre el producto de la educación superior, representado por los conocimientos y destrezas de sus egresados y las necesidades sociales, genera las críticas más duras en contra del sistema superior de enseñanza, cuyos costos financieros son cada vez mayores y compiten con los destinados a los otros niveles educativos.

  1. El reto del equilibrio entre las funciones básicas

El equilibrio entre sus funciones básicas de docencia, investigación y servicio, es otro de los retos que sólo se resuelve si todas contribuyen al logro de su misión fundamental: formar profesionales dotados del saber y las destrezas adecuadas y, a la vez, contribuir al adelanto, ampliación y difusión del conocimiento. El cabal ejercicio de sus funciones aproxima la educación superior a la sociedad civil y a los sectores productivos. Las relaciones con el sector productivo y, en particular con la industria, representan un campo novedoso y promisorio para las universidades, de mutuo provecho para la Academia y para el mundo empresarial, siempre que no se olvide el carácter de bien social de la educación superior ni se pretenda reducir el papel de la Universidad al de un mero eslabón de la economía de mercado y el conocimiento a simple mercancía.

  1. El reto de la calidad

Otro reto es el de la calidad. La preocupación por la evaluación de la calidad de la educación superior surgió en América Latina y el Caribe en el contexto de la crisis económica que caracterizó a la década pasada y a la sustitución del concepto de “Estado benefactor” por el de “Estado evaluador”. Forma parte del llamado “discurso de la modernización”. No obstante que la preocupación por la calidad ha estado presente desde los orígenes de las universidades, los conceptos de calidad, evaluación y acreditación son recientes en la educación superior latinoamericana.

  1. El reto de la administración eficiente

El reto de mejorar la administración de la educación superior ha conducido a la introducción del planeamiento estratégico como tarea normal de la administración universitaria. A su vez, la “cultura informática” implica la utilización por parte de la educación superior de todos los recursos que ponen a su disposición las nuevas tecnologías de la informática y la comunicación (NTIC).

  1. El reto de la internacionalización

El reto de la internacionalización de la educación superior, que es un reflejo del carácter mundial del conocimiento, la investigación y el aprendizaje. Autores afirman que la internacionalización de la educación superior es la respuesta construida por los universitarios frente a los efectos homogeneizadores y desnacionalizadores de la globalización. Pero también es un recurso educativo para formar ciudadanos críticos y preparados para un buen desempeño en un contexto globalizado.

Todos estos retos, generadores de las “nuevas culturas”, necesariamente conducen a transformaciones que afectan todo el quehacer de la Educación Superior. Tales transformaciones deben plasmarse, en última instancia, en un rediseño curricular, que es el verdadero termómetro para medir el grado de transformación que experimenta una institución universitaria.

CONCLUSION

Por medio de la confección de este trabajo hemos llegado a las siguientes conclusiones:

  • La globalización es un factor que abre puertas, pero solo para quienes están preparados y se encuentran en un estatus social, para los demás que no están capacitados para los retos y cambios que involucran la globalización no se encuentra oportunidades con igual proporción.
  • La Nueva Visión de la Educación Superior comprende, la democratización del acceso y oportunidades más amplias de participación a la comunidad, los vínculos con los trabajadores y la búsqueda de soluciones a los problemas humanos apremiantes, como los problemas étnicos, medio ambiente, paz y comprensión internacional. La Educación Superior debe brindar más y mejores respuestas a los problemas que enfrenta la humanidad y las necesidades de la vida económica y cultural, y ser más pertinente en el contexto de los problemas específicos de determinada región, país o comunidad.
  • Los cuatro pilares para la Educación Superior del futuro, comprenden: “aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos y aprender a ser”.

RECOMENDACIONES

  • Realizar debates para familiarizar a las personas sobre los retos que presenta en la actualidad la educación superior o universitaria
  • Construir una lista con posibles soluciones para cooperar con esta situación que afecta a todos aquellas personas que aspiran a una educación superior
  • Orientar a las personas para que se preparen, advertir sobre los retos que involucra el Siglo XXI y las dificultades que trae consigo.
  • Reducir la ignorancia sobre el tema de los retos y perspectivas de la educación superior en el Siglo XXI por medio de folletos informativos, panfletos, boletines, etc.

BIBLIOGRAFIA

___________________. La Educación Superior en el Umbral del Siglo XXI. Caracas, Venezuela. Colección Respuestas, Editorial CRESALC-UNESCO; 1996.

__________. Tendencias, Misiones y Políticas de la Universidad. Mirando hacia el futuro. Managua, Nicaragua. UNESCO-UCA; 1993.

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TÜNNERMAN, C. 1995. una Nueva Visión de la Educación Superior. Educación Superior y Sociedad. Vol. 6 N°1. 123-136 páginas.

TÜNNERMAN, C. Retos de la Sociedad Contemporánea a la Educación Superior. Capítulo IV. http://www.udual.org/CIDU/ColUDUAL/Tunner/capitulo4.pdf

ANEXO

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Diagrama con algunos de los retos de la Educación Superior en el Siglo XXI

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Las innovaciones también son partes de los retos que enfrenta la Educación Superior

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La cultura informática representa uno de los retos de la Educación Superior del Siglo XXI

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El reto de la generación del conocimiento involucra a las universidades, donde estas son las instituciones que concentran la mayor parte de la actividad científica y de investigación.

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___________.WEBSCOLAR. La educación superior en el siglo XXI: Retos y Perspectivas. http://www.webscolar.com/la-educacion-superior-en-el-siglo-xxi-retos-y-perspectivas. Fecha de consulta: 21 de mayo de 2019.

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