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La desigualdad de géneros entre los pueblos indígenas y las minorías étnicas

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Un fenómeno que apenas se ha estudiado hasta ahora es la discriminación de ciertos sectores dentro de las sociedades indígenas basada en los sistemas internos de estratificación social. Un ejemplo de esto es la discriminación de los «herreros» dentro de la sociedad masai, pero se podrán descubrir más casos a medida que las organizaciones indígenas estén más concienciadas de las razones de la discriminación y las consecuencias de ésta.

La discriminación de género en la mujer indígena repercute en el ámbito jurídico primordialmente en la falta de iniciativa que conduzca a respetar los derechos de las mujeres que están contemplados en distintas normas como apreciamos a lo largo de esta investigación. Pero parte de responsabilidad la tienen las mujeres pues están acostumbradas desde pequeñas a obedecer y a que otros decidan por ellas que a pesar de que se ha logrado que tengan derechos no los ejercen y guardan silencio ante la violación de sus garantías.

A nivel de región, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) recientemente publicó en un informe las brechas salariales por género y etnicidad en América Latina. Los resultados más impactantes ubican a Brasil, como el país en la región que presenta las más altas diferencias salariales –tanto por género como por etnia, cercanas al 30%, seguido de Uruguay (26%) y Nicaragua (20%). Aquellos con las menores tasas fueron Bolivia, Guatemala y Colombia. Estos resultados corresponden a personas con las mismas características, es decir, edades y niveles educativos similares.

Refleja que el reto más grande en temas de discriminación es generado por la descendencia étnica de las personas, en donde se determinó que los afro descendientes e indígenas, ganan en promedio 28% menos que el resto de la población; esta diferencia es más marcada que en el caso de género (17%), principalmente porque las diferencias educativas sí son significativas en el primer caso, a diferencia del segundo. Por lo tanto la estrategia de nivelar los niveles educativos entre las personas, sin importar su etnia, será efectiva y de carácter imperativo, para aminorar las desigualdades salariales por la raza.

Desde hace más de una década conozco la constante preocupación de muchas mujeres indígenas por pensarse en su contexto. Para ello han venido construyendo múltiples espacios de participación y reflexión dentro y fuera de sus organizaciones o comunidades que les permitan analizar su situación, sus dificultades, necesidades, sus roles en la vida comunitaria y organizativa, y en la cultura.

A pesar de las diferencias culturales en tres etnias y de los muchos obstáculos que han encontrado para garantizar la continuidad de este proceso, ellas han podido avanzar en la identificación de los “problemas” que tienen para ser y existir.

Dichos problemas se dan:

  1. En lo cultural y humano: la promoción de un rol doméstico-reproductivo y la sumisión al hombre; las mujeres representan lo tradicional en las comunidades, mientras los hombres asumen más la cultura occidental; la falta del español es utilizada para marginarlas de la toma de decisiones; el maltrato en la familia; el abandono de esposos, esposas e hijos; la poca valoración del aporte de la mujer al sostenimiento de la cultura y la inclusión de patrones occidentales afecta la autoestima y crea sentimientos de inferioridad e inseguridad; la desvalorización de su imagen; la promoción al interior del desprecio por lo propio; el desconocimiento de su trabajo en el hogar, en la agricultura y el cuidado de los animales de las familias; la irresponsabilidad de los padres con los hijos, el aborto, la infidelidad y las violaciones sexuales.
  2. En la participación social: marginalidad social y organizativa; no se tiene en cuenta su participación en programas y proyectos de desarrollo o en procesos de formación; no se valoran los aportes de las mujeres; hay pocas organizaciones de mujeres, “no se deja que las mujeres tengan organizaciones de mujeres argumentando que la lucha de los pueblos debe ser conjunta”;un porcentaje mucho menor de mujeres en las organizaciones; como la mujer “trabaja más”, no tiene tiempo de estar en la organización e ir a las reuniones; falta coordinación con las actividades de los programas para la mujer en la mayoría de las organizaciones.
  3. En lo productivo-económico: marginación y exclusión de programas y políticas de desarrollo; sólo pueden accederá roles extensivos del doméstico, como la salud y la educación; los procesos sociales y económicos que afectan las comunidades obligan a muchos hombres a desvincularse de la economía tradicional y hasta de su cultura; las mujeres permanecen en las comunidades produciendo alimentos y artesanías, y muchas veces deben mantener solas las familias; al tos índices de pobreza por escasez de tierras y degradación del medio ambiente; no se considera su participación en la distribución de los recursos económicos; no cuentan con recursos económicos para mantenerse con sus familias.
  4. En el acceso a bienes y servicios: los servicios de salud no responden a las necesidades de las mujeres ni consideran sus condiciones geográficas, económicas, sociales y culturales; no se articulan la medicina tradicional y la medicina occidental; a las mujeres indígenas no les dan información clara sobre los métodos anticonceptivos, no deciden los métodos y no son consultadas sobre si desean o no planificar; la propiedad, a pesar de colectiva, recae en la mayoría de los casos sobre el hombre; el acceso a los programas del Estado casi siempre está en cabeza de los hombres;“en las propuestas y planes de trabajo de la comunidad no se realizan análisis diferenciados por género o edad, de tal manera que permitan incluir sus demandas y propuestas”; escaso acceso a recursos dada la precariedad de los mismos y la degradación del medio ambiente, la escasez de tierras y el impacto de las medidas de ajuste económico.
  5. En el acceso a la formación y/o capacitación: el acceso de las mujeres a la escuela es muy limitado; en espacios de formación y capacitación no se toma en cuenta ni se garantiza su participación, ni se tienen en cuenta sus limitaciones; “hay poca conciencia de los hombres acerca de la formación de sus mujeres, ellos no están de acuerdo con que la mujer salga de la casa, se piensa que deben dedicarse sólo a los oficios de domésticos, si es consciente de la participación en algún evento es bajo la condición de regresar con dinero o alimentos, de lo contrario se toman represalias”; como los hombres son los que se capacitan ocupan cargos importantes en la comunidad; los currículos no vinculan los saberes tradicionales; aculturación; desconocimiento de sus valores culturales propios e imposición de modelos de corte religioso; formación no enfocada en los temas de liderazgo, gestión y desarrollo; ignorancia sobre los derechos indígenas y de las mujeres; programas pedagógicos propios y nacionales sin perspectiva de género; no se ha logrado estructurar un plan de trabajo que recoja las expectativas de capacitación de las mujeres en las comunidades.
  6. En la toma de decisiones: no se tiene en cuenta en la distribución del poder; no hay acceso a espacios de decisión de nuestras organizaciones; no podemos decidir sobre el manejo de los recursos; no hay acceso a cargos de dirección.
  7. En la comunicación e información: incomunicación con mujeres de otros grupos, etnias, organizaciones y aún en la misma comunidad; mucha desinformación a nivel gen eral.

Todas estas situaciones a lo mejor pudieran ser vis tas como normales en su cultura si las mismas indígenas no las identificaran como problemas o factores de conflicto, si no las hicieran parte de sus inquietudes y sentir.

Las mujeres indígenas se han organizado en diversas instancias de encuentro locales; centros de madres, comité de pequeñas agricultoras, mesas territoriales de mujeres y otros espacios que se han mantenido en el tiempo, a nivel internacional se ha avanzado, pero quedan compromisos gubernamentales no cumplidos. En 1993 se organizó el Enlace Continental de Mujeres Indígenas, convocando a mujeres de toda América y el Caribe, realizando ya cuatro encuentros que buscan generar una plataforma de reflexión, socialización y análisis.

Las mujeres indígenas han estado muy ligadas al proceso educativo. En muchos pueblos, son las mujeres quienes transmiten los saberes, las tradiciones, las formas de comportamiento, en definitiva la propia cultura. La educación indígena, permite a los individuos, convivir armónicamente dentro de la sociedad y su hábitat. Por un lado, cuando hay posibilidades de destinar recursos para la educación, éstos son dirigidos a los niños varones porque se tiene la imagen tradicional de que son ellos los que en el futuro “establecerán las relaciones extra familiares en la comunidad o fuera de ésta y, por ello, deben contar con herramientas que les faciliten esa función”.

Mientras que por otro lado, en muchas comunidades indígenas, las mujeres desde muy temprana edad deben cumplir una serie de tareas domésticas predeterminadas: cuidar a los hermanos menores, ayudar en la cocina, acarrear leña para el fogón, etc. Los padres –enmarcados en los derechos de sus culturas- tienen la convicción de que las niñas con que sepan leer y escribir ya es suficiente porque sus espacios se restringen sólo al ámbito hogareño y, desde esa perspectiva, se deben fomentar otro tipo de cualidades.

Sin embargo, a pesar de éstas determinantes culturales, la educación es uno de los pocos ejemplos donde se puede hablar de “brecha traspasada”20. Una brecha de género favorable a las mujeres indígenas urbanas se da en el tema de la educación, número de inscritos en educación básica, y el promedio de escolaridad. Algo muy notable es el acceso de la mujer a la educación superior en la región, que pasa de alrededor de 15% en 1960 a 36% en 1990. (En Foro de ONGs, 1994).Analizando el promedio de escolaridad en el caso de Guatemala las mujeres urbanas tiene 5.6 años de escolaridad en relación a 3.5 de los hombres rurales y 5.4 del hombre urbano.

Si bien por un lado las brechas de educación entre hombres y mujeres tienden a cerrarse, la brecha del acceso a la educación de parte de poblaciones indígenas en relación a las no indígenas globalmente no ha conseguido acercarse de la misma manera. Las tasas de analfabetismo son superiores para hombres y mujeres indígenas que para grupos no indígenas. Por ejemplo en Bolivia brecha es de 2.3 (indígena) frente a 0.68 años (no indígena) y 1.5 frente a 0.8 en Guatemala. Los mismo pasa en Chile con datos de 1995, donde el analfabetismo entre la población mapuche disminuye de manera radical en las mujeres que en los hombres, principalmente al superar la barrera del IV año.

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___________.WEBSCOLAR. La desigualdad de géneros entre los pueblos indígenas y las minorías étnicas. http://www.webscolar.com/la-desigualdad-de-generos-entre-los-pueblos-indigenas-y-las-minorias-etnicas. Fecha de consulta: 3 de mayo de 2019.

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