Sin duda alguna, la educación es uno de los aspectos más importantes para el desarrollo de una sociedad. Por lo mismo, se constituye como un agente de cambio y libertad para el hombre, esto demuestra la importancia implÃcita que debemos hacia la misma.
Se suele afirmarse que la importancia y el prestigio de esta disciplina radica en su falta de utilidad. En donde se la define como una disciplina que desde la Antigüedad clásica se ha caracterizado por exigir a aquel que quiera dedicarse a su cultivo una buena dosis de ocio: se tratarÃa de un saber privilegiado, destinado a unos pocos que pueden gozar de la ausencia de ocupaciones inmediatas. En este sentido la tradición suele tratar a la filosofÃa como un lujo para una minorÃa, consustancialmente ligada al modelo ancestral de una Universidad para la educación de las elites. La filosofÃa de la educación trabaja sobre dos planos: por un lado busca determinar los principios explicativos y constitutivos de la educación, esto es, su esencia y su significado; por otro lado, ahonda en el problema de los fines educativos y en su conexión con la totalidad de la vida humana. Sin embargo, también podemos encontrar un tercer aspecto que es importante citar: proporcionar al educador una conciencia o una actitud unitaria antes los momentos dispersos de su propia actividad, y ayuda al pedagogo a captar el sentido y el valor de su propia disciplina.
Este trabajo tiene como finalidad proveer aspectos importantes en donde el lector pueda comprender la importancia de la influencia que posee la filosofÃa en la educación, sus aportes y su utilización.
INFLUENCIA DE LA FILOSOFÃA EN LA EDUCACIÓN
- ANTECEDENTES
Las ideas pedagógicas abogan en ese momento crucial de la historia del ser humano como ente social por la separación en lo que respecta a la formación intelectual y el desarrollo de las habilidades y las capacidades que habrÃan de lograrse en aquellos hombres en que sus tareas principales no fueran las de pensar, sino las requeridas para el esfuerzo fÃsico productivo, tales ideas pedagógicas debÃan insistir lo suficiente para lograra en la práctica que la mayorÃa o la totalidad de la “gran masa laboriosa” aceptara esa condición de desigualdad. Con estas concepciones es que surgen las denominadas escuelas para la enseñanza de los conocimientos que se poseÃan hasta ese momento para el uso exclusivo de las clases sociales selectas, asignándoseles a las clases explotadas, como única salida de sobre vivencia, el papel protagónico de la realización del trabajo fÃsico.
Tales concepciones e ideas pedagógicas, conjuntamente con las cualidades que deben poseer tanto el alumno como el maestro, aparecen en manuscritos muy antiguos de China, la India y Egipto.
El desarrollo del pensamiento pedagógico tiene lugar en Grecia y Roma con figuras tan sobresalientes como Demócrito, Quintiliano, Sócrates, Aristóteles y Platón. Este último aparece en la historia como el pensador que llego a poseer una verdadera filosofÃa de la educación. El pensamiento pedagógico emerge con un contenido y una estructura que le permite alcanzar un cuerpo teórico verdadero. En el renacimiento la pedagogÃa figura ya como una ciencia independiente.
Existe una lÃnea convergente entre filosofÃa y educación que se debe tener claro al momento de realizar reflexiones: filosofÃa y educación son dos distintas pero convergentes, distintas, porque el campo de influencia cientÃfica de la filosofÃa es el hombre como ser integral junto a su problemática. La educación por su parte, tiene como campo de influencia cientÃfica a un problema especÃfico del hombre que es el proceso educativo, pero ambas son convergentes ya que una se constituye en la base teórica de la otra que es la que operativiza las reflexiones filosóficas mediante su ejecución en el proceso educativo (ARUZAMÉN, 2008).
- ¿PARA QUE FILOSOFÃA EN LA EDUCACIÓN?
Todo sistema de educación esta basado sobre una filosofÃa de la vida con nombrar algunos filósofos como Platón, Aristóteles, Santo Tomás de Aquino, Locke, Rousseau, Kant, Spencer, Dewey, quienes han reflexionado acerca de la educación a través de la historia. El plan más antiguo de la educación es el de Platón; Kant la analiza en base a un deber ético; William, Natorp y Durkheim la tratan a nivel sociológico. Spencer la ve más como un proceso de evolución materialista. Dewey realiza un pragmatismo experimental y sociológico.
La filosofÃa ocupó un lugar eminente en la formación de las clases privilegiadas cuando era parte esencial de ese privilegio el acceso a las formas elevadas de cultura. También lo ocupó, doctrinariamente, como filosofÃa dogmática, cuando se la utilizó como saber ideologizado, doctrina, una teorÃa del poder cuyo dominio establecÃa un canon de pertenencia: ese es el caso de la identidad funcional del cuerpo de profesores de filosofÃa al servicio del movimiento nacional en tiempos cercanos. Podemos decir que el lugar que quepa asignar en la educación a la filosofÃa es función, principalmente, del tipo de filosofÃa que se defienda, porque, creemos, no es preciso recordar que filosofÃas hay muchas, y unas con otras guardan relaciones contradictorias.
El estudio filosófico sobre la educación se constituirá en una herramienta efectiva a emplear por el educador en su actividad cotidiana, tanto instructiva como formativa; la cual tendrá asà la oportunidad de fundamentarse en el dominio y comprensión de rasgos y regularidades que objetivamente se encuentran presentes y actuantes en el accionar del sujeto en general y en especial en el ámbito educacional, partiendo desde la labor de motivación y concientización de qué es educación y para qué se educa por parte del maestro, pasando por la planeación y preparación de sus actividades docentes y extradocentes, y llegando hasta el momento mismo de la clase, la evaluación y sus impactos individuales y sociales ulteriores. En todo ese proceso, el educador bien preparado filosóficamente tendrá a su disposición una óptica reflexiva y crÃtica que podrá emplear para elevar la calidad de su desempeño y de los resultados instructivos y formativos en sus estudiantes.
Con ello la filosofÃa para la educación dejará de ser un simple pasatiempo, una ocupación erudita sin relevancia práctica, una declaración de principio acerca de las finalidades de la educación, una enumeración memorÃstica de polÃticas o deseos en este campo, para convertirse en medio para comprender mejor, fundamentar más profundamente y elevar la eficiencia y eficacia de la labor educacional.
Este enfoque acerca de los fundamentos filosóficos de la educación ha sido validado y llevado a la práctica por más de 10 años, mediante la impartición de un conjunto de cursos de postgrado a profesores de diferentes niveles de enseñanza, asà como a través de su inclusión como asignatura básica en la MaestrÃa de Ciencias de la Educación Superior, con resultados muy satisfactorios avalados por procesos de acreditación académica de que ha sido objeto, asà como por los criterios de los profesores que la han recibido y por los cambios favorables en su accionar educativo.
- TIPOS DE FILOSOFÃAS EN LA EDUCACIÓN
Existen diversos tipos de filosofÃas en la educación, en donde podremos mencionar algunas:
- La filosofÃa dogmática en la educación
Se presenta armada con sus certidumbres cerradas, su saber intemporal sobre los primeros principios, las causas primeras, los fundamentos de la verdad, el bien, la belleza…. Su pretensión es totalizadora, y su producto eminente es la metafÃsica. Ha dejado de ser, aunque en él se justifique, como la filosofÃa ingenua, un amor al saber, porque el saber se ama por muchÃsimas razones y se aman de manera diferente los diferentes saberes, constituyéndose como saber definitivo: el saber. El papel de la filosofÃa en la educación para los que defienden esta filosofÃa será el propio de una filosofÃa obligatoria, universal, acabada intencionalmente en su verdad aunque su extensión no posea lÃmites; pero asumiendo la paradoja, de forma que se la entiende instrumentalmente subordinada a un orden del que ella se instaura justificadora: una teocracia, una dictadura del proletariado, un movimiento nacional-católico…etc. No es esta la filosofÃa del programa FilosofÃa en la educación para niños.
- La filosofÃa histórica en la educación
Esta concepción se limita a constatar la existencia y valor cultural del cuerpo histórico doctrinal del saber filosófico existente. Es común sorprenderse al constatar que “el significado de expresiones como “estudiar filosofÃa†o bien su resultado ordinario, “saber filosofÃa†no es otro (ni puede serlo, sobre todo) que el de estudiar filosofÃa realmente existente, es decir, estudiar historia de la filosofÃa y llegar a saber mucha doxografÃa filosóficaâ€.
Esta concepción de la filosofÃa, realmente existente, es la que pervive a duras penas en los currÃculos de la educación secundaria y el bachillerato universal, y que tiene en los departamentos de las universidades su gremio kantiano de artistas de la razón.
- La filosofÃa adjetiva en la educación
Ahora se representa como un saber difuso, ubicuo, interno a las prácticas y saberes técnicos y cientÃficos, disuelta como weltangschauungen en el mundo de la vida y de las experiencias mundanas; por asà decir es una filosofÃa al pie de obra, a pie de calle, todo el mundo tiene una. Habrá entonces, una filosofÃa del deporte, una filosofÃa de la publicidad, una filosofÃa de los presupuestos generales del estado, del porro, de la vida, etc.; esto es, una filosofÃa implÃcita, no tematizada, que, por ello, no exige un lugar centrado, formal para su construcción o reproducción, ni posee una sustancia, un sistema de conocimiento estable susceptible de ser enseñado; al contrario, se asemeja al saber que no mana por el hecho de hablar un idioma concreto, por estar inmerso en el mundo de la vida, inserto en el mercado, operando con la pluralidad de saberes, creencias, objetos entre los que nos constituimos como hombres o ciudadanos. En el lÃmite es un saber desechable, porque es, en sus formas más elaboradas, cultas, un saber para, por asà decirlo como Wittgenstein, tirar la escalera después de haber subido.
Esta concepción de la filosofÃa ha llegado a una certeza que compartimos consistente en la conciencia de que es imposible construir una sociedad auténticamente democrática contando meramente con individuos técnica y socialmente diestros, que los saberes instrumentales incluyen disposiciones acrÃticas, reductoras, ideologizantes, cosificadoras, que es necesario someter a un orden más elevado de autoridad racional, pero para ello necesitamos una concepción crÃtica de la filosofÃa.
- La FilosofÃa CrÃtica en la educación
Es una filosofÃa de la tradición platónica que la originó como un trabajo lingüÃstico, discursivo, polémico, dialéctico en el medio de los objetos y productos iniciales de la razón cientÃfica. La filosofÃa crÃtica es un saber de saberes que pueblan parciales, conflictivos, el espacio de la conciencia y la práctica ciudadana. Y es filosofÃa crÃtica porque su actividad es categorizadora, discriminadora y sostiene una antigua misión desmitificadora y emancipadora; la filosofÃa, asÃ, es una forma de acción, la acción que dimana de la eficacia de los propios discursos-en las condiciones-es la acción que por la palabra, se dirige a las conciencias, a la “reforma del entendimientoâ€.
- FUNCIONES DE LA FILOSOFÃA
Una de las funciones que tradicionalmente ha venido desempeñando la filosofÃa es la analÃtica, que consiste en someter a crÃtica los criterios y las normas empleadas en las demás disciplinas o en nuestra propia vida cotidiana para establecer la validez y la corrección de nuestros conocimientos y actos. La otra función es de carácter más bien sintético, consistente en construir sistemas o marcos de ideas para dotar de significado nuestra praxis. En este sentido, podemos decir que los niños son también filósofos en la medida en que se cuestionan los criterios que la sociedad les proporciona para determinar la validez y la corrección de sus creencias y acciones, y porque están también comprometidos en la construcción de estructuras cognitivas capaces de dotar de significado todo lo que les ocurre en sus vidas.
AsÃ, Podemos señalar que la filosofÃa tiene directa relación con distintos ámbitos como son: el “desarrollo de una conciencia de sà mismo”, el “reconocimiento de la finitud humana”, “la formación ética” y el “desarrollo del pensamiento crÃtico”, entre otros, propiciando niveles de abstracción necesarios para desarrollar una serie de habilidades intelectuales que van desde las más simples como caracterizar o comprender hasta analizar y sintetizar. Por esto en muchos casos, el profesor/a de filosofÃa incentiva el ejercicio de la filosofÃa, es decir a filosofar, lo que lleva al joven a crecer en grados de autonomÃa y creatividad.
Por otro lado, la filosofÃa potencia y muestra posibilidades que permiten al alumno encontrar identidad, su lugar en el mundo y el sentido de la vida, a través de la reflexión sobre la realidad humana en un sentido contingente y trascendente con una perspectiva de totalidad.
La filosofÃa permite el desarrollo del pensamiento crÃtico, estimulando al alumno a tener un concepto de sà mismo y de compromiso con la realidad. Por ello no podemos olvidar que la función de la filosofÃa no es dar respuestas sino que posibilitar la pregunta acerca del “mundo” y su representación. Esto permitirá que el alumno, desde sà mismo, reflexione en torno a los principios que articulan el “cuerpo del conocimiento” en sus distintas disciplinas, es decir la filosofÃa permite la reflexión sobre la cultura entendida como un proceso compuesto por el arte, la literatura, la ciencia, etc.
Sin lugar a dudas la filosofÃa abre el espacio a la reflexión ética facilitando que el alumno tome contacto con el mundo de los valores, lo que le permite dimensionar su acción en un plano trascendente.
Por último, la filosofÃa es un conjunto de saberes en los cuales se juega la tradición de la historia humana.
- FILOSOFÃA Y RAZONABILIDAD
La preocupación fundamental de Lipman es descubrir cómo la filosofÃa puede ayudar a una transformación profunda de la escuela en la medida en que ésta asuma como finalidad principal no tanto enseñar a aprender cuanto enseñar a pensar. Las sociedades democráticas actuales y la rápida expansión de la sociedad de la información y del conocimiento ya no necesitan sólo una persona instruida, sino una persona capaz de pensar por sà mismo. Las democracias no pueden funcionar sin ciudadanos reflexivos y razonables, y, por ello, si queremos adultos que piensen, debemos educar niños que piensen. Dicho de otro modo, la democracia, entendida como proyecto ético-polÃtico, y no meramente como un instrumento de elección de representantes, supone ciudadanos crÃticos y participativos en la toma de las decisiones que afectan a la colectividad, las cuales se deben justificar mediante las razones presentadas en un proceso de diálogo y no mediante la fuerza o la violencia que algunos grupos pueden ejercer sobre los demás. En la consecución de este objetivo educativo la filosofÃa puede aportar una ayuda inestimable si se plantea de un modo adecuado desde los primeros cursos de educación infantil y primaria, y, por ello, lo que es de suma utilidad la filosofÃa y su presencia en la escuela. Hay una larga tradición, que se remonta a Platón, para la que la filosofÃa está construida como un pensamiento excelente y ello no sólo por su relevancia en los procedimientos de clarificación de conceptos, sino también por haber sido a lo largo de la historia una fértil fuente de ideas.
La filosofÃa se ha preocupado por clarificar significados, analizar conceptos, cuestionar los criterios que hacen que un enunciado sea verdadero, establecer las leyes que determinan la validez de una implicación lógica o de un argumento, analizar la estructura formal de los procesos de investigación, descubrir las consecuencias que puede tener para la vida humana mantener unas creencias u otras. También se ha ocupado del análisis de las ideas regulativas que orientan nuestro conocimiento, nuestra acción y nuestra búsqueda y creación de sentido, verdad, bondad y belleza.
Por otro lado, asegura Lipman, la filosofÃa es la madre de todas las ciencias, ya que cuando la especulación filosófica se vuelve más rigurosa y fundamentada, cuando comienza a darse la cuantificación, la experimentación y la verificación, la filosofÃa se convierte en ciencia, siendo, por tanto, la fuente de las ideas que preceden al desarrollo de toda empresa cientÃfica.
En este sentido, la filosofÃa es a la enseñanza del pensamiento como la literatura y la sintaxis lo es a la de la lectura y escritura. Pero la mera inclusión de la filosofÃa en el currÃculo no es condición suficiente para que se produzca una educación en la razonabilidad. Para ello serÃa necesario también incluirla como eje transversal en las demás materias con el fin de facilitar a cada una de ellas el que añada a su pensamiento disciplinar la enseñanza del pensar sobre el pensamiento en dicha disciplina: “Pero precisamente esta apertura de las disciplinas hacia su propia reflexión hecha con los estudiantes sobre su propia metodologÃa: sus supuestos, sus definiciones, sus compresiones idiosincrásicas, su autoimagen, sus razonamientos y sus criterios, nos indica que estamos frente a un movimiento de orientación filosófica.
Necesitamos, pues, de ambos, de la filosofÃa para el currÃculum y del pensamiento complejo en las otras disciplinasâ€
- FILOSOFIA EN LA ENSEÑANZA BASICA Y MEDIA
Lamentablemente, la tendencia ha sido en las últimas tres décadas, a quitar la filosofÃa de los planes de estudio de enseñanza media, y también, salvo unas pocas excepciones, la norma internacional ha sido no incluirla en educación básica. Podemos argumentar que en la enseñanza básica es necesario incorporar al menos los principios de la lógica, a partir del sexto grado, como una forma de incentivar el razonamiento y empleo del pensamiento en los niños.
Hay experiencias interesantes en Estados Unidos, España y México en donde se ha demostrado que la filosofÃa para niños es una buena herramienta pedagógica para incitar a pensar, a buscar la verdad y a incorporar en la mente infantil los principios lógicos y una actitud crÃtica ante las pseudociencias y ante la mentira que vemos tan a menudo en los medios de comunicación. Hasta ahora, el niño permanenece muchas horas ante el televisor sin tener armas crÃticas para defenderse del engaño, los falsos valores, la superficialidad en que se muestra la vida, la violencia sin objeto alguno y los prejuicios del consumismo.
En la enseñanza media, el desconocimiento de la importancia de la filosofÃa y del aporte que puede prestar al educando se ha debido a los propios profesores de la especialidad, que en muchas partes se han dedicado a enseñar una aburrida historia de la filosofÃa, con el acento puesto en la filosofÃa antigua, sin relación apenas con el mundo actual y con la realidad de los jóvenes y de los niños. También los profesores de filosofÃa -no los filósofos- han insistido en enseñar algunos conceptos de psicologÃa en educación media, muchas veces sin el dominio cientÃfico y biológico que esa disciplina requiere.
- IMPORTANCIA DE LA FILOSOFÃA DE LA EDUCACIÓN
Toda postura sea esta ideológica, educativa, religiosa está inmersa en una filosofÃa. Por lo tanto el docente debe aclarar su derrotero filosófico. Bien lo expresa Tueros (1998) “Es necesario la elección filosófica en el educador, ya que no existe educación sin alternativa filosófica, entendida ésta en su sentido más amplio de afirmación de valores”
La acción docente necesita estar vinculada con la finalidad de la educación, en correspondencia con el producto que se quiere obtener, al establecer un modelo que conlleve al perfil del docente deseado, reflejando lo óptimo del ser humano y acorde con las necesidades de la sociedad. A la par poseer una base filosófica, amplia y bien estructurada, que le permita al docente conformar su propia ideologÃa.
La adquisición de estos fundamentos filosóficos se fundamentará en una formación académica pertinente; Fourez (1994) difiere de los saberes espontáneos, y en consecuencia plantea que:”…resulta imposible trabajar la filosofÃa sin adquirir cierta técnica y un adecuado vocabulario… para discernir sobre las cuestiones humanas y la problemática social”. Es asà como se observa una interacción o vÃnculo entre la filosofÃa y la educación, unidas permiten perfeccionar y mejorar la enseñanza.
Por lo tanto, todo docente debe reconocer una filosofÃa de la educación coherente con los principios universales en la palabras de Aruzamén (2008) “.filosofÃa y educación andarán siempre juntas en la búsqueda de un objetivo común: la realización integral del hombre”.
En la actualidad se muestran posiciones que consideran que la filosofÃa de la educación ha dejado de ser una reflexión dentro de la filosofÃa sobre la educación o una aplicación de la primera sobre la segunda para convertirse en estudio desde el interior de la práctica y la investigación de la educación hecha por los educadores mismos (Follari, 1996); que ella “examina el aparato conceptual utilizado por maestros y teóricos, a fin de descubrir el significado exacto del lenguaje educativoâ€, Según Moore relata que: “La filosofÃa de la educación hoy y en cualquier lugar, es realmente un hÃbrido de filosofÃas educacionales y de aquellas teorÃas… que argumentan que la filosofÃa y la teorÃa no pueden ni deben estar separadasâ€; que la misma constituye “una manera Ramos, G.: Los fundamentos filosóficos de la educación como reconsideración crÃtica… de mirar, pensar, percibir y actuar en y sobre el mundo, asà como de ayudar a superar las formas de desigualdad y opresión estructuralâ€; o también que dicha disciplina es la brújula orientadora y la guÃa teórica necesaria que ofrece “la unidad de pensamiento que tiene que dar coherencia a las diferentes respuestas que se ofrezcan a todas las esferas del proceso educativoâ€.
No podemos dejar de coincidir con las valoraciones crÃticas que plantean que frecuentemente según Saviani “la filosofÃa de la educación maneja categorÃas y conceptos filosóficos sin el nexo intrÃnseco entre el cuerpo teórico de la filosofÃa… y la educaciónâ€, (Ramos, 2000) asà como que “los filósofos de la educación no nos han dado una cuenta clara de cómo su disciplina realmente se supone que trabaja : de los tipos de argumentos que ella usa, de la evidencia que ella toma para ser pertinente, sus pruebas para la verdad y falsedad, sus criterios para el éxito o el fracaso, el estatus de sus propias proposiciones y declaraciones, y su lógica interna en general (Wilson, 2003).
Todo ello sirve de presupuesto también para el debate y la toma de partido en relación con lo que puede ofrecer esta disciplina y su grado de validez teórica y/o práctica.
Para algunos: “La filosofÃa de la educación parece estar experimentando una marginalización creciente hoy…. El dilema central que enfrenta este campo es encontrar la forma de ser tanto académicamente buena como importante para los practicantes…“ (Ramos, 2000), mientras que otros aseveran que: “Hoy por hoy la filosofÃa de la educación goza de reconocimiento mundial, lo que no excluye que exista un fuerte debate en torno a esta disciplina teórica†(Chávez, 2003).
CONCLUSIÓN
La lÃnea de convergencia entre la filosofÃa y la educación hace posible la reflexión acerca del discurso educativo o la práctica educativa, ya que si no se la realiza una crÃtica se corre el riesgo de pensar que estamos bien y no hay problema alguno, lo cuál serÃa perjudicial para el binomio estudiante – docente, docente – estudiante.
La riqueza de la filosofÃa, su inmenso valor de uso está pues en ese acervo de pensamientos, de ideas y conceptos, de teorÃas y de perspectivas, que tantas y tantas inteligencias han formulado en algún momento para solucionar un problema o para encontrar respuesta a un interrogante. Y que aún cuando no hayan dado una respuesta satisfactoria, han desbloqueado el camino o mostrados ramificaciones inesperadas que darán lugar a nuevos planteamientos. Ahora bien, eso no significa que todas las filosofÃas alberguen respuestas para cualquier pregunta. Como en cualquier caja de herramientas hay que aprender a poner en juego las que se adaptan a un determinado cometido.
No es cierto que la filosofÃa sea un saber para ociosos, más bien habrÃa que decir que es un “saber comprometido en la creación de conceptos que tienen efectos sociales y culturales”, usando para ello reglas procedimentales de probada eficacia: la argumentación, el debate, la crÃtica, el análisis de los términos y los conceptos, la búsqueda de soluciones alternativas, el distanciamiento, la puesta en cuestión, la comprobación de viejas sentencias, la reflexión, etc.
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