1. Principales escuelas de pensamiento económico a través del tiempo
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Las cuestiones económicas han preocupado a muchos intelectuales a lo largo de los siglos. En la antigua Grecia, Aristóteles y Platón disertaron sobre los problemas relativos a la riqueza, la propiedad y el comercio. Durante la Edad Media predominaron las ideas de la Iglesia, se impuso el Derecho Canónico, que condenaba la usura (el cobro de intereses abusivos a cambio de efectivo) y consideraba que el comercio era una actividad inferior a la agricultura.
La economÃa, como ciencia moderna independiente de la filosofÃa y de la polÃtica, data de la publicación de la obra Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones (más conocida por el tÃtulo abreviado de La riqueza de las naciones, 1776), del filósofo y economista escocés Adam Smith. El mercantilismo y las especulaciones de los fisiócratas precedieron a la economÃa clásica de Smith y sus seguidores del siglo XIX.
A.  Mercantilismo
El desarrollo de los modernos nacionalismos a lo largo del siglo XVI desvió la atención de los pensadores de la época hacia cómo incrementar la riqueza y el poder de los estados nacionales. La polÃtica económica que imperaba en aquella época, el mercantilismo, fomentaba el autoabastecimiento de las naciones. Esta doctrina económica imperó en Inglaterra y en el resto de Europa occidental desde el siglo XVI hasta el siglo XVIII. Los mercantilistas consideraban que la riqueza de una nación dependÃa de la cantidad de oro y plata que tuviese. Aparte de las minas de oro y plata descubiertas por España en el continente americano, una nación sólo podÃa aumentar sus reservas de estos metales preciosos vendiendo más productos a otros paÃses de los que compraba. El conseguir una balanza de pagos con saldo positivo implicaba que los demás paÃses tenÃan que pagar la diferencia con oro y plata.
Los mercantilistas daban por sentado que su paÃs estarÃa siempre en guerra con otros, o preparándose para la próxima contienda. Si tenÃan oro y plata, los dirigentes podrÃan pagar a mercenarios para combatir, como hizo el rey Jorge III de Inglaterra durante la guerra de la Independencia estadounidense. En caso de necesidad, el monarca también podrÃa comprar armas, uniformes y comida para los soldados. Jean. B. Colbert (1619-1683), ministro de Luis XIV, institucionalizó la exportación de productos franceses para crear oro y a cuyos efectos desarrolló de forma muy importante la industria gala.
Esta preocupación mercantilista por acumular metales preciosos también afectaba a la polÃtica interna. Era imprescindible que los salarios fueran bajos y que la población creciese. Una población numerosa y mal pagada producirÃa muchos bienes a un precio lo suficiente bajo como para poder venderlos en el exterior. Se obligaba a la gente a trabajar jornadas largas, y se consideraba un despilfarro el consumo de té, ginebra, tejidos de seda, entre otros.
De esta filosofÃa también se deducÃa que era positivo para la economÃa de un paÃs el trabajo infantil. Un autor mercantilista tenÃa un plan para los niños de los pobres: “cuando estos niños tienen cuatro años, hay que llevarlos al asilo para pobres de la región, donde se les enseñará a leer durante dos horas al dÃa, y se les tendrá trabajando el resto del dÃa en las tareas que mejor se ajusten a su edad, fuerza y capacidad”.
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B.  Fisiocracia
Esta doctrina económica estuvo en boga en Francia durante la segunda mitad del siglo XVIII y surgió como una reacción ante las polÃticas restrictivas del mercantilismo.
El fundador de la escuela, François Quesnay, era médico de cabecera en la corte del rey Luis XV. Su libro más conocido, Tableau Économique (1758), intentaba establecer los flujos de ingresos en una economÃa, anticipándose a la contabilidad nacional, creada en el siglo XX. Según los fisiócratas, toda la riqueza era generada por la agricultura; gracias al comercio, esta riqueza pasaba de los agricultores al resto de la sociedad. Los fisiócratas eran partidarios del libre comercio y del laissez-faire (doctrina que defiende que los gobiernos no deben intervenir en la economÃa). También sostenÃan que los ingresos del Estado tenÃan que provenir de un único impuesto que debÃa gravar a la actividad primaria, la única fuente de riqueza para ellos. Adam Smith conoció a los principales fisiócratas y escribió sobre sus doctrinas, casi siempre de forma positiva.
C.  Escuela Clásica
Como cuerpo teórico coherente, la escuela clásica de pensamiento económico parte de los escritos de Smith, continúa con la obra de los economistas británicos Thomas Robert Malthus y David Ricardo, y culmina con la sÃntesis de John Stuart Mill, discÃpulo de Ricardo.
Aunque fueron frecuentes las divergencias entre los economistas desde la publicación de La Riqueza de las Naciones (1776) de Smith hasta la de Principios de EconomÃa PolÃtica (1848) de Mill, los economistas pertenecientes a esta escuela coincidÃan en los conceptos principales. Todos defendÃan la propiedad privada, los mercados y creÃan, como decÃa Mill, que “sólo a través del principio de la competencia tiene la economÃa polÃtica una pretensión de ser ciencia”. CompartÃan la desconfianza de Smith hacia los gobiernos, y su fe ciega en el poder del egoÃsmo y su famosa “mano invisible”, que hacÃa posible que el bienestar social se alcanzara mediante la búsqueda individual del interés personal.
Los clásicos tomaron de Ricardo el concepto de rendimientos decrecientes, que afirma que a medida que se aumenta la fuerza de trabajo y el capital que se utiliza para labrar la tierra, disminuyen los rendimientos o, como decÃa Ricardo, “superada cierta etapa, no muy avanzada, el progreso de la agricultura disminuye de una forma paulatina”.
El alcance de la ciencia económica se amplió de manera considerable cuando Smith subrayó el papel del consumo sobre el de la producción.  Smith confiaba en que era posible aumentar el nivel general de vida del conjunto de la comunidad. DefendÃa que era esencial permitir que los individuos intentaran alcanzar su propio bienestar como medio para aumentar la prosperidad de toda la sociedad. En el lado opuesto, Malthus, en su conocido e influyente Ensayo sobre el Principio de la Población (1798), planteaba la nota pesimista de la Escuela Clásica, al afirmar que las esperanzas de mayor prosperidad se escollarÃan contra la roca de un excesivo crecimiento de la población. Según Malthus, los alimentos sólo aumentaban adecuándose a una progresión aritmética (2-4-6-8-10, etc.), mientras que la población se duplicaba cada generación (2-4-8-16-32, etc.), salvo que esta tendencia se controlara, o por la naturaleza o por la propia prudencia de la especie. Malthus sostenÃa que el control natural era “positivo”: “El poder de la población es tan superior al poder de la tierra para permitir la subsistencia del hombre, que la muerte prematura tiene que frenar hasta cierto punto el crecimiento del ser humano”. Este procedimiento de frenar el crecimiento eran las guerras, las epidemias, la peste, las plagas, los vicios humanos y las hambrunas, que se combinaban para controlar el volumen de la población mundial y limitarlo a la oferta de alimentos.
La única forma de escapar a este imperativo de la humanidad y de los horrores de un control positivo de la naturaleza, era la limitación voluntaria del crecimiento de la población, no mediante un control de natalidad, contrario a las convicciones religiosas de Malthus, sino retrasando la edad nupcial, reduciendo asà el volumen de las familias. Las doctrinas pesimistas de este autor clásico dieron a la economÃa el sobrenombre de “ciencia lúgubre”.
Los Principios de EconomÃa PolÃtica de Mill constituyeron el centro de esta ciencia hasta finales del siglo XIX.  Aunque Mill aceptaba las teorÃas de sus predecesores clásicos, confiaba más en la posibilidad de educar a la clase obrera para que limitase su reproducción de lo que lo hacÃan Ricardo y Malthus. Además, Mill era un reformista que querÃa gravar con fuerza las herencias, e incluso permitir que el gobierno asumiera un mayor protagonismo a la hora de proteger a los niños y a los trabajadores. Fue muy crÃtico con las prácticas que desarrollaban las empresas y favorecÃa la gestión cooperativa de las fábricas por parte de los trabajadores. Mill representó un puente entre la economÃa clásica del laissez-faire y el Estado de Bienestar.
Acerca de los mercados, los economistas clásicos aceptaban la “ley de Say”, formulada por el economista francés Jean Baptiste Say. Esta ley sostiene que el riesgo de un desempleo masivo en una economÃa competitiva es despreciable, porque la oferta crea su propia demanda, limitada por la cantidad de mano de obra y los recursos naturales disponibles para producir. Cada aumento de la producción aumenta los salarios y los demás ingresos que se necesitan para poder comprar esa cantidad adicional producida.
D. Marxismo (considerada parte de la Escuela Clásica)
La oposición a la Escuela Clásica provino de los primeros autores socialistas, como el filósofo social francés Claude Henri de Rouvroy conde de Saint-Simon, y el utópico británico Robert Owen. Sin embargo, fue Karl Marx el autor de las teorÃas económicas socialistas más importantes, manifiestas en su principal trabajo, El Capital (3 vols., 1867-1894).
Para la perspectiva clásica del capitalismo, el marxismo representó una seria recusación, aunque no dejaba de ser, en algunos aspectos, una variante de la temática clásica.  Por ejemplo, Marx adoptó la teorÃa del valor trabajo de Ricardo. Con algunas matizaciones, Ricardo explicó que los precios eran la consecuencia de la cantidad de trabajo que se necesitaba para producir un bien.
Ricardo formuló esta teorÃa del valor para facilitar el análisis, de forma que se pudiera entender la diversidad de precios. Para Marx, la teorÃa del valor trabajo representaba la clave del modo de proceder del capitalismo, la causa de todos los abusos y de toda la explotación generada por un sistema injusto. Exiliado de Alemania, Marx pasó muchos años en Londres, donde vivió gracias a la ayuda de su amigo y colaborador Friedrich Engels, y a los ingresos derivados de sus ocasionales contribuciones en la prensa. Desarrolló su extensa teorÃa en la biblioteca del Museo Británico.
Los estudios históricos y los análisis económicos de Marx convencieron a Engels de que los beneficios y los demás ingresos procedentes de una explotación sin escrúpulos de las propiedades y las rentas son el resultado del fraude y el poder que ejercen los fuertes sobre los débiles. Sobre esta crÃtica se alza la crÃtica económica que desemboca en la certificación histórica de la lucha de clases. La “acumulación primitiva” en la historia económica de Inglaterra fue posible gracias a la delimitación y al cercamiento de las tierras.
Durante los siglos XVII y XVIII los terratenientes utilizaron su poder en el Parlamento para quitar a los agricultores los derechos que por tradición tenÃan sobre las tierras comunales. Al privatizar estas tierras, empujaron a sus vÃctimas a las ciudades y a las fábricas. Sin tierras ni herramientas, los hombres, las mujeres y los niños tenÃan que trabajar para conseguir un salario. AsÃ, el principal conflicto, según Marx, se producÃa entre la denominada clase capitalista, que detentaba la propiedad de los medios de producción (fábricas y máquinas) y la clase trabajadora o proletariado, que no tenÃa nada, salvo sus propias manos.
La explotación, eje de la doctrina de Karl Marx, se mide por la capacidad de los capitalistas para pagar sólo salarios de subsistencia a sus empleados, obteniendo de su trabajo un beneficio (o plusvalÃa), que era la diferencia entre los salarios pagados y los precios de venta de los bienes en los mercados. Aunque en el Manifiesto Comunista (1848) Marx y Engels pagaban un pequeño tributo a los logros materiales del capitalismo, estaban convencidos que estos logros eran transitorios y que las contradicciones inherentes al capitalismo y al proceso de lucha de clases terminarÃan por destruirlo, al igual que en el pasado habÃa ocurrido con el extinto feudalismo medieval.
A este respecto, los escritos de Marx se alejan de la tradición de la economÃa clásica inglesa, siguiendo la metafÃsica del filósofo alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel, el cual consideraba que la historia de la humanidad y de la filosofÃa era una progresión dialéctica: tesis, antÃtesis y sÃntesis. Por ejemplo, una tesis puede ser un conjunto de acuerdos económicos, como el feudalismo o el capitalismo. Su contrapuesto, o antÃtesis, serÃa, por ejemplo, el socialismo, como sistema contrario al capitalismo. La confrontación de la tesis y la antÃtesis darÃa paso a una evolución, que serÃa la sÃntesis, en este caso, el comunismo que permite combinar la tecnologÃa capitalista con la propiedad pública de las fábricas y las granjas. A largo plazo, Marx creÃa que el sistema capitalista desaparecerÃa debido a que su tendencia a acumular la riqueza en unas pocas manos provocarÃa crecientes crisis debidas al exceso de oferta y a un progresivo aumento del desempleo. Para Marx, la contradicción entre los adelantos tecnológicos, y el consiguiente aumento de la eficacia productiva y la reducción del poder adquisitivo que impedirÃa adquirir las cantidades adicionales de productos, serÃa la causa del hundimiento del capitalismo.
Según Marx, las crisis del capitalismo se reflejarÃan en un desplome de los beneficios, una mayor conflictividad entre trabajadores y empresarios e importantes depresiones económicas. El resultado de esta lucha de clases culminarÃa en la revolución y en el avance hacia, en primer lugar, el socialismo, para al fin avanzar hacia la implantación gradual del comunismo. En una primera etapa todavÃa serÃa necesario tener un Estado que eliminara la resistencia de los capitalistas. Cada trabajador serÃa remunerado en función de su aportación a la sociedad. Cuando se implantara el comunismo, el Estado, cuyo objetivo principal consiste en oprimir a las clases sociales, desaparecerÃa, y cada individuo percibirÃa, en ese porvenir utópico, en razón de sus necesidades.
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E.  Escuela Neoclásica
La economÃa clásica partÃa del principio de escasez, como lo muestra la ley de rendimientos decrecientes y la doctrina malthusiana sobre la población. A partir de la década de 1870, los economistas neoclásicos como William Stanley Jevons en Gran Bretaña, Léon Walras en Suiza, y Karl Menger en Austria, imprimieron un giro a la economÃa, abandonaron las limitaciones de la oferta para centrarse en la interpretación de las preferencias de los consumidores en términos psicológicos.
Al fijarse en el estudio de la utilidad o satisfacción obtenida con la última unidad, o unidad marginal, consumida, los neoclásicos explicaban la formación de los precios, no en función de la cantidad de trabajo necesaria para producir los bienes, como en las teorÃas de Ricardo y de Marx, sino en función de la intensidad de la preferencia de los consumidores en obtener una unidad adicional de un determinado producto.
El economista británico Alfred Marshall, en su obra maestra, Principios de EconomÃa (1890), explicaba la demanda a partir del principio de utilidad marginal, y la oferta a partir del coste marginal (coste de producir la última unidad). En los mercados competitivos, las preferencias de los consumidores hacia los bienes más baratos y la de los productores hacia los más caros, se ajustarÃan para alcanzar un nivel de equilibrio. Ese precio de equilibrio serÃa aquel que hiciera coincidir la cantidad que los compradores quieren comprar con la que los productores desean vender.
Este equilibrio también se alcanzarÃa en los mercados de dinero y de trabajo. En los mercados financieros, los tipos de interés equilibrarÃan la cantidad de dinero que desean prestar los ahorradores y la cantidad de dinero que desean pedir prestado los inversores.
Los prestatarios quieren utilizar los préstamos que reciben para invertir en actividades que les permitan obtener beneficios superiores a los tipos de interés que tienen que pagar por los préstamos. Por su parte, los ahorradores cobran un precio a cambio de ceder su dinero y posponer la percepción de la utilidad que obtendrán al gastarlo. En el mercado de trabajo se alcanza asimismo un equilibrio.
En los mercados de trabajo competitivos, los salarios pagados representan, por lo menos, el valor que el empresario otorga a la producción obtenida durante las horas trabajadas, que tiene que ser igual a la compensación que desea recibir el trabajador a cambio del cansancio y el tedio laboral.
La doctrina neoclásica es, de forma implÃcita, conservadora. Los defensores de esta doctrina prefieren que operen los mercados competitivos a que haya una intervención pública. Al menos hasta la Gran Depresión de la década de 1930, se defendÃa que la mejor polÃtica era la que reflejaba el pensamiento de Adam Smith: bajos impuestos, ahorro en el gasto público y presupuestos equilibrados. A los neoclásicos no les preocupa la causa de la riqueza, explican que la desigual distribución de ésta y de los ingresos se debe en gran medida a los distintos grados de inteligencia, talento, energÃa y ambición de las personas.
Por lo tanto, el éxito de cada individuo depende de sus caracterÃsticas individuales, y no de que se beneficien de ventajas excepcionales en el sentido que hablaba Marx. En las sociedades capitalistas, la economÃa neoclásica es la doctrina predominante a la hora de explicar la formación de los precios y el origen de los ingresos. De hecho la mayor parte de la MicroeconomÃa que se estudia hoy en las universidades (a nivel de grado) se la debemos principalmente a ellos.
F. EconomÃa Keynesiana
Los economistas siguieron defendiendo, a pesar de la experiencia contraria, que el tiempo y la naturaleza restaurarÃan el crecimiento económico si los gobiernos se abstenÃan de intervenir en el proceso económico. Por desgracia, los antiguos remedios no funcionaron.
En Estados Unidos, la victoria en las elecciones presidenciales de Franklin D. Roosevelt (1932) sobre Herbert Hoover marcó el final polÃtico de las doctrinas del laissez-faire. Se necesitaban nuevas polÃticas y nuevas explicaciones, que fue lo que en ese momento proporcionó Keynes. En su ya citada TeorÃa general (1936), aparecÃa un axioma central que puede resumirse en dos grandes afirmaciones:
- las teorÃas existentes sobre el desempleo no tenÃan ningún sentido; ni un nivel de precios elevado ni unos salarios altos podÃan explicar la persistente depresión económica y el desempleo generalizado;
- por el contrario, se proponÃa una explicación alternativa a estos fenómenos que giraba en torno a lo que se denominaba demanda agregada, es decir, el gasto total de los consumidores, los inversores y las instituciones públicas.
Cuando la demanda agregada es insuficiente, decÃa Keynes, las ventas disminuyen y se pierden puestos de trabajo; cuando la demanda agregada es alta y crece, la economÃa prospera. A partir de estas dos afirmaciones genéricas, surgió una poderosa teorÃa que permitÃa explicar el comportamiento económico. Esta interpretación constituye la base de la macroeconomÃa contemporánea. Puesto que la cantidad de bienes que puede adquirir un consumidor está limitada por los ingresos que éste percibe, los consumidores no pueden ser responsables de los altibajos del ciclo económico.
Por lo tanto, las fuerzas motoras de la economÃa son los inversores (los empresarios) y los gobiernos. Durante una recesión, y también durante una depresión económica, hay que fomentar la inversión privada o, en su defecto, aumentar el gasto público. Si lo que se produce es una ligera contracción, hay que facilitar la concesión de créditos y reducir los tipos de interés (substrato fundamental de la polÃtica monetaria), para estimular la inversión privada y restablecer la demanda agregada, aumentándola de forma que se pueda alcanzar el pleno empleo.  Si la contracción de la economÃa es grande, habrá que incurrir en déficit presupuestarios, invirtiendo en obras públicas o concediendo subvenciones a fondo perdido a los más perjudicados.
G.  EconomÃa AnalÃtica
Tanto la teorÃa neoclásica de los precios como la teorÃa keynesiana de los ingresos han sido desarrolladas de forma analÃtica por matemáticos, utilizando técnicas de cálculo, álgebra lineal y otras sofisticadas técnicas de análisis cuantitativo. En la especialidad denominada econometrÃa se une la ciencia económica con la matemática y la estadÃstica. Los económetras crean modelos que vinculan cientos, a veces miles de ecuaciones, para intentar explicar el comportamiento agregado de una economÃa. Los modelos econométricos son utilizados por empresas y gobiernos como herramientas de predicción, aunque su grado de precisión no es ni mayor ni menor que cualquier otra técnica de previsión del futuro.
El análisis operativo y el análisis input-output son dos especialidades en las que cooperan los expertos en análisis económico y los matemáticos. El análisis operativo subraya la necesidad de plantear los problemas de una manera sistemática. Por lo general, se trata de coordinar los distintos departamentos y las diferentes operaciones que tienen lugar en el seno de una corporación que dirige varias fábricas, produciendo muchos bienes, por lo que hay que utilizar las instalaciones de forma que se puedan minimizar los costes y maximizar la eficiencia. Para ello se acude a ingenieros, economistas, psicólogos, estadÃsticos y matemáticos. Según su propio creador, el economista estadounidense de origen ruso Wassily Leontief, las tablas input-output “describen el flujo de bienes y servicios entre todos los sectores industriales de una economÃa durante determinado periodo”. Aunque la construcción de esta tabla es muy compleja, este método ha revolucionado el pensamiento económico. Hoy está muy extendido como método de análisis, tanto en los paÃses socialistas como en los capitalistas.
H.  El debate macroeconómio actual: Nuevos Clásicos versus Nuevos Keynesianos
Ya en las últimas décadas se han asentado dos tradiciones intelectuales en macroeconomÃa. Una cree que los mercados funcionan mejor si no se interviene en ellos los monetaristas, los nuevos clásicos; la otra cree que la intervención del gobierno puede mejorar notablemente el funcionamiento de la economÃa keynesianos, nuevos keynesianos.
El aporte de ambas tradiciones está dado por los refinamientos que vienen haciendo a las bases de la teorÃa económica desarrolladas principalmente por las escuelas clásica, neoclásica y keynesiana, bases que han dado forma al núcleo teórico hoy vigente y a partir del cual los gobiernos fundamentan sus polÃticas económicas. De esta forma, en los años sesenta el debate entre estas dos tradiciones involucraba por un lado a los monetaristas, encabezados por Milton Friedman, y del otro a los seguidores de Keynes, entre ellos Franco Modigliani y James Tobin. Ya en los años setenta, el debate sobre los mismos temas convirtió a los nuevos macroeconomistas clásicos en protagonistas. Esta escuela, que ha mantenido su influencia en los ochenta y noventa, cuenta entre sus lÃderes a Robert Lucas, Thomas Sargent, Robert Barro, Edward Prescott y Neil Wallace, que comparten con Friedman muchos puntos de vista sobre polÃtica económica.
Para ellos, la intervención del gobierno sólo consigue empeorar las cosas. Pero si bien los nuevos clásicos siguen teniendo una gran influencia en la macroeconomÃa actual, en los ochenta surgió una nueva generación de académicos, los nuevos keynesianos, formados en la tradición keynesiana, aunque han ido más allá de la misma. Se destacan en esta corriente George Akerlof, Janet Yellen, Oliver Blanchard, Greg Mankiw, Larry Summers y Ben Bernanke este último hoy mencionado como posible sucesor de Greenspan en el FED. Ellos no creen que los mercados se vacÃen siempre, sino que intentan comprender y explicar exactamente por qué puede ser que esto no ocurra.
Otras divisiones de las Escuelas Económicas
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Escuelas económicas: pueden distinguirse tres grandes divisiones:
A.          LA DOCTRINA INDIVIDUALISTA tiene su más cabal exteriorización en la escuela clásica o liberal, ya analizada, y que, en resumen, sostiene:
- la existencia espontánea de las leyes naturales;
- a vigencia del principio hedónico, según el cual el ser humano trata de proporcionarse el máximo de satisfacción con el mÃnimo de pena;
- la no-intervención del estado.
Sin embargo, entran en esta gran clasificación doctrinas que, aunque respondan a principios diferentes a los enunciados, tienen como base común el respeto a la propiedad privada.
B.          LAS ESCUELAS COLECTIVISTAS coinciden en los siguientes postulados:
- con referencia a la propiedad privada, reclaman su abolición en algunos casos y su restricción, en otros;
- aspiran a que sea más igualitaria la distribución del producto social;
-  desean que la organización económica está basada en la coordinación social de los factores, antes que en la competencia.
El colectivismo comprende: El socialismo, que propugna la abolición de la propiedad privada de los bienes de producción; el comunismo, que desea la propiedad colectiva de todos los bienes, incluidos los de producción y los de consumo; el socialismo agrario, que propone la colectivización de la tierra, pero no de los restantes bienes de capital; el socialismo de cátedra, que busca solo corregir los excesos de la propiedad privada y la libre concurrencia, mediante la acción del gobierno; el socialismo de estado, que asigna a éste la misión de expropiar o incautar la mayorÃa de las empresas privadas y de controlar las restantes.
C.          LAS ESCUELAS ECLÉCTICAS abarcan ciertas formas moderadas del socialismo, entre las cuales se podrÃa considerar el socialismo de cátedra. Además entran en este grupo:
- el cooperativismo, tendencia que propone la unión de los sectores productivos y consumidores, en procura de una repartición más equitativa de la riqueza, en que el capital pierda su tradicional preponderancia;
-  la doctrina de la Iglesia, que inspiradas en las encÃclicas papales, desea atemperar los extremos del capitalismo y da a la caridad y el solidarismo un lugar preponderante en el mejoramiento de las relaciones económicas;
- otras corrientes modernas, como la promovida por la escuela sueca, la economÃa del bienestar, etc.; casi todas ellas pretenden hacer una revisión del capitalismo que excluya sus caracterÃsticas negativas por tal motivo suelen ser designadas doctrinas neocapitalistas.
Citar este texto en formato APA: _______. (2011). WEBSCOLAR. Escuelas del pensamiento económico. https://www.webscolar.com/escuelas-del-pensamiento-economico. Fecha de consulta: 8 de julio de 2026.